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El periodismo cubano a propósito de los jóvenes 

¿Existe un periodismo exclusivo para el público juvenil?
¿Quiénes son los jóvenes cubanos, que no son un arquetipo homogéneo?
¿Qué influencias inciden sobre ellos para bien o para mal?
¿En qué mundo están situados?

Estas son solo algunas de las preguntas que varios protagonistas de la prensa intentaron responder en un debate sobre los rumbos del periodismo de cara a la juventud.

Los panelista y el auditorio acudían a una convocatoria de la revista Alma Mater, en ocasión de su aniversario 85. Fue el bautizo del Taller Alma Joven (21 y 22 de junio de 2007), un espacio  de diálogo y crecimiento profesional.

Para salvar la memoria e impulsar nuevas y urgentes polémicas, llegan a estas páginas los ecos de aquel encuentro en las voces de los periodistas José Alejandro Rodríguez y Mileida Menéndez y Amaury del Valle, todos de Juventud Rebelde, Yosley Carrero, del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, Paquita de Armas, del Caimán Barbudo. Michel Hernández, de Granma, Ana Teresa Badía, de Radio Rebelde, el también profesor Jesús Arencibia y los directores de las revistas Caimán Barbudo y Juventud Técnica, Fidel Díaz e Iramis Alonso, respectivamente.

¿Escribir pepillo?
José Alejandro Rodríguez: Es un desafío escribir para jóvenes hoy, porque lo primero es que la lectura en general, ha perdido la fuerza en la vida social, a pesar de que nosotros podemos decir y vanagloriarnos que somos un país que defiende la lectura a capa y espada. Pero entre el deber ser y el ser siempre hay que tener la lucidez para no confundir los deseos con las realidades.

Estamos en un mundo audiovisual en el cual nuestros jóvenes están asediados e incitados, -incluso en la parte de su hemisferio más instintiva, más sensorial-, por influencias comunicativas muy fuertes en las cuales se utilizan todo un artilugio de tecnologías atractivas, dinámicas. No hay aduana mental ni ideológica que pueda frenar eso. El papel de nosotros como periodistas revolucionarios es tratar de ver cómo atrapamos a esos posibles lectores jóvenes para llamarlos a nuestros mensajes.

En este contexto, en el que la lectura ha perdido fuerza, en un mundo globalizado del que Cuba a pesar de todo, no está sustraída; no podemos ni un solo día dejar de pensar en esto y prepararnos más.

¿Qué es escribir para los jóvenes?  Lenguaje juvenil, melcochita… En mi época se decía tienen que escribir «pepillo» y ahora hay que escribir con «swing». Me parece tan tonto eso, porque lo que hay es que escribir con imaginación, con belleza, con propiedad, sugiriendo más que evidenciando.

Ana Teresa Badía: Este no es un problema exclusivo de nuestro país, sino que es una problemática a nivel mundial. La producción para niños y jóvenes, cómo se hace el periodismo para ellos y también el resto de los programas televisivos y radiales, están ocupando hoy  los espacios científicos de muchísimos teóricos de la Comunicación y del Periodismo,  porque hay algo desde donde hay que partir: los medios de comunicación son la voz y el reflejo de las sociedades. 

No podemos pretender seguir haciendo el mismo periodismo, la misma comunicación de hace 20 ó 30 años atrás. La sociedad ha evolucionado y lamentablemente muchos medios de comunicación han quedado estáticos ante esos cambios. Cada tiempo, cada edad tiene sus características.

Según encuestas la audiencia juvenil de los informativos es muy escasa. Ese es uno de los retos que debemos enfrentar, ganarnos a ese público. En ello pueden influir muchos factores, desde el periodismo que hacemos, porque no creamos un producto suficientemente elaborado o a veces hemos perdido, como dice García Márquez, la capacidad de emocionarnos y de sorprender. Esto está muy asociado también al asunto de la crítica, que hay que practicar si queremos rescatar a los niños y a los jóvenes, si queremos hacer buen periodismo.

Mileida Menéndez: Yo pienso que lo único que hay que hacer para escribir para los jóvenes, o sea para parecernos a ellos es preguntarles a ellos que es lo que quieren, porque nosotros a veces no volvemos locos y no le preguntamos directamente a los jóvenes. Si nosotros queremos hacer el periodismo para ellos, porque no hacerlo con ellos.

Lo único malo que le oigo a los jóvenes, por ejemplo es el caso de Alma Mater y el Caimán Barbudo, es que es mucho texto, y ellos tienen que leerse una cantidad de cosas, que entonces cuando tienen delante una revista donde se suponen que van a tirar el cable para despejar no pueden porque es mucho contenido.

Fidel Díaz: Nos han hecho muchos cuentos y no estoy hablando solo de la guerra, estoy hablando de las campañas mediáticas que son de las que más controlan. Nos quieren hacer creer que lo que está de moda es lo breve, lo ligero. Yo creo que no hay textos largos ni cortos. Cualquier ley en comunicación que se generaliza es una tontería. Cada publicación tiene sus características, no es lo mismo un trabajo que uno escribe para la revista Temas que para el Caimán o para La Jiribilla. Tampoco soy partidario de que los textos de Internet sean cortos como regla, también depende del sitio, porque se puede aprovechar para socializar artículos de fondo, extensos, aunque intensos.

En el mundo de jóvenes ya no hay tiempo para leer. A mí me parece que esa es una mentira que han impuesto los grandes medios, que son cada vez más poderosos, y nos venden sus códigos contra los cuales tenemos que luchar. Hay que tomar como punto de análisis las características de cada lugar y darle la extensión necesaria para lo que uno quiere decir. A los medios masivos de la sociedad de consumo les interesan las cosas breves, las que no hagan pensar a la gente, para que el mundo sea así, a su manera, a su diseño.

Iramis Alonso: No podemos escribir con “ñoñería” para los jóvenes. Hay que usar las palabras que correspondan y enriquecer nuestro lenguaje. No podemos narrarles lo evidente con las palabras que oyen todos los días. Nosotros tenemos que buscar otros modos creativos de decir.

Desde el punto de vista de la visualidad nuestros medios tienen que transmitir una imagen distinta a la que presentamos. El público juvenil necesita otro tipo de diseño. Tú lo atrapas con una gráfica, un título y una manera de contar las cosas, atractivos. Claro que no nos quieren leer, con lo mal que escribimos y la poca diversidad que le ofrecemos. Eso es lo que pasa.

Tampoco podemos generalizar, ni segmentar la realidad  y nosotros tenemos una tendencia a decir, “esto es ciencia, esto es arte, esto economía, y esto es política”.  Generalizar nos hace daño, pero segmentar demasiado también.

Yosley Carrero: En las redacciones los periodistas suelen dividir el trabajo por sectores, de esta manera lograrían supuestamente mayor especialización en el tema y un producto comunicativo de alta valía. Pero esta segmentación de los campos de conocimiento puede reservar también ciertas trampas en cuanto a los niveles de compromisos acomodados del periodista con la fuente. 

Todos los meses los profesionales de la prensa se reúnen con los directores y comunicadores institucionales para recibir las notas o prioridades informativas de cada ministerio u organización, habría que preguntarse  hasta qué punto se pierde el sentido crítico del trabajo de un sector que  pudiera encargarse en ocasiones de ponerle hasta la transportación del equipo de prensa.

Lo que está en juego es la credibilidad de la prensa cubana y el ejercicio del derecho ciudadano, por eso lo que en franca alusión al sistema de medios en Cuba, pudiera llamarse “y sin embargo, funciona”, tiene un aire un poco más optimista con la popular frase del repertorio tradicional infantil, “al ánimo, al ánimo la fuente se rompió”. En todo caso está bien claro lo que urge hacer, mandarla a componer, esperamos que sea más temprano que tarde.  

De qué estamos hablando…
Amaury del Valle: No es el reflejo de la vida joven de lo que estamos hablando sino de la construcción real y concreta de la política editorial en periódicos, revistas, radio y televisión e incluso en el ciber espacio que muchas veces pretende dibujar una sociedad inmaculadamente ideal y no la Cuba contradictoria que ven todos los días los jóvenes en las colas o en el parque oscuro donde hacen el amor apurados ante la falta de posadas.

Es imposible escribir para jóvenes sin reflejar los temas candentes y polémicos de nuestra sociedad, sin cuestionarnos sus áreas grises o las zonas de apagón. No basta como algunos idílicamente creen que escribir sobre los trabajadores sociales, la municipalización o los joven club, por citar algunos ejemplos, estamos dando cuentas del mundo joven.

El último censo nacional indica que el 70 por ciento de los cubanos nació con la Revolución y por ende no conoce qué es el capitalismo y han vivido siempre bajo el bloqueo. Esta dato pudiera bastar para cerrar el debate de si escribimos para jóvenes o para un público amplio y pudiera bastar porque para mi entender la juventud no se puede medir solo por edades, sino por épocas históricas y desde ese punto de vista buena parte de los cubanos hoy somos jóvenes.

Paquita de Armas: Es un error hablar de universo juvenil y de publicaciones para jóvenes y englobar el universo juvenil en un todo. ¿Acaso los rockeros piensan igual que los trovadores, o los jóvenes que viven en la Sierra Maestra, piensan igual que los que residen en otro lugar?

¿Acaso los que tienen 30 años tienen los mismos intereses que los de 14?
Entonces hay que romper ese concepto de generalizar. Las generalizaciones en Sociología, en investigaciones y en Periodismo llevan el error al tratar de escribir. Ese público general no existe, hay tantos públicos como grupos en una sociedad (por edades, profesiones, sitio de residencia).

Yo me pregunto si hay alguien en el mundo que sepa qué significa escribir para jóvenes. Yo apuesto por la diversidad, pero ¿con un lenguaje como para que me entienda todo el mundo, utilizando o no términos técnicos? El problema es tratar de escribir bien.

Se ha dicho que no hay interés por lo político, según encuestas realizadas. Me pregunto, en qué términos estamos hablando de lo político. Acaso solo pensamos que lo político guarda relación con el Partido, con las estructuras del poder, del poder popular, o del Marxismo. Acaso para las nuevas generaciones no es más importante que eso, su vida cotidiana y sus discusiones intergeneracionales con sus mayores y con la gente que les rodean.

Me parece que en los términos que se utilizan con la política, hay que tener en cuenta que en el 2007 no es igual que en el 60, que en el 80 o en el 90. En un problema social serio que un joven enfrente, ahí hay un interés político, aunque no nombre esa palabra, ni aparentemente le interese averiguar si es o no político lo que hace. Creo que sí hay interés por lo político, pero no de la manera tradicional en que lo hemos asumido.  

Jesús Arencibia: Creo que el joven es un pretexto más que nos hemos buscado para hablar de periodismo, porque el periodismo siempre que se hace bien es joven. Entonces alguien como Pepe Alejandro, no porque está aquí va a estar escribiendo en lenguaje joven y en periodismo joven, siempre y hay quienes aún cuando tengan la edad de nosotros o menos que nosotros están escribiendo como momias. El problema es que hay una necesidad en el país de debates sobre el periodismo, no sobre periodismo joven o los jóvenes y los medios, sino sobre periodismo, porque el buen hacer de la prensa a pesar de los festivales, a pesar de los debates en los medios, en la facultad, sigue teniendo muchos problemas.

Vamos un poquito atrás. En el año 89- también hora crucial del periodismo cubano- hay un artículo donde se decían algunas cuestiones que son totalmente vigentes: espacios de vacío en la prensa, secreto total con algunos temas que no tienen porque ser secretos, falta de respeto al público… Por ejemplo pasó una polémica en el país (enero de 2007) que fue fuerte con toda la cuestión del Pavonado y la salida pública de aquellos censores de un momento. ¿Qué publicaron los medios al respecto? Nada, una nota escueta de la UNEAC, después Casa sacó las conferencias de Ambrosio Fornés, la de Eduardo Heras y todas las que les siguieron. Pero el público, mi abuelo que está allá en Bahía Honda, cómo se entera de eso, cómo sabe lo que está pasando si no es a través de los medios que recibe. Acaso ese público no tiene que enterarse de esa polémica que se quedó solo en un sector.

Quizás no soy el más indicado por lo joven, pero creo que nos falta mucha rebeldía a los periodistas y mucha unidad en función de esa rebeldía, mucha unidad de nosotros y la cultura del debate de la cual debatimos muchísimo, hay que llevarla a la práctica y hay que hacer que los decidores al final le den el espacio que lleva.

Yosley Carrero: El periodismo en todo caso es una recreación de la realidad y el periodista no tiene la verdad absoluta ni mucho menos la necesidad de ser representativo u ofrecer conclusiones, soluciones al problema.  

El reportero tiene que ser creíble a través de su desempeño profesional. Su objeto social es mediar entre la realidad y el público y basta con la identificación del espectador con la historia que se narra, para lograr la validez del discurso periodístico.

Podríamos pensar en ese discurso de la realidad donde pueden caer en no pocos casos, asuntos intrascendentes, incapaces de motivar al televidente para que se mueva de la cocina a la sala de su casa, porque encuentra raramente incentivos en la pequeña pantalla,  que es el medio que me ocupa.

El periodista a veces asume el lenguaje de la fuente. Transforma su discurso desde la mirada de un funcionario público o de un dirigente de alguna organización  política o de masas. No es que tenga algo en contra de la función de los diferentes autores sociales, sino que el profesional de la prensa está para decir las cosas de una manera diferente, tomando en cuenta la dimensión social de una labor que hasta ahora, a mi juicio se realiza a medias: reproducir informes atiborrado de cifras pudiera estar bien para un económico, hablar de la cosmovisión de la teoría del caos funciona para un físico, rematar con una consigna o una frase patriótica es correcto de acuerdo con las exigencias es otro tipo de discurso, pero no del periodístico.

Abundan las informaciones con olor a crónica o a seudo poesía, donde un simple periodista, -lo somos todos-, se atribuye el derecho a felicitar a trabajadores de comunales, la ciencia o la cultura en su día. Olvida la diferencia entre expresar, destacar, insistir o confesar, porque cada término realmente tiene un valor semántico y la fuente –siempre esperemos eso-, hace algo más que expresar o decir verbos vagos.

El colmo parece ser lo del reportaje donde es casi imposible dar matices, donde se obvia  la contraposición o confirmación de fuentes. ¿Es imposible contraponer la visión del director de la panadería con la de la gente que consume  un pan mal elaborado? ¿Por qué varios especialistas cubanos no pueden ofrecer visiones diferentes de un tema tan polémico como los alimentos trangénicos o los usos del noni?

Las respuestas pudieran ser: que es necesario dar una sola visión la de Comercio o Gastronomía o la del Ministerio de Ciencias Tecnología y Medio Ambiente (CITMA).

No conviene o no se puede permitir la crítica social en la esfera pública porque los enemigos internos y externos de la Revolución podrían aprovecharse con fines propagandísticos y/o porque el conocimiento de ciertas verdades, dificultades y defectos de la realidad social, podría desorientar, confundir al pueblo que aún no tiene preparación necesaria para asimilarlas.

Entonces la función del periodista  como intelectual en la esfera pública se ve limitada, al menos si asociamos esta categoría a la producción de ideología, de acuerdo con la teoría de Antonio Grasci.

Los cinturones bien puestos
José Alejandro Rodríguez: Es verdad que la visión de casi todo es más fresca en la juventud, pero cuidado hay muchos jóvenes que están viejos hace rato.

Juventud Rebelde ha debido para rescatar al lector como un agente activo, ir un poco contra la tendencia del periodismo cubano de tanto años, de una unidireccionalidad en el mensaje, desde el yo solamente -yo soy el que sé, yo soy el preparado ideológicamente...-, como si las personas fueran pichones y estuvieran esperando la orientación. Eso nos ha hecho un daño muy grande para el desarrollo de la ideología y del pensamiento. Nunca como hoy el pensamiento revolucionario cubano necesita creación, debate, análisis.

El modelo unidireccional de la comunicación nos lleva a una paradoja, se contradice con esa persona que enseñaste a pensar, que tiene una preparación, una alta cultura, como resultado de la revolución  educacional que vive el país. El periodismo tiene una misión ideológica importante, pero hay que hacerla, con altura, con vuelo, con ingenio, con creatividad, con pasión, con inteligencia, con valentía, con cinturones bien puestos…

Michel Hernández: La crítica es ante todo revolucionaria y si el periodismo no tiene crítica para mí verdaderamente no es un periodismo revolucionario, es hacer un periodismo contrarrevolucionario. Pienso que hay que desligarse un poco de los estereotipos que tenemos inoculados a la hora de escribir.

Criticamos mucho a los medios, a sus políticas editoriales, pero también tenemos que criticarnos a nosotros como jóvenes, porque hay que saber si verdaderamente los jóvenes tienen el interés de cambiar el periodismo cubano. Yo creo que la mayoría no tienen ese interés. Este debate también pueda ayudar a que nosotros nos miremos desde adentro y descubrir si realmente tenemos la intención de hacer algo diferente.

Amaury del Valle: Hoy reflejar el mundo de los jóvenes pasa por el dilema de no tener sangre joven en los medios, sin que esto desmerite la importancia de la experiencia de la cual además me confieso admirador o que en ocasiones, le falte el ímpetu sobre todo porque está viciada por un tipo de periodismo anquilosado y fundamentalmente institucional y que al mezclarse con gente joven opta por dos caminos: por aprovechar los deseos de hacer y combinarlos con el saber ya experimentado si es inteligente o si ya está derrotada, por convencer a esos jóvenes que entran de que todo esfuerzo es inútil, si total nada va a cambiar.

Es necesario y hay que estimular los deseos de hacer contra corriente de unos pocos que a veces arrastran a otros, convencidos de que la Revolución es más grande porque es capaz de exponer sin rubor sus manchas y explicar también el por qué. Para hacer un periodismo para los jóvenes hay que hacer ante todo periodismo joven aunque para ello requiramos –y cito a Sesikin- tener cabeza fría y sobre todo corazón caliente.


circulo rojo CONVOCATORIA AL II TALLER NACIONAL DE PERIODISMO


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Actualizada: 3 de abril/2008

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