ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS
INGENIO Y VOLUNTAD
Por Hilario Rosete Silva
Foto: Abel Ernesto
«Urge ya, en estos tiempos de política de mostrador, dejar de avergonzarse de ser honrado. [...] La política virtuosa es la única útil y durable. [...] Es necesario poner de moda la virtud...» Son juicios martianos que recordó Carlos Lage Codorníu, actual presidente de la Federación Estudiantil Universitria, (FEU) cuando lo entrevistamos de cara al VII Congreso de la organización.
«Carlitos», así le llaman, fue alumno del Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas V. I. Lenin, en la capital; recluta o servidor militar de la Brigada de la Frontera, en Guantánamo; y estudiante de la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana (UH), donde obtuvo la licenciatura.
En julio de 2005 fue entrevistado por primera vez por Alma Mater. La cita aconteció el día en que resultara ser el delegado directo no. 24 que votara el país al XVI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. De entonces acá, fue elegido presidente de la FEU Nacional, contrajo matrimonio, y asumió la responsabilidad de dirigir la nave estudiantil universitaria hacia su séptima convención.
Está persuadido de que la sociedad necesita mayores niveles de compromiso por parte de las nuevas huestes de estudiantes universitarios, y acepta hablar de las posibles diferencias entre las generaciones presentes y pasadas, mas comienza por precisar que los jóvenes que hoy cursan los primeros años de sus carreras, se formaron en una de las etapas más duras de la Revolución, «circunstancia que ni debemos ni podemos obviar».
De tal suerte, tiene en cuenta que la despenalización del dólar y su irrupción casi forzosa en nuestra vida diaria, generó disímiles desigualdades en la sociedad e impactó las conciencias de personas que, por su juventud, no han presenciado ni vivido los mismos sucesos que sus padres: sus personalidades fueron moldeadas
EL MÁS GRANDE ADVERSARIO
Las nuevas generaciones –comentó Carlitos– son posteriores a importantes sucesos de la vida del país, y no tienen conciencia de ellos. El otro día, por ejemplo, fuimos a ver la película cubana Páginas del diario de Mauricio; y cuando pusieron las imágenes del 5 de agosto de 1994, fotografía de un acontecimiento que caló tan hondo en la conciencia social, reflejo de un gran momento crítico, síntesis de uno de los hechos contemporáneos que más nos marcaron, un muchachito que estaba sentado a nuestro lado dijo: «¡Eh, yo no me acuerdo de eso!, ¡no recuerdo haberlo visto!» Y es que ya pasaron 12 años, y los que hoy arriban a los institutos preuniversitarios, entonces estaban por dejar los círculos infantiles...
NO SERÍA EL ÚNICO EJEMPLO.
Claro que no. Varios de nosotros, en calidad de alumnos ayudantes, impartimos clases en la universidad; es una tradición de nuestro sistema de educación surgida en 1961 en la Escuela de Ingeniería de la UH. Bueno, hace poco, antes de que el Banco Central anunciara que las entidades que admitían dólares estadounidenses en efectivo, solo aceptarían pesos convertibles cubanos (2004), a un amigo, alumno ayudante, le sucedió algo curioso:
Él estaba impartiendo el contenido del Período Especial, según el programa de Economía Política, y una alumna lo interrumpió para preguntarle por qué hablaba de «cuando en Cuba no circulaba el dólar»... Quizás nacida hacia 1984, ella no tenía claro que dicha moneda comenzó a moverse aquí luego de la promulgación de un decreto sobre la despenalización de la tenencia de divisas (1993); para ella, que tendría entre 8 y 10 años en el momento de la aprobación del decreto, las cosas siempre habrían sido así, o sea, la circulación del dólar en la Isla habría sido un hecho natural: ni sería dictado por la coyuntura económica, ni se basaría en una disposición legal... Sin embargo, ¡fue todo lo contrario!
Toda una generación nació y creció palpando las diferencias provocadas por aquella «forzosa despenalización».
De eso se trata, del choque que eso ha significado para ellos; esa es la realidad que están acostumbrados a observar, sin contar que ahí se dan las contradicciones y problemas que hoy tratamos de combatir: doble moral, corrupción, gente haciendo cualquier cosa por tratar de adelantar en la vida... Eso es lo que ellos han visto; a uno lo forma la familia y la escuela, pero también la sociedad... Estos son los principales enemigos de la Revolución; ese es el mensaje que captamos del Comandante en el discurso que pronunciara el 17 de noviembre (2005) en el Aula Magna por el aniversario 60 de su ingreso a la universidad: los principales enemigos de la Revolución son nuestras propias debilidades.
HIMNO A LA SINGULARIDAD
También fueron años de una apertura hasta entonces inédita hacia el mundo exterior...
No podíamos estar eternamente aislados en una urna de cristal. Con la apertura entró el dinero que necesitaba el país para sobrevivir, pero el destape también causó un impacto: no podemos afirmar que la eventual apatía de los jóvenes no sea un reflejo cultural de los patrones que promueve el capitalismo; no podemos decir que el llamado modelo «Mike», paradigma de vestimenta y de comportamiento, no lo crean y alimentan las imágenes de la sociedad de consumo que nos llegan a través de películas, canciones y vídeo clips, por citar los ejemplos más pedestres de publicidad subliminal. En los temas relacionados con la cultura, a pesar de nuestra riqueza cultural, aún estamos a la defensiva; tenemos conciencia de cuánto influye la cultura en la educación de los jóvenes, pero no hemos sido capaces de explotar a plena capacidad nuestro potencial cultural.
De las fallas en la formación de los jóvenes, igual serían responsables las organizaciones...
Tampoco hemos sido capaces de notar, ante los dilemas en los que crecieron estos jóvenes, que los métodos para acercarnos a ellos no podían ser los mismos. En algún momento las maneras empleadas no nos permitieron llegar a ellos, y a veces hasta nos distanciaron de ellos. Cuando veamos que los jóvenes no se suman a una tarea como esperamos, revisemos nuestros métodos, acerquémonos a sus preocupaciones, a su forma de ser.
En el caso de la FEU tenemos, por estatutos, dos responsabilidades fundamentales: formar un profesional integral, dispuesto a cumplir las tareas de la Revolución, y representar a los estudiantes. La primera de ellas no la hemos dejado de cumplir, aún con insuficiencias, pero en la otra nos falta mucho. Representar al estudiante tiene cual premisa mayor, saber cómo piensa, y cuando ante el VII Congreso revisamos nuestro trabajo, concluimos, con espíritu crítico, que hemos dejado a un lado, por varias razones, los mecanismos que nos ayudan a conocer cómo piensa la gente, aunque en el fondo lo intuyamos.
Esa es otra de las lecturas del mensaje de Fidel aquel 17 de noviembre: la reversibilidad o invariabilidad de la Revolución está ligada al modo de convocar, llegar y mover las nuevas generaciones, y eso depende de nosotros; el resto de los fenómenos son exógenos, se producen por causas externas, solo podemos combatirlos; pero el asunto de los métodos sí está en nuestras manos, y ahí sí que debemos ser muy responsables.
Piedra angular en el intento de representatividad, sería la aceptación de la diversidad. En toda masa estudiantil hay grupos de individuos que difieren de la mayoría ya sea por su opinión, por su forma de ser, o por su forma de comportamiento...
Ese es el pie forzado al que debió ajustarse el Programa de la Universalización de la Educación Superior (en lo adelante Universalización); es evidente que la Universalización cambió la composición de la FEU, la hizo más heterogénea. Y aquí surge otro ingrediente, del que hay que seguir convenciéndose: cada vez menos las soluciones de los problemas concretos se avizoran en las líneas directivas generales; debe existir un principio rector, pero cada instancia lo acomodaría a su estado, de lo contrario corremos el peligro de violentarlo todo; a veces el deseo de asegurar al máximo el cumplimiento de una tarea, el intento de listar y reglamentar sus mínimos detalles, resulta perjudicial; la Universalización obligó a cambiar el enfoque; la forma de solucionar un asunto en dos lugares diferentes podría variar: cada brigada de Cuba es distinta, cada estudiante universitario es único.
EL REINADO DE LA IRREVERENCIA
Aparece otro concepto: la creatividad, la facultad de crear, de adecuar, por ejemplo, una norma, una directiva, a las circunstancias de vida de una brigada concreta.
Defender el principio de que no hay soluciones generales, significa que la vida de la FEU pasa por la creatividad de cada cual en cada lugar, por una creatividad que busca soluciones propias para los problemas locales. Hay una deformación de fondo, una dificultad real, que se ha hecho típica entre nosotros: la forma homogénea de enfocar los conflictos, igualdad que conduce a la falta de inventiva, de originalidad, de iniciativa.
En ocasiones, en las reuniones de brigada se vierten criterios asombrosos: «Estos temas los hemos discutido muchas veces, no tiene sentido volverlos a analizar, hay que esperar las nuevas directivas...» Influidos por la ética de la uniformidad, quienes piensen o se expresen así, nunca verán las soluciones. Por los días de la Conferencia Internacional Con todos y para el bien de todos (octubre de 2005), teníamos en la puerta del local de la FEU en la universidad una frase de Martí: «Crear es la palabra de pase de esta generación.» (Tomada del ensayo Nuestra América, publicado en 1891.)
Es una divisa con la que nos identificamos; hay que poner en todo mucho ingenio, el que, además, le sobra a los universitarios cuando quieren defender algo; ingenio y voluntad, ¡buena combinación!, les sobra a los universitarios cuando quieren. Lo importante no es que las estructuras de la FEU dupliquen acciones y eventos, sino que ayuden, garanticen la vida de la FEU en cada lugar. La FEU Nacional podría organizar cien actividades anuales, en las que participarían, un estimado, 20 mil universitarios, mas ¿dónde quedarían los otros 180 mil brigadistas? Para el joven estudiante nada tendría mayor resonancia que aquello que acontece en su entorno; entre las sentencias y preparativos del VII Congreso de la FEU se destaca el lema de «El Congreso en la brigada», máxima que se ha abierto paso con adeptos y partidarios, pero también con detractores. Lo que deseamos defender, para «salvarnos», como también dijo Martí, es que la vida de la FEU prospere en los pequeños espacios, que existan formas, maneras, modos, para que la gente, el brigadista, el universitario, se sienta implicado, comprometido.
La falta de creatividad, estaría vinculada con la falta de gracia y talento natural, pero también con la falta de arte, de educación y conocimiento.
Ese sería uno de los retos de esta generación, y ahí quizás haya mucho más influjo cultural: es un mal que afecta a los jóvenes de todo el mundo. La juventud mundial, víctima de una política cultural premeditada, responde a un patrón de joven que añora acumular riqueza material, y los cubanos, aunque menos influenciados, no han podido escapar de ese modelo. De ahí resultan los jóvenes enajenados de la sociedad, que viven al margen de todo tipo de participación, que no leen porque no les interesa superarse o que realizan ciertas lecturas cuando detrás de ellas aparece el beneficio económico. Los cubanos, repito, también fuimos víctimas de esa política, de los llamados efectos nocivos de la globalización neoliberal; también hemos sido contagiados con el culto a la irreverencia, al dejar de hacer, al dejar pasar, a un concepto equivocado de la libertad conducente a la desaparición de los límites...
EL VALOR DE LA GRATITUD
El culto a la irreverencia lleva a algunos jóvenes a irrespetar la pericia de los mayores, a creer, por obra de una bien diseñada pero mal instrumentada política de cuadros, que en unos años ya pueden hasta sustituir a sus antecesores en los cargos de dirección.
En los últimos tiempos se ha insistido en la responsabilidad que tienen los jóvenes. Por eso los jóvenes necesitan, sobre todo, ¡formarse!, y esa formación solo se logra mediante el desempeño de múltiples tareas, mas no precisamente de dirección.
La práctica de la FEU, en particular de sus Brigadas Universitarias de Trabajo Social (BUTS), prueba el carácter formador de las tareas, y de esto hará balance el VII Congreso. Dicho concepto es el arma fundamental para formar estudiantes distintos de los del resto del mundo. Guiados por esa certeza podremos seguir haciendo brotar en nuestros jóvenes los valores, consustanciales al ideal de la Revolución, que los distinguen y diferencian.
Claro, no siempre contamos con mecanismos tan eficaces como las BUTS, garantía de la buena cosecha. Las tareas que acometen las BUTS exigen un alto grado de compromiso, y la motivación esencial que propulsa su cumplimiento reside en la comprensión, por parte del estudiante, de la importancia o valor social que reviste la tarea, de su significado, de los efectos que produce. Si bien la universidad se pintó de negro, de mulato, de obrero, y de campesino, si bien la Universalización la re-transformó, la experiencia de las BUTS ha sido la máxima expresión del nexo pueblo/ universidad.
Las BUTS se encargarán de probarle a los actuales universitarios, que «no es igual con guitarra que con violín».
Por medio de las BUTS el universitario se acerca a la vida del pueblo, de la cual no siempre conoce todo. No son lo mismo las clases diarias que uno recibe en la universidad, aunque viva en el reparto «Imaginario», que las lecciones que se recogen luego de visitar otros barrios de la capital: no solo sería la experiencia de «Imaginario», quizás hay otras más impresionantes. El hecho de entrar a las casas, de ver dónde y cómo duerme o se baña la gente, de ver dónde cocina y en qué circunstancias se desarrolla... Nada de eso se aprende en la universidad. No es lo mismo saludar al vecino, el camionero de enfrente, todos los días por la mañana, que estar montado durante dos semanas junto a él, encima del camión, y descubrir su vida, aún cuando en el cumplimiento de la tarea nos parezca que se malgasta combustible. Y aquí hay otro detalle: el contacto con la gente, el agradecimiento que le dirige la gente a los miembros de las BUTS cuando reciben el beneficio de su visita: eso tiene un valor extraordinario, un valor al que no podemos renunciar aún cuando por problemas organizativos la observancia de la tarea no produzca todo el impacto deseado.
UN ESPÍRITU CUBANO
Estudiosos opinan que persiste un vaivén entre los problemas sociales y los nacionales. La gestión estudiantil en tareas vitales para la vida diaria, ¿pretende equilibrar los polos?
La aparición de las BUTS ayuda a corregir el desequilibrio; ahí están los muchachos trabajando en una tarea de implicación nacional, pero a la vez mezclados en la vida social. La tradicional vocación social de la FEU es un legado que nosotros defendemos: desde los tiempos de Julio Antonio Mella, «la Universidad tiene que romper sus muros para bajar al pueblo», y José Antonio Echeverría, «la Universidad tiene que descender la escalinata y subir al pueblo», los líderes estudiantiles situaron al pueblo en un peldaño superior. Toda la Historia de la FEU es un reflejo de la vocación social de la organización, de la conciencia de que el estudiante ni puede ni debe vivir enclaustrado entre los muros de la universidad: allí no se realiza su función social.
Para finalizar, una pregunta personal, más con «implicación colectiva». De su vida en la FEU, ¿cuál ha sido el día —glosando a Don José de la Luz y Caballero— que mejor ha gustado, con noble orgullo, que tiene usted un corazón cubano?
(No lo pensó mucho.) Fue el primero de mayo de 2003; yo presidía la FEU en la Facultad de Economía de la UH, y por primera vez me tocó convocar a los alumnos de la escuela para la marcha de los estudiantes de la universidad que, por el Día de los Trabajadores, iría, en bloque, desde la Colina hasta la Plaza de la Revolución. Vivíamos un momento tenso: Cuba había sancionado con la pena capital a los tres principales secuestradores de una lancha de pasajeros y el gobierno norteamericano, el mismo que alienta estas fechorías, consideró que los secuestros desde la Isla amenazaban su seguridad.
La gente respondió al llamamiento; nos reunimos a las tres y media de la madrugada en la Colina, y estuvimos en la Plaza hasta las 11 de la mañana. A pesar de la lluvia, nadie se marchó o fue a guarecerse. Ese día el Comandante afirmó que «jamás un pueblo tuvo cosas tan sagradas que defender, ni convicciones tan profundas por las cuales luchar». Recuerdo a un estudiante de la Facultad, buena gente, poco expresivo; estaba agotado, mojado, más que abrazado, apoyado en el asta de una bandera; y cuando terminó el acto, con mucho tono y los ojos aguados, me dijo sobre Fidel: «¡De verdad que el hombre está fuera de serie!» Ese fue el día en que, aquel joven, en la Plaza, me hizo experimentar, con sano orgullo, que tengo el corazón cubano.
La respuesta ilustraba sus sentimientos. Pero al hacerse pública la Proclama de Fidel al pueblo de Cuba (julio 31 de 2006), Carlitos Lage, que a la sazón le echaba un vistazo a la redacción final de este trabajo, nos envió un mensaje por correo electrónico, convencido de que valía la pena añadir una posdata:
Reviso estas líneas en instantes de gran conmoción. A todos se nos aprieta el pecho por la inquietud, pero, a la vez, por experimentar el sano orgullo de ser cubano que nace de la reacción del pueblo en los momentos cruciales de la Patria. Se trata del mismo orgullo que le hará vencer al Comandante esta batalla como todas las otras. En apenas unas horas, he podido reunir miles de sensaciones que me reafirman en este sentimiento.
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