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Un gran líder
Por Dayana Rosquete Toledo
Foto: Internet
"Tu vida tendrá luz plena de mediodía", así vaticinó el general Máximo Gómez a Rubén Martínez Villena cuando con apenas un año ya impresionaba por la mirada inteligente de sus grandes ojos azules.
De esta manera auguró el Generalísimo la nobleza, el talento, la sensibilidad y la grandeza de la obra político, social y literaria que definirían la vida del intelectual cubano.
Rubén Agnelio Martínez Villena, nació el 20 de diciembre de 1899 en Alquízar, perteneciente a la provincia de La Habana y fue una de las figuras más descollantes de la intelectualidad revolucionaria cubana de la década del veinte.
Escritor, abogado de profesión, protagonista de relevantes hechos de la historia nacional, este joven consagró su vida a la causa de los desposeídos, convirtiéndose en líder excepcional de la clase obrera.
Su amigo y compañero de lucha Raúl Roa, lo definió con impresionante exactitud, Villena: "desafió mil veces la muerte y quemó alegremente su vida".
Con talla de genuino conductor y líder revolucionario Rubén Martínez Villena, perteneció a una generación a la que le correspondió continuar las luchas independistas iniciadas aquel 10 de octubre de 1868
Participó en la Protesta de los 13, acción política en la que junto a otros jóvenes intelectuales reveló públicamente turbios negocios de un alto funcionario del gobierno de Machado.
Además, formó parte activa en la creación del Movimiento de Veteranos y Patriotas, junto a su entrañable amigo y camarada de ideas, Julio Antonio Mella, fundó la Universidad Popular José Martí, en noviembre de 1923, y unos meses después, la Liga Antimperialista de Cuba.
Tras el asesinato de Julio Antonio Mella, continuó en su labor revolucionaria organizando sindicatos, predicando la ideología marxista-leninista y con su toga de abogado defendió a los desposeídos y a los dirigentes obreros encarcelados o perseguidos durante la lucha.
Pronto conquistó el afecto de todos los trabajadores y de todo el pueblo en general.
Dejó a un lado la poesía y lejos de todo adorno desplegó una prosa de denuncia candente en los artículos salidos de su pluma, de su lírica Guillen subrayó: “Era un hombre muy conocedor de su oficio, muy exigente en cuanto a la forma y trataba siempre de encontrar la expresión más difícil y al mismo tiempo, espontánea. En general, trabajaba mucho el poema”.
Tras evadir la muerte en varias ocasiones fue organizador de dos importantes huelgas que dieron al traste con el derrocamiento de la tiranía de Machado.
Con sus últimas fuerzas organizó el IV Congreso de Unidad Sindical, cuya realización no llegó a disfrutar, pues el mismo día de su inauguración, Cuba decía adiós a uno de sus grandes patriotas.
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