|
Memorias de un destacamento pedagógico
Por Lino Borroto López
Foto: Tomada de Internet
Corría el año 1979, unos meses antes en la euforia de los cubanos por el cumplimiento de misiones internaciona-listas, comenzaba el montaje de lo que muy poco tiempo después devendría en leyenda: El Destacamento Pedagógico Internacionalista Ernesto "Che" Guevara.
Desde 1976, el país se había dispuesto a la ayuda internacionalista en la República Popular de Angola. Hombres y mujeres de distintas profesiones combatían, de forma voluntaria, en el país africano, con el fin de preservar la independencia alcanzada por el MPLA.
Sin embargo, de lo que ahora se trataba, no tenia nada que ver con una operación militar, y en el marco de una cruenta guerra entre tendencias internas en la nación angolana, apoyadas (las fuerzas de la reacción) por los intereses imperialistas, un contingente de jóvenes de tercer año de los Institutos Superiores Pedagógicos cubanos, iniciarían su práctica pre-profesional como profesores de distintas materias en la educación media en la hermana nación.
Había que salvar barreras: el idioma quizás la menos difícil por la cercanía entre el Español y el Portugués, la lejanía de familiares y amigos, el rigor de una guerra desconocida para esa generación y la barrera del tiempo, porque sin lugar a dudas, Angola, podía decirse oscilaba en varios tiempos, desde una Luanda increíblemente moderna, diseñada para que vivieran los colonialistas portugueses, hasta los kimbos, que me recordaban las viejas películas de Tarzán, o capitales provinciales, que como Dondo, en Kwanza Norte, pudiera parecer un pueblito del antiguo oeste; y su gente, el angolano con tradiciones, costumbres, gustos, que en mucho distaban de los jóvenes que integraban el Destacamento.
El proceso de selección se inició con la colaboración de las estructuras políticas y de los Centros de Referencia, pero en especial de la Unión de Jóvenes Comunistas y la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). El Instituto Superior Pedagógico de Pinar del Río, quedó integrado por 80 estudiantes y un profesor, el grupo pasaría un adiestramiento que los familiarizara con el plan de estudios a desarrollar.
A modo de información
Aunque no puedo precisar casi 40 años después la distribución entre mujeres y hombres, puedo asegurar que aquellas constituían la inmensa mayoría. Nuestro representante por la institución, el profesor Félix Pérez Rodríguez, era (y es) un experimentado directivo docente, que se desempeñó como el vicerrector a cargo de la Dirección Docente Metodológica, y que aceptó sin dudar la misión encomendada, a pesar de tener difíciles situaciones familiares.
No recuerdo que ninguno que regresara sin cumplir la misión, a pesar de la guerra, a pesar de que en la práctica la carrera se le alargaba. No recuerdo tampoco oposición de padres para que su hijo o hija fuera ubicado(a) en algún lugar preferencial. Todo fluyó de forma normal. Era la respuesta de una generación que se aferraba a la continuidad, a ser, lo que no habían podido ser durante la lucha insurreccional, porque no habían nacido.
Experiencias
En mayo de 1980 integré una delegación de Rectores que visitaría algunas zonas de Angola donde se encontraban los integrantes del Destacamento.
Un vuelo regular de Cubana de Aviación con destino a Luanda y con escala en Isla Sal nos llevó a la primera parte del viaje que continuaría ahora bordeando la tierra. Atrás quedaba el Atlántico, y nos invadió una inmensa sensación de soledad.
Cuando llegamos al Aeropuerto de Isla Sal, coincidimos con un vuelo de una línea sudafricana que tenía como destino final la ciudad de Johannesburgo, un Jumbo majestuoso mucho más grande que el IL-62 en que viajábamos. La única diferencia es que mientras ellos nos miraban con asombro, nosotros lo hacíamos con la confianza del que tiene el triunfo asegurado.
Ya tarde en la noche llegamos al Aeropuerto Internacional de Luanda donde nos esperaba una funcionaria del Ministerio de Educación angolano, que nos acompañó durante toda la estancia.
Luanda era impresionante y a la vez contrastante. Por primera vez podía visualizar aquello que narraban las crónicas periodísticas, de opulencia y miseria. Frente al contraste de luces, casi alucinante de la ciudad y los museques algo así como las villas miserias que rodean las grandes ciudades latinoamericanas.
Recorrimos varios lugares pues al parecer, las coordinaciones del alojamiento no estaban totalmente ajustadas y finalmente nos quedamos el Hotel Hilton de Luanda. Cuando nos dispusimos a cenar nos encontramos con pocas opciones, todos los platos incluían mariscos, esos que se nos había sugerido no comer, al igual que las verduras por temor a enfermedades… Y en la primera noche en Luanda, nuestras "tripas" se quejaron.
Al día siguiente, iniciamos la visita oficial. Nos recibieron en el Ministerio de Educación y se ajustó el programa del recorrido que incluyó finalmente las provincias y/o ciudades de Huambo, Benguela, Lobito, Dondo y Dalatando, esta última capital de Kwanza Norte.
El segundo día abordamos un avión rumbo a la ciudad de Huambo. El vuelo fue tranquilo tras un despegue casi en vertical nada agradable para los oídos. Dos horas después aterrizamos en el Aeropuerto de la Ciudad de Huambo donde nos esperaba Salazar, responsable en aquel momento, por la parte cubana en la esfera de educación.
De Huambo se decía con razón que era un bastión de la UNITA, y por tal razón toda la colaboración cubana, incluidos los estudiantes del Destacamento Internacionalista, se encontraban concentrados en un edificio habilitado al efecto en la ciudad. Durante todo el día estuvimos visitándolos (no había una distribución por provincia según el origen de Cuba) e indagando sobre la marcha de su trabajo, experiencias...
Lejos se escuchaba el trepidar de la artillería que nos indicaba de los combates diarios en la zona. Lo que para nosotros resultó nuevo, y hasta cierto punto amenazante, pero para los integrantes del Destacamento constituía algo cotidiano.
Un corte del fluido eléctrico nos sorprendió a todos, podía indicar alguna acción bélica. En efecto en la madrugada supimos que muy cerca de la ciudad se había producido un combate. Un soldado cubano había resultado herido grave y había sido trasladado a la ciudad de Luanda.
Los estudiantes del Destacamento como el resto de los colaboradores ya estaban acostumbrados. Era lo cotidiano, lo pasaban sin el susto que nos sobrecogió a nosotros, casi podría pensarse que no se daban cuenta que a fuerza de heroísmo, estaban haciendo una parte importante de la historia.
Cuando regresamos a Luanda, nueve días después, supimos que ese sábado, el soldado cubano había fallecido, y que sería sepultado en el Cementerio de Miramar en la mañana del domingo. Nos pidieron asistir al sepelio, junto a los compañeros de la Embajada. No hubo ceremonia militar, solo un panegírico y una chapilla que identificaba el cuerpo.
De Luanda nos trasladamos por vía aérea a la ciudad de Benguela, no sin contratiempo. Debíamos haber salido en un vuelo regular de la TAAG que no llegó a tiempo, y cuando nos regresaron al hotel para esperar a que arribara el avión que llegó y se nos fue.
Afortunadamente nos encontramos con un piloto soviético que estaba alojado en el mismo hotel que nosotros y con quien hicimos amistad. En un ruso "chapurreado" entre más de uno lo convencimos de que nos llevara a Benguela que era su destino inmediato. El vuelo fue otra sorpresa pues era un carguero AN-23 sin asientos y donde nos subimos asombrados al constatar que por carga llevaba, además de nosotros, una moto "Yamaha" y cinco sacos de chícharos, afortunadamente retornamos sin problemas a Benguela.
Al no llegar en el vuelo previsto nadie nos esperaba y de pronto nos encontramos sin saber a dónde ir. Nuevamente la solidaridad nos acompañó. Media hora después nos reintegramos al lugar de alojamiento a donde llegamos en camiones militares juntos a jóvenes soldados, (cubanos y angolanos) que cumplirían una misión en algún lugar de esa provincia.
Una leyenda viva de la guerra de liberación nos recibió al día siguiente. El jefe de la provincia, el Comisario, era Khundy Paijama, quien nos habló muy bien de los jóvenes estudiantes, devenidos en magníficos profesores, sin los cuales, dijo, y pudimos corroborar después, no hubiera podido iniciarse el curso escolar.
En Benguela y Lobito, una ciudad cercana, nos entrevistamos con estudiantes y profesores angolanos. Todos tenían frases de elogios para los jóvenes del Destacamento Pedagógico.
El regreso a Luanda resultó sin contratiempos. Al día siguiente iniciamos viaje, esta vez por carretera a la provincia de Kwanza Norte. Nuestro objetivo las dos ciudades importantes: Dondo y la capital provincial, Dalatando.
Era nuestro primer viaje por carretera. Nos aseguraron que el trayecto se haría sin problemas, porque no había "unitas", y así fue y pudimos apreciar lo impresionante del paisaje.
En Angola, todo está fuera de dimensión para un cubano. Los ríos son inmensos, no alcanzas a ver la otra orilla. Los árboles eran los más grandes que había visto en mi vida. Todo era grande, menos las vacas que son en extremo pequeñas. Las gacelas en manadas recorrían grandes extensiones de terreno. Nos comentaban que su carne es deliciosa.
En una de las paradas para estirar las piernas, en pleno campo angolano, el conductor del jeep en que viajábamos echó a correr desesperadamente. Nosotros por instinto hicimos lo mismo y después vimos escurrirse en unos matorrales una serpiente llamada tres pasos… te muerde y dicen que sólo da tiempo para andar tres pasos antes de morir.
A los avatares de la guerra, se sumaba en el caso de los estudiantes cubanos, la naturaleza desconocida, las especies dañinas, las enfermedades como el paludismo, que ellos desconocían. Sin embargo, se mantenían allí, con entusiasmo.
Nos recibieron en Dondo, primera ciudad que visitamos, allí, nos explicaron todo lo relacionado con su trabajo que desempeñaba, los éxitos alcanzados.
Disfrutamos de una actividad cultural y hasta jugamos dominó. Al igual que en otros lugares en Dondo las autoridades estaban admiradas con la seriedad y el rigor profesional de esos jóvenes, a mitad de su carrera.
Igual sucedió en Dalatando, la capital provincial. El Secretario de Educación elogió el trabajo desarrollado por ellos. Ya en Luanda esperamos varios días para el regreso a Cuba. El vuelo de Cubana de Aviación, estaba retrasado.
Al fin llegó el día de la partida. Arribamos al aeropuerto, y luego de despachar el equipaje caminé sin rumbo por algunos lugares cercanos a la pista de aterrizaje, así de desprotegido estaba el aeropuerto de Luanda.
Miraba el acondicionamiento de la nave que nos llevaría de regreso a Cuba vi acercarse a dos personas conversando amigablemente. Una de ellas después de abrazar a quien parecía su anfitrión se dirigió a otro avión estacionado en la pista. Cuando me viré tropecé con el rostro del que se había quedado. Me miró y me saludó afectuoso. Era Lopo do Nascimento, Primer Ministro de Angola. Estaba allí sin escolta.
Fue mi última noche en Luanda.
|