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Este martes continuaron los debates en comisiones del VIII Congreso de la FEU desde varios sitios de la capital
LA PALABRA DEL MUNDO
Por Jesús Arencibia Lorenzo
Foto: Kaloian
Si Ousmane Soumath hubiera nacido en Ciego de Ávila se le comprendería mejor tanto énfasis al llamarla “mi provincia”, o el orgullo de haber participado en sus zafras cañeras. Si Luis Aparicio hubiera estudiado en cualquier escuelita de Isla de la Juventud, sería más lógica su emoción al citar las palabras del Che. Si Emilio Azahares hubiera vivido en Guinea o Guatemala, resultaría más consecuente su afán porque los estudiantes, de todo el planeta, se pronuncien.
Ah, pero el razonamiento anterior no tiene nada que ver con lo que se respiró en un teatro de la Universidad de Ciencias Médicas Victoria de Girón, donde se reunieron universitarios de muchas naciones, para hablar un solo afecto.
Sépase que el guineano era Ousmane; el guatemalteco, Luis; y el cubano, Emilio. Pero ni a ellos, ni a otros de los que integraron esta comisión, En defensa de la Humanidad, les interesaban mucho las nacionalidades. Más bien debatieron por una patria mayor del que estudia y crea.
Así, hablaron de la Organización Continental Latinoamericana de Estudiantes (OCLAE) y sus luchas por la democratización de los saberes; de cómo las universidades cubanas gradúan miles de muchachos nacidos en otras tierras, o de los urgentes compromisos para intelectuales en ciernes frente a un contexto internacional plagado de conflictos y quejas.
A la puerta del local una exposición de tejidos e imágenes latinoamericanas era cuidada por una estudiante vietnamita de Medicina que escuchaba, bastante alto, al grupo cubano Buena Fe. Detrás de la presidencia, una pancarta llevaba la frase martiana que tal vez resuma el espíritu de afanes tan diversos. “Juntarse: esta es la palabra del mundo”.
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