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Julio Antonio Mella: el “atleta olímpico de la Revolución”
Por Dayana Rosquete Toledo
Foto: Internet
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…¡Muero por la Revolución!… Con estas frases el mundo decía adiós a uno de sus grandes líderes. Aquel joven atlético, de ideas lucida cuya razón de ser la dedicó a luchar por una causa justa.
¿Su nombre? Julio Antonio Mella. Un ejemplo de coraje y de valor, que no dudo jamás dar su vida por la libertad de su país antes de verlo doblegado a las miserias del enemigo.
En el año 1921 ingresa a la Facultad de Derecho, cita en la histórica Universidad de La Habana, sitio que convirtió en tribuna para denunciar los males a que estaba sometida Cuba.
Allí encontró el calor de la amistad, del amor y de una causa justa. Esta institución, centro del pensamiento de la época, fue caracterizada brillantemente por el destacado intelectual revolucionario Juan Marinello, quien por esos años también formaba parte del alumnado.
“Era esta –indicaba- una universidad atrasada y soñolienta, hija de una realidad nacional que no había roto con los moldes del colonialismo español”.
El trato despótico hacia los alumnos, la carencia de laboratorios e instrumental, la falta de autonomía y el mal uso de los presupuestos asignados, a propósitos bastante escasos, hacen que Mella declare en una entrevista publicada en 1924:
“Contra todo eso nosotros nos erguimos. Estudiantes del siglo XX no pueden ser regidos por principios hechos para seminaristas hace dos siglos”
Sus ideas sobre la función social de la Universidad, las concreta de la siguiente manera:
“… no debe ni puede ser el más alto centro de cultura una simple fábrica de títulos, no es una Universidad latina, una escuela de comercio a donde se va a buscar tan sólo el medio de ganarse la vida; la Universidad Moderna debe influir de manera directa en la vida social, debe señalar las rutas del progreso, debe ocasionar por medio de la acción ese Progreso entre los individuos, debe por medio de sus profesores arrancar los misterios de la ciencia y exponerlos al conocimiento de los humanos”.
A Mella se deben la fundación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), que presidió desde sus inicios; la Liga Antimperialista de Cuba, el primer Partido Comunista en el país, la organización del Primer Congreso Nacional de Estudiantes, la Universidad Popular José Martí y la unión fecunda entre obreros y estudiantes.
México lo acogió en su exilio, pero las huestes de Gerardo Machado pudieron seguir su rastro y cegaron la vida del joven atleta de la Revolución como lo definió Raúl Roa.
Dos balas bastaron para cegar su vida, pero antes de morir acusó a los criminales: “Machado me mandó a matar… Muero por la Revolución… Tina me muero”.
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