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Mario Reguera, un heraldo de la libertad
Por Rosario Alfonso Parodi
Foto: Cortesía del Autor
Mario Reguera fue un hombre valiente, no temerario. Valiente por consecuencia, por necesidad y por deber. Nacido en la Habana Vieja, participó asiduamente en las manifestaciones estudiantiles y revolucionarias, y mantuvo permanente vínculo con toda actividad que se realizara contra la dictadura de Fulgencio Batista.
Participante en el asalto a Radio Reloj; en la huelga del 9 de Abril y en el fallido atentado a Luis Manuel Martínez, uno de los voceros del batistato, Mario Reguera en los meses finales de su vida, permaneció sumido en la más difícil y agobiante persecución. Al morir, el 20 de abril de 1958, tenía solo 22 años de edad.
El joven vivió una época convulsa, vio morir a compañeros queridos, sintió, muchas veces, la estricta disciplina, la incomunicación, el aislamiento, la suerte que corre todo luchador clandestino; se jugóla vida y estuvo casi siempre al borde de la muerte.
Mario era un luchador ecuánime, seguro, que había reconocido la necesidad y el valor de preservar la Causa por la que había muerto José Antonio Echeverría.
El Directorio Revolucionario 13 de Marzo era una organización activa, tenía un historial construido con un cuidadoso apego a la tradición histórica, con fuertes lazos de continuidad de los más puros principios. La Organización, en 1958, ya contaba en su martirologio con una lista encabezada por José Antonio y seguida por Fructuoso. La importancia de dar continuidad al camino que señalaran ambos en su caída heroica, permanecía latente; era la línea-guía de la organización y de sus militantes.
Bajo esa estricta convicción, se cumplía el primer aniversario de la muerte de Fructuoso, Joe, Machadito y Juan Pedro, horriblemente masacrados en la casa de Humboldt 7 el 20 de abril de 1957.
Mario y su compañero del Directorio y amigo, Carlos Figueredo, decidieron conmemorarlo con una acción armada.
Ningún historiador, estudioso o testigo podrá reconstruir lo que representaba para ellos, como símbolo, el primer aniversario de aquel crimen.
Cuba era esquilmada por una sangrienta dictadura. En sus calles se inmolaban día a día lo más puro de la juventud. Mario, al igual que sus compañeros, sentía esa carga de dolor tan profunda ante la injusticia, ante la impunidad de los asesinos.
Recordaba a su amigo Joe Westbrook, a Fructuoso Rodríguez, Secretario general del Directorio Revolucionario, a Juan Pedro y a Machadito, héroes todos de aquella batalla del 13 de Marzo. Conmemorar su muerte, significaba para él llevar a cabo una acción revolucionaria en su nombre y su memoria. Un hombre de la estirpe de Mario Reguera nunca se hubiese permitido hacer menos que lo que hizo.
Hay hombres destinados a morir por una causa: Mario murió por una gran causa.
Se coronaría esa fecha, este domingo aciago en que caería en combate Reguerita, como símbolo de aquella organización gloriosa que fue el Directorio Revolucionario.
Ese 20 de abril, primer aniversario de los sucesos de Humboldt 7, Mario Reguera entregó su vida. Fue abatido por la policía batistiana en un enfrentamiento desigual, sostenido en la calle Infanta.
Carlos Figueredo, quien le acompañara esa tarde, recuerda: “Era un acto riesgoso, una acción peligrosa, pero de ineludible cumplimiento. Fue para nosotros algo espontáneo. Surgido en aquella vorágine imparable de aquellos años tan difíciles.”
“Mario era extraordinario. Estaba dispuesto a cualquier sacrificio, pues sentía un gran compromiso con la lucha, un compromiso que representaba la muerte, la inmolación, el martirio”, recuerda Figueredo.
“Cuando nosotros regresamos en la expedición a Cuba, en el 58, ya él se había tenido que asilar, pues estaba todo muy difícil, un paso en falso y era muerte segura. Él logra asilarse en la embajada de Ecuador; a punto de irse, se entera de que estábamos en La Habana y enseguida se va de la embajada y vuelve a reunirse con nosotros. Esto era una gran demostración de lealtad hacia sus compañeros y con la lucha. Era un acto de coraje desprenderse de la seguridad de una embajada o del exilio y retomar el clandestinaje y la lucha armada. Te costaba la vida, le costó a él la vida.”
Guardan sus compañeros una vívida imagen de Reguerita, muy risueño, con el pelo rizado, alegre. De baja estatura, muy carismático. Nunca hablan de él ni le recuerdan muerto. Todos coinciden en que era un joven culto, un lector voraz, admirador de José Ingenieros.
Su vida es lo que recuerdan: su juventud, su sacrificio, su enorme serenidad ante el peligro, sorprendente para su edad. Era un joven dispuesto, entusiasta, la revolución y su causa siempre le apasionaron profundamente.
No hubo momento de sosiego en su vida, la intensidad de aquella época, de ver morir a sus amigos, compañeros, no le arredraba, sino que le proveía de nuevos estímulos para no permitirse cesar un instante. Sus bríos de luchador le acompañaron en todo momento.
María Josefa Gómez, madre de Mario, guardó siempre la triste imagen de esos días e insistía en la admiración que sintió su hijo hacia José Antonio.
Hoy a nuestra generación le ha correspondido el honor de conmemorar el Aniversario 50 de la epopeya de Palacio y Radio Reloj; el Aniversario 50 de la caída en combate de José
Antonio, Fructuoso, Joe, Machadito y de Mario Reguera.
La Revolución cubana ha tenido grandes próceres, quienes han sido líderes magníficos, revolucionarios cabales, jóvenes íntegros. Ha concebido hombres como José Antonio, para el que ninguna alabanza u homenaje son suficientes.
1er. aniversario de la muerte de Mario Reguera. Abril 20, 1959.
Los héroes de estos 20 de abril, quienes murieron de forma trágica, terrible, fueron jóvenes deseosos de vivir como nosotros; joviales como nosotros; con inquietudes comunes a las nuestras y con una sensibilidad enorme ante la gran tragedia que vivía Cuba durante la dictadura de Batista.
Nuestra generación no puede ver distantes a hombres como Mario Reguera; no puede permitirse ignorar su vida, pues en cada episodio de lucha en los que vivió y fue partícipe, está también narrada, la historia de la Revolución.
El prototipo de revolucionario cabal no es un modelo inalcanzable, es el joven que asume su generación y su vida a plenitud y asume el sacrificio con naturalidad, como un deber común.
La historia de la revolución no es un proceso idílico. Está llena de imperfecciones, de errores, de temores. La grandeza de los hombres que la constituyen radica en encontrar valor suficiente para sobreponerse a sus obstáculos.
Adalberto Pérez, rememora también su amistad con Reguerita.
“Mario era un personaje extraordinario. Yo lo conozco por Guillermo Jiménez, después del 13 de Marzo. Después del atentado a Luis Manuel, él y Jimenitovan para una casa en la playa de Santa Fe. Unos días después voy a visitarlo, llego a las proximidades de la casa y veo un despliegue de la policía, varios carros del SIM. Había tres niños en aquella casa.
“Cuando me voy acercando, me encuentro a Mario, sentado en el portal y en la casa de enfrente la policía registrando. Con gran parsimonia me dice ante mis réplicas: ‘Adalberto, es que este espectáculo no me lo puedo perder, siempre que estoy en una casa y llega la policía, me tengo que ir huyendo. Pasan estas cosas y nunca lo veo.’ Mario tenía nervios de acero.”
Adalberto Pérez, quien fuera también un valioso combatiente clandestino y militante del Directorio Revolucionario, escribió, el 20 de abril de 1959, unas palabras de homenaje a Mario para las páginas del periódico Combate. Resumía con ellas el dolor y la marca imborrable que dejaba la muerte de Reguerita.
Te recuerdo, Mario, pues para nosotros tú no estás muerto. Estamos convencidos que nos acompañas en nuestras acciones diarias.
Nos unían los sacrificios, las tristezas y las alegrías. A diario compartíamos los peligros, continuamente nos enfrentábamos a ellos, sabiendo que al doblar de cualquier esquina podíamos ser asesinados, que al separarnos existía la posibilidad de no volvernos a ver, como al fin ocurrió, pero eso no nos contenía. Estábamos conscientes de la lucha emprendida, de la obligación con Cuba, de la obligación con nosotros mismos.”
Cincuenta años, después estas palabras se reproducen entre los que preservaremos su vigencia. |