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María Luisa Dolz, una educadora habanera

Por Matilde Salas Servando

Junto a la pila bautismal de la iglesia habanera del Espíritu Santo, el presbítero Don José Casado bautizó y puso los santos óleos  a la niña María Luisa Francisca Dolz Arango, quien nació en la capital cubana, el 4 de octubre de 1854.

Procedente de una familia acomodada, no identificada con la política colonial, María Luisa recibió una esmerada educación que completó con el estudio de otras lenguas como el inglés, el  francés y el alemán. Cursó estudios de Magisterio y se destacó como una gran educadora.

Cuando apenas era una adolescente, empezó dar clases en el colegio Nuestra Señora de la Piedad y por su interés en esta labor educativa, obtuvo en 1876 el título de maestra primaria elemental y al año siguiente el de maestra de instrucción primaria superior. 
 
Fue la primera graduada como licenciada en Ciencias Pedagógicas y en el curso siguiente concluyó, con notas de sobresaliente, el doctorado en Ciencias Físico-Matemáticas, para convertirse en la primera cubana que logró esa calificación en la Universidad de La Habana.

Comenzó su labor docente en el colegio habanero Isabel la Católica, que luego compró y le puso su nombre. En esa época este centro fue modelo y guía entre los demás de su tipo en el nivel primario y revolucionó la enseñanza en su época, con la práctica de la Educación Física y juegos corporales para las niñas y adolescentes que ahí estudiaban.

Su escuela se ubicó a la vanguardia entre las de su tipo al sumar otro acontecimiento relevante en su carrera profesional: la introducción a los  estudios de Segunda Enseñanza, con la incorporación de las jóvenes alumnas al Instituto de La Habana en 1886.

María Luisa Dolz Arango luchó arduamente contra la abolición de los castigos corporales que se aplicaban por entonces a las alumnas y fue la primera maestra cubana que alcanzó menciones honoríficas en universidades y academias extranjeras.

La pedagoga puso todo su empeño y amplios conocimientos a lo largo de más de medio siglo, para lograr lo que calificó como una “educación enciclopédica y completa, para la mujer”.

Vale destacar que aunque en su colegio se inculcaba la fe cristiana, no se impartían clases de religión, como era común en las escuelas de la época, pero si se empeñó en que las alumnas que estudiaban en el plantel recibieran conocimientos de idiomas modernos, además de la lengua materna.

Sobre la destacada educadora dijo el patriota cubano Enrique José Varona: A la señorita Dolz no le ha faltado, el estímulo del aprecio público, pero los que la hemos seguido de cerca, en el camino de sus progresos y en el desarrollo perseverante de sus planes, sabemos que el verdadero resorte de su espíritu ha sido su carácter entero, reposado e infatigable.

En la compilación de sus discursos por el final de cada año escolar,  la doctora Dolz Arango expresó: “Enriquezcamos a la mujer con una educación enciclopédica y completa que reasuma el fin primordial y esencial de su existencia, la prepare para la alta misión de que está investida en el hogar, y le proporcione los medios para sobrevivir a las exigencias naturales de la existencia dándole un instrumento hábil y decoroso de librar la vida.” 

Hay que señalar que esta habanera no sólo sobresalió en el campo de la educación, sino que también se destacó como una de las primeras feministas cubanas de su tiempo, pues como señaló el historiador Doctor Fernando Portuondo del Prado, María Luisa Dolz Arango supo poner en alto la justicia de las aspiraciones femeninas a la igualdad jurídica con el hombre.

La notable pedagoga supo ver a tiempo que la mujer debía preparase convenientemente, para poder reclamar ante la sociedad los derechos de igualdad con el hombre, de ahí que según sus palabras, se dedicara a formar “mujeres de acción, sanas, robustas, (y) equilibradas”.

Sus alumnas le rindieron un justo y merecido homenaje, que tuvo por sede la Academia de Ciencias en 1924. Esa fue la última ocasión en que usó de la palabra en público para señalar:

“Pienso que si el cielo me ha otorgado un cerebro que alberga alguna idea, una voluntad que supo encauzarla e impulsarla, y una energía que venció las barreras del camino, esos dones no han sido para mi orgullo ni para mi envanecimiento, sino para que los devolviera en beneficios a la sociedad en que convivo”. 
    

 


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Actualizada: 25 de enero/2008

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