|
La Universidad y yo
Por José Luis Aparicio Suárez
Foto: Cortesía del Autor
Mi vida universitaria comenzó en septiembre de 1983 y todavía no ha terminado. Conservo el entusiasmo de entonces, el vínculo con los estudiantes, la audacia, el espíritu joven. Confieso que me cuesta trabajo discernir entre el Rector que soy desde hace cuatro cursos y el Presidente de la FEU que fui entre el ´86 y el ´88, porque quien sintió intensamente la Organización mantiene la constancia, los deseos de transformar, de no quedarse estático, atrás.
Siempre quise ser médico y mi decisión se reafirmó en la medida que comprendí el humanismo de esta carrera, que también fue la del Ernesto Che Guevara. Mucho de lo que soy ahora se lo debo a mis años de estudio y al ejemplo del doctor Serafín Ruiz, Rector del Instituto desde 1977 hasta el 1991, cuando falleció.
Era un excelente profesional y muy buena persona: Doctor en Ciencias, Profesor Titular, de Mérito, un paradigma para sus alumnos y colegas. Me sentaba en su oficina a despachar asuntos estudiantiles y ahora ocupo su asiento. ¡Quién me lo iba a decir!
Ojalá todos nos pareciéramos a él, reunía humildad y grandeza. Jamás tuve problemas con él, lograr su apoyo era más fácil que con algunos de sus subordinados.
En cierta ocasión no teníamos estímulos para la emulación en la beca. Le sugerí al profesor Serafín que comentara en el Consejo de Dirección que estaba dispuesto a entregarnos el televisor de su oficina, así de seguro aparecerían otras donaciones. Él lo aceptó y en efecto los vicerrectores y otros directivos nos cedieron un ventilador, un radio, entre otros objetos, para reconocer a los cuartos más destacados.
Fidel le tenía mucha consideración. Serafín antes del triunfo de la Revolución había sido médico en Cienfuegos, por su apoyo al Movimiento 26 de Julio tuvo que alzarse. Formó parte de la columna del Che y a propuesta de él lo nombraron Ministro de Salud. Fue el segundo que se desempeñó en esas funciones después de enero del ´59.
En el plenario del III Congreso de la FEU intercambié con el Comandante sobre el atraso constructivo del Hospital Provincial Arnaldo Milián Castro, de Santa Clara. En aquel momento hacíamos rotaciones por las salas del Hospital viejo, dos y hasta más estudiantes por cama. Fidel le pidió explicaciones al Rector, pero al ver que se trataba de Serafín, solo le reprochó que no se hubiera comunicado antes con él para alertarle. Nuestra demanda agilizó la terminación de la obra que llevaba más de 10 años en ejecución.
Cuando me gradué comenzaba el movimiento de excepcional rendimiento, hoy Mario Muñoz Monroy. Ante la necesidad de hematólogos, opté por esa especialidad. El 10 de julio de 2000, nuestro equipo multidisciplinario de trabajo, introdujo el trasplante de médula en el Hospital Universitario Milián Castro; esto coincidió con el anuncio de la sede del 26 para Villa Clara. El pueblo estaba de fiesta. Nosotros sumamos otro motivo de alegría, la operación fue exitosa.
Ya hemos hecho 24 con iguales resultados y esperamos no seguir siendo los únicos que las realizamos fuera de la capital. También logramos que se impartiera la especialidad de Hematología en nuestro territorio.
Mantengo una premisa que apliqué en mi aula universitaria: no faltar a las actividades docentes, salvo situaciones excepcionales y quitarle horas a la madrugada para superarme o trabajar. En verdad duermo poco y muchas veces escribo los discursos de las graduaciones o artículos científicos, contrarreloj.
Quisiera dejar una huella en mis alumnos, influir con pertinente orientación sobre ellos, desde el ejemplo, con una participación activa, no importa que en ocasiones tengamos contradicciones porque ellas generan el desarrollo. Funcionamos como una familia, en la que los problemas son de todos y también el entusiasmo. Sueño con ver a mis hijos como miembros de la histórica Federación Estudiantil Universitaria.
Doctor en Medicina, especialista de segundo grado en Hematología, profesor universitario y Rector del Instituto de Ciencias Médicas Serafín Ruiz de Zárate, de Villa Clara.
|