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París, Mayo de 1968

Por LC

El 22 de marzo un centenar de estudiantes ocupan el edificio administrativo de Nanterre. Desde entonces crece la agitación en ese centro de enseñanza parisino.

Primavera 68
Luz intensa en todos los rincones. Demasiada luz que deshace los muros de la sombra. La ciudad es una selva de colores, de fuego y oro como estandartes sobre el recio tronco de los árboles. Algo va a pasar. Lo saben las estatuas, las sabias nubes, el viento, los gorriones efímeros. Hoy es 21 de marzo. Mañana comienza la primavera.

Dany el Rojo prende la chispa en Nanterre
Un hombre barrigudo habla en la tribuna, bajo el cielo gris del invierno, junto a la piscina de aguas grises. Un hombre gris. Bla bla bla bla. Eh, tú, Missoffe...! Y sigue bla bla bla bla. Cállate de una vez, viejo gordo. El público, un millar de alumnos de la Facultad de Nanterre, abre los ojos así-de-grande. El Secretario de Estado para la Juventud, François Missoffe interrumpe su discurso. Leí tu Libro Blanco sobre la juventud... seiscientas páginas de ineptitud, ni siquiera comentas los problemas sexuales de los estudiantes. El hombre gris cambia de color y su cabeza se transforma en un inmenso e iracundo tomate rojo. Con la cara que usted tiene, responde, no me extraña que tenga problemas de ese tipo, lo mejor que puede hacer es meterse en la piscina para calmar sus ardores. Un millar de bocas grita, patalea, rechifla, abuchea, chilla... Es un lenguaje fascista ¡¡¡Fuera Missoffe!!!

Es enero de 1968. La primavera en París ha empezado. Y no va a parar.

El 22 de marzo un centenar de estudiantes ocupan el edificio administrativo de Nanterre, aprueban un manifiesto y proclaman como su líder a Daniel Cohn-Bendit, Dany el Rojo, el mismo que había increpado al señor Missoffe. Desde entonces crece la agitación en ese centro de enseñanza parisino. Una oleada de mítines, interrupción de cursos y conferencias, carteles políticos, salas ocupadas. Denunciamos el carácter represivo de la enseñanza universitaria, que nos transforma en entes pasivos, en prisioneros del modelo de rentabilidad y eficacia material establecido por el sistema; denunciamos la enajenación que mata todo deseo real y todo el espíritu creador. Tres días después aparece un llamado a ocupar establecimientos oficiales. Alguien reproduce la fórmula de los cocteles Molotov. A solicitud del decano, la policía irrumpe en Nanterre, pero es rechazada por los estudiantes.

Al regreso de las vacaciones de abril, el movimiento continúa sus acciones de protesta y las extiende a la Sorbona. El 3 de mayo los gendarmes penetran en el campus y realizan más de quinientas detenciones. A la salida tienen que enfrentar la resistencia de un grupo de estudiantes. Nos batimos porque rehusamos a convertirnos en: sociólogos fabricantes de slogans para las campañas electorales del gobierno; sicólogos encargados de hacer «funcionar» los «equipos» de trabajadores «según los mejores intereses de los patrones»; científicos cuyas investigaciones serán utilizadas en favor de la economía de ganancia. Rechazamos este futuro de «perros guardianes».

No puede volver a dormir tranquilo aquel que una vez abrió los ojos. Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar. 

La noche de las barricadas
Los choques con la policía no cesan. Cada día, miles de personas marchan por las principales arterias de la ciudad, llegan hasta los Campos Elíseos, cruzan bajo el Arco de Triunfo. ¡¡Abajo la universidad burguesa!! ¡¡Viva la comuna!! La poesía está en la calle. Las proclamas cuestionan a la izquierda tradicional y a sus líderes acomodados, que califican de «pequeño burguesas» a las manifestaciones estudiantiles; además, exigen poner término al genocidio en Viet Nam y apoyan a la naciente Revolución cubana. Sartre, Ernesto Guevara, Marcuse; el arte pop, el happening, los graffittis, la instalación, el collage. Escuela de la calle. Todo es dadá. El arte ha muerto. La revuelta y solamente la revuelta es creadora de luz, y esta luz no puede tomar sino tres caminos: la poesía, la libertad y el amor. La imaginación al poder.

10 de mayo. Más de veinte mil estudiantes ocupan el Barrio Latino. Reclaman la liberación de sus compañeros presos, la reapertura de la Sorbona y el fin de la represión policial. Como en mayo de 1871, se levantan barricadas. Contenedores de basura, automóviles, planchas de acero. Cualquier objeto sirve. La barricada cierra la calle, pero abre el camino. El rector Roche anuncia por la radio que está dispuesto a negociar. Miente. A las 2:15 de la madrugada las fuerzas antimotines atacan. ¡¡¡Te amo!!!, claman los estudiantes, ¡¡¡oh, díganlo con adoquines!!! Un infierno de fuego y humo de las bombas lacrimógenas. Arden varios automóviles. Un infierno de gritos. Arden las barricadas. Correr, correr, pero ¿hacia dónde? Arde la noche parisina. El círculo se cierra sobre la rue Guy Lussac. Los heridos caen por centenares. Cohn-Bendit ordena el repliegue. Al amanecer se rinde la última barricada.

La traición
El movimiento está compuesto por «hijos de burgueses», declara la cúpula del Partido Comunista Francés (PCF), los estudiantes pretenden solo reformas y ninguna solución verdadera. Son «elementos perturbadores y provocadores», asevera la dirigencia de la Central General de Trabajadores, controlada por el PCF. Los «jóvenes iracundos» responden. Decimos no a la revolución con corbata. Contempla tu trabajo: la nada y la tortura forman parte de él.

El 20 de mayo los obreros declaran la huelga general. Piden un aumento de sueldo del 35%, la reducción de la jornada laboral y de la edad de retiro. El paro pone en crisis los servicios de gas, electricidad, transporte, suministro de agua y correos. Cierran las fábricas de la Renault, Peugeot y Citroën. La economía pierde mil millones de dólares semanales.

El gobierno de Charles de Gaulle parece a punto de derrumbarse. La voluntad general contra la voluntad del General. Cien mil personas marchan hacia la Estación de Lyon. Las columnas de manifestantes atraviesan el Barrio Latino, vienen de Montparnasse y de Montmartre. Cruzan el Sena, pasan a raudales frente al monumento de la Bastilla. Algunos líderes estudiantiles aconsejan ocupar todos los edificios oficiales. A pocas cuadras, en el Ministerio de Finanzas, los funcionarios observan aterrados la concentración, escuchan el clamor de la rabia acumulada. La policía tiene órdenes de no intervenir. Una estrella danzante flota en el cielo de París, una estrella terrible nacida del caos. Pero nadie la ve. Nadie se entera. Finalmente los sindicatos deciden retirarse hacia el Barrio Latino. La manifestación concluye. La primavera ha muerto.

El gobierno y los representantes obreros se reúnen tres días más tarde y firman los acuerdos de Grenelle. El presidente De Gaulle disuelve la Asamblea Nacional y convoca a elecciones. Los dirigentes del PCF han soñado largamente con esta oportunidad. Están seguros de que vencerán en las urnas. Cantan victoria... y pierden.

Treinta años después, el viejo Daniel Cohn-Bendit, ahora conocido como Dany el Verde, afirma que las imágenes de Mayo del 68, las batallas campales con la policía, son falsas. La revolución es un fantasma de las sociedades, explica, estas sólo necesitan cambiar. Cohn-Bendit ingresó en el Partido Verde en 1981 y desde 1994 ocupa un escaño en el Parlamento Europeo por Alemania. Es un buen tipo, un poco barrigudo y a ratos gris, pero eso puede perdonársele a un yuppie.

No es cierto. Sólo penumbra y una plaza estéril. Noche perpetua. Algún transeúnte emerge de la nada y al instante se desvanece. En la nada donde nada ocurrirá. Nada. Hoy es 21 de septiembre. Mañana comienza el otoño.  


Manifiesto de 1968 - Universitarios franceses


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Actualizada: 2 de junio/2008

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