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Escribir a mano

Por Yuris Nórido
Fotos: Internet

Escribir a mano

Ayer intenté escribir esta columna a mano y no pude pasar del primer párrafo. A los cuarenta minutos, molesto y frustrado, abandoné el empeño. Y eso que tenía el título: El sutil encanto de escribir a mano.

Cogí lápiz y papel y escribí: «Hoy estoy haciendo un experimento, por primera vez en unos cuantos años estoy escribiendo un artículo periodístico a mano». Y ahí me quedé. Taché y comencé de nuevo: «Yo antes escribía todos mis artículos a mano. Después cogía el borrador y me iba a teclearlos en la máquina de escribir o en la computadora (si es que tenía la suerte de encontrar una computadora, que cuando aquello no era fácil)». Y ahí me volví a trabar.

Taché y comencé otra vez: «Hoy estoy haciendo un experimento: estoy escribiendo esta columna a mano». No me gustó. Estrujé la hoja y la boté en el cesto. Cogí otra hoja, le afilé la punta al lápiz y volví a la carga: «Revisando entre papeles viejos me encontré un manuscrito mío de hace como diez años: era un reportaje bastante largo que pretendía publicar en el periódico Trabajadores».

Lo taché todo. Comencé otra vez: «El otro día descubrí un viejo manuscrito mío, un reportaje lleno de tachaduras que nunca llegué a publicar en el periódico Trabajadores». Ahí lo dejé. Me puse a dar vueltas por la casa. Estrujé la hoja y la boté en el cesto. Cogí una libreta nueva y una goma de borrar. Escribí: «¿Por qué me cuesta ahora tanto trabajo escribir una simple crónica a mano si antes escribía entrevistas completas? Y en letra corrida. Es más, si no las escribía primero a mano no estaba tranquilo porque le tenía cierto respeto al teclado de una máquina de escribir». Creí que por fin había roto el hielo y puse punto y aparte. Y ahí me quedé.

Al rato pasé la hoja. Escribí: «Eso de escribir una novela completa a mano debió haber sido una empresa heroica. Tiene que seguir siéndolo, porque a estas alturas todavía hay escritores que lo hacen. Mis respetos, porque aquí estoy yo tratando de escribir a mano una simple crónica y estas son las horas en que no lo logro». Punto y aparte. Me volví a encasquillar.

Escribir en computadora

Decidí ir a comprar un mango al timbiriche de la esquina, para hacerme un batido. Me lo hice, me lo tomé y volvía a sentarme a la mesa, frente a la libreta abierta. Arranqué las dos hojas escritas, las boté en el cesto y comencé de nuevo: «Ya lo sospechaba, pero hoy acabo de convencerme: me cuesta muchísimo trabajo escribir un artículo a mano. Sin computadora ya no valgo dos centavos…» Me quedé otra vez en blanco, cerré la libreta y me dije: está bueno ya, qué demonios hago yo escribiendo un artículo a mano si puedo escribirlo en la computadora. De todas maneras me fui a dar una vuelta, para despejar.

Esta mañana fui al cesto de la basura, rescaté las hojas, las puse en la mesita de la computadora y transcribí la columna de un tirón, como pueden ver. Después de todo escribir a mano tiene su encanto. Y para estar fuera de práctica no me ha salido del todo mal.

 


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Actualizada: 6 de junio/2008

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