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La primera vez 

Por Tamara Roselló Reina
Foto: Tomada de Internet

 

Angola, tan lejos. Los rigores de otra cultura, de una geografía desconocida, sin la familia y los amigos de siempre. Larga ausencia de casa por primera vez. Una bala enemiga, una emboscada. Las mujeres parecen menos presumidas que los hombres, casi siempre andan des-calzas y sostienen sobre sus cabezas pesadas cargas.
 
Angola, tan cerca. Llueve y hace calor, mucho calor. Los niños vienen con flores en las manos para sus nuevas maestras. Agostinho Neto es el alma de la Revolución. El primero de mayo desfilan los trabajadores por las avenidas. Al sur la resistencia popular frena a las tropas del opositor Jonas Sabimbi.

Cubanos de varias profesiones prestan su apoyo al pueblo angolano: constructores, agrónomos, militares. Otros comparten su experiencia en los campos de la salud, la industria, el comercio, el transporte, la educación… La distancia parece acortarse.

Somos los maestros
«Ayer di mi primera clase, todo salió mejor de lo que pensaba. No me puse nerviosa. En las tardes tengo cuatro grupos de séptimo grado. Por las mañanas voy a la escuela a  prepararme junto con el coordinador de Historia. También estamos recibiendo dos horas de portugués. Los alumnos hasta ahora son buenos, aunque dicen los profesores angolanos que son muy indisciplinados, solo espero que sigan como van».

Modesta «rompió el hielo» en abril de 1978, en un aula de la provincia de Malange. Apenas tenía 19 años cuando aceptó ingresar al Destacamento Pedagógico Internacionalista Che Guevara. La convocatoria la hizo Fidel durante el acto de inicio de ese mismo curso.

Según los pronósticos oficiales, la enseñanza en aquella nación tendría matriculados a un millón de alumnos (el doble de lo registrado en 1974), y los profesores no darían abasto. «Necesitamos de ustedes en todos los órdenes; ayer, en el combate; hoy, con la ayuda técnica y directa en las aulas secundarias», aseguraba el entonces viceministro angolano de Educación, Artur Pestana. 

Universitarios de los Institutos Superiores Pedagógicos (ISP) dieron su disposición para hacer un alto en sus estudios y ayudar a la formación de otros jóvenes. El 9 de marzo del ´78, Fidel despidió a los primeros 732 maestros, que permanecerían durante un año en las capitales de provincias angolanas.

A su regreso a La Habana, Modesta coincidió con su amiga de la licenciatura en Historia, a la que le escribió para contarle de sus pasos iniciales en el ejercicio del magisterio. Ahora era Juanita, como parte del II Destacamento, quien iría por dos años a la tierra africana.

Destino Cabinda
Cabinda está de Luanda, la capital, a 40 minutos en un vuelo de avión. Tiene salida al océano Atlántico por el oeste. Ahí nacen las olas que bañan sus playas de arenas negras. Un nuevo grupo de maestros empieza a descubrir esta provincia angolana y las tradiciones de su gente. «Fuimos a ver el carnaval de la victoria. Es impresionante cómo hacen esta fiesta sin ningún recurso. Se adornan con arecas, hierbas secas, sacos».

Hay que tener vocación para llevar un diario. A veces cuesta trabajo discernir qué es lo más importante. Pero Juanita se empeña en contar los detalles de las jornadas en Cabinda. Pronto a ella misma la harían responsable de actualizar las memorias de todo el Destacamento Pedagógico. Cada noche antes de que la venza el sueño vive por segunda vez su día.

«Un grupito de niños viene por aquí a diario para conversar. Me dicen Joana (…) Al comedor vamos por lo regular tres personas o más, es una medida de seguridad. Hoy declararon situación de alerta, por las operaciones militares».

Son 17 jóvenes los que apoyarán la enseñanza secundaria en Cabinda entre el 1979 y 1981. En la escuela acondicionan los locales para sus clases. Los colegas angolanos los recibieron con entusiasmo. Estos cubanos son una inyección revitalizadora para el sistema educacional. Sus iniciativas cautivan a estudiantes y profesores.

«Hemos creado una nueva asignatura Producción Educativa, para estimular en los alumnos el amor al trabajo y a la escuela. Se imparte los sábados en la mañana. También hacemos Círculos de Interés de Monitores».

Estas fueron algunas de las novedades incluidas en una de las ediciones mensuales de un boletín que enviaban a sus familiares en la Isla. Pero no fue ese su único medio de comunicación. En las tardes salía al aire un programa radial por las ondas de una emisora local. Los ganadores de la emulación, los cumpleaños, las conmemoraciones históricas, los festejos, las visitas a Unidades Militares, todo podía reseñarse o anunciarse en esos espacios. 

Por primera vez eran los maestros y el aula, la docencia, su centro. Casi 10 grupos para atender, un idioma que practicar, controles metodológicos, la salud propia y la de los demás… Sin embargo, la vitalidad estudiantil no se cambia al asumir tantas responsabilidades. Siempre hay tiempo para el entretenimiento. Lo mismo aparecía un juego de damas, de barajas o de dominó, que planificaban un maratón deportivo, un festival cultural o una competencia «Para Bailar». Entre ellos el «gorrión» no tenía lugar.

Cartas son cartas
Las cartas iban  y venían de Cuba a Angola, de Angola a Cuba. Eran un breviario con los sucesos recientes más significativos. De una parte, los consejos y las preocupaciones de los familiares; de la otra, las anécdotas y las añoranzas de aquellos muchachos que contaban de puño y letra, su proeza cotidiana.

A la vuelta de correo llegaban recuentos no solo de los asuntos puramente familiares. Algunos recibían revistas como Bohemia, Somos Jóvenes y Mujeres. Otras misivas venían acompañadas de recortes de informaciones publicadas en los diarios cubanos. La muerte de Celia Sánchez, la Embajada del Perú, el Mariel, los que se fueron, los que se quedaron… Tamayo en el cosmos, la solidaridad con Vietnam y con el Frente Sandinista, en Nicaragua. Siempre surgía una demanda más: ¿cómo está el equipo de Las Villas en el campeonato y los preparativos para las Olimpiadas?

Cualquier pincelada podría tranquilizar o inquietar a los que seguían a través de la prensa la situación política en Angola: la muerte del presidente Neto, en septiembre del ´79, los constantes ataques sudafricanos… «Se han llevado a muchísimos alumnos nuestros para la tropa, como dicen ellos, que no es más que el servicio militar, incluso a mujeres. Van en su mayoría para el sur a reforzar las FAPLA, que son las que se están enfrentando casi constantemente a invasiones enemigas».

«Ayer comenzaron a llegar a la provincia los primeros alumnos que fueron a estudiar a Cuba. Pasarán sus vacaciones después de tres años sin venir. Yo quisiera que los vieras paseándose por la ciudad con el uniforme, van orgullosos. Todos se fueron niños y han regresado hombres y mujeres, fuertes y con otro aire. Parecen más cubanos que angolanos, hasta hablan mejor el español que el portugués (…)».

Treinta años después
Angola está en el recuerdo. La misión cumplida, una experiencia laboral inigualable, los compañeros de estudio, devenidos amigos, hermanos. Tenían 21 años cuando regresaron a sus casas. Luego solo una vez tuvieron noticias de aquellos niños y jóvenes a los que educaron cuando eran apenas unos «pichones» de maestros. Poco después los que vinieron a continuar estudios en Cuba les hicieron la visita. ¿Qué serán hoy? ¿Cuántos habrán caído en la guerra junto a los combatientes cubanos?

Mi mamá, Juanita, guarda toda la correspondencia que envió y leyó en Cabinda. Postales con paisajes de esa geografía, fotos en blanco y negro, sobres raídos por el tiempo. Y el recorte del periódico Escambray por el que conoció sobre la inauguración del conjunto escultórico de la Plaza de la Revolución, en Sancti Spíritus. En la obra el ilustre mambí Serafín Sánchez alfabetiza a un esclavo angolano.

Angola tan lejos y tan cerca. Un baúl de recuerdos, una boina negra con una estrella guerrillera, las anécdotas que vuelven, los miedos que no se contaron, los amores cobardes y los que germinaron, e incluso, los hijos, que vinimos de allá para evocar la nostalgia y el orgullo de la primera vez, en Angola.


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Actualizada: 27 de junio/2008

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