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Su pensamiento siempre presente
Por Dayana Rosquete Toledo
Foto: Internet
El 28 de enero los cubanos todos sentirnos orgullo. Nuestra tierra, hace más de cien años, dio vida a un hombre extraordinario: José Martí. No me detendré a expresar adjetivos acerca de este hombre que nos ha legado una vasta obra humanista por excelencia. Les expondré al Martí que me enseñó a amar a mi patria por encima de cualquier ideología o pensamiento político.
Todo cubano desde que empieza su vida escolar conoce a José Martí. Aquel niño que nació en la calle de Paula hijo de Doña Leonor y Mariano Martí crece bajo la humildad y la ternura de su madre mientras su mente adolescente se regocija escuchando a su maestro Rafael María de Mendive.
El ambiente político, en tensión, entre la Metrópoli y la Isla de Cuba resultó propicio para despertar la curiosidad del jovencito quien encuentra deleite en contarle los “secretos” que le revela su maestro, a sus condiscípulos.
Sus ideas políticas no tardaron en aparecer, a los 16 años, surge las primeras muestra de ello cuando publica en los periódicos "El Diablo Cojuelo" y "La Patria Libre" su obra dramática Abdala, a pocos meses después del levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua, el 10 de Octubre de 1868.
Con apenas 17 años, Martí, es condenado a trabajo forzado en las canteras de San Lázaro. El 21 de octubre llega, y cambia su nombre, aquí no será mas José Martí, su nombre pasaría a ser EL PRESO numero 113, quien cargaría desde entonces con grilletes en los pies y una cadena de la cintura a los tobillos, los mismos que le hicieron conocer la injusticia cara a cara.
Comenzaría así una de las etapas más crudas y angustiosas en la vida del Apóstol. Apenas un adolescente y ya tenía que afrontar los rigores de la prisión y los horrores que se vivían en el Presidio Departamental de La Habana.
En esos momentos escribiría: "Mi patria me estrechó en sus brazos, y me besó en la frente y partió de nuevo, señalándome con una mano el espacio y con la otra las canteras".
Allí, desde muy temprano y hasta la caída de la tarde, sometido al rudo trabajo, bajo el calor abrasador y el palo del brigada quien no les permitía tregua, permanecía cada día junto a sus compañeros.
De ahí que el General Máximo Gómez lo definiría posteriormente como un cubano a prueba de grilletes, pues lo había sentido en su carne cuando apenas no tenía ni bigote.
En mi mente no dejan de sonar aquellas palabras del Apóstol al narrar sus experiencias en las Canteras de San Lázaro, cuando decía que el dolor del presidio es el más rudo, el más devastador de los dolores, el que mata la inteligencia y seca el alma, y deja huellas que no se borrarán jamás.
Tras desesperadas gestiones de sus padres Mariano y Leonor, se logra sacarlo del presidio y trasladarlo a la finca El Abra, en la Isla de la Juventud. Allí, pasa cerca dos meses, repone fuerzas y aguarda la salida para España, pues la pena le ha sido conmutada por el destierro y el 15 de Enero de 1871 parte hacia España.
Dos veces será operado de las secuelas que los grilletes dejaron en su cuerpo, pero más difícil es curar los dolores del alma; por lo que dedicará toda su vida, a la acción y la palabra, para que la Patria sane también.
Traductor de varios idiomas, periodista, diplomático, cronista de su época, del pasado y anunciador del futuro Martí conoció, amó y defendió a la que llamó Nuestra América.
Considerado como el mayor escritor del continente, aunque casi no publicó libros Martí ha sido el periodista más leído en la América hispana y, sin proponérselo, el más penetrante y creador de los modernistas.
De su estancia en prisión quedó Martí marcado para siempre: medio ciego, con una lesión inguinal producida por el golpear de la cadena, pero más maduro y fortalecido en sus ideas, convencido de que ya su vida estaba indisolublemente ligada a los destinos de Cuba; de ello había ganado conciencia mucho antes cuando al ser conducido a prisión había escrito:"La patria allí me lleva. Por la patria morir es gozar más."
En la finca, dedicó muchas horas a la lectura y también a redactar las tétricas vivencias de su etapa como presidiario y que más tarde publicó en Madrid con el título de “El Presidio Político en Cuba”.
Y en este texto Martí evoca sus impresiones de la cárcel y se refiere al dolor físico, más lacerante acaso por la imposibilidad del preso 113 de remediar en esos momentos las enfermedades de que allí fueron víctimas, al igual que él, el niño Lino Figueredo, el anciano Nicolás del Castillo o el negro anciano Juan de Dios Socarrás.
“Dolor infinito debía ser el único nombre de estas páginas”, así comienza el texto; luego prosigue “dolor infinito, porque el dolor del presidio es el más rudo, el más devastador de los dolores, el que mata la inteligencia y seca el alma, y deja huellas que no se borrarán jamás”.
Posteriormente es enviado a España, de ahí escribe importantes obras como la de la Bailarina española, que aunque algunos dijeran que era gallega, para Martí era divina.
De su obra política, qué decir, si ya el Comandante en Jefe Fidel Castro lo dijo, Martí llego a ser el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada.
En 1895 regresa a la Isla, para reiniciar la lucha, pero aquel trágico 19 de mayo, justo en Dos Ríos, el Apóstol, con el Sol en la frente como quería, dijo adiós, pero solo fue un adiós físico pues sus ideas siguen en cada una de los combates que libramos los cubanos día a día.
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