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EL DIRECTORIO: PENSAMIENTO ARMADO DE LA FEU *
Por Faure Chomón
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José Antonio en una de las reuniones de la Dirección de la FEU; junto a él Fructuoso Rodríguez, René Anillo, Juan Nuiry y otros
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Obra maestra del fecundo pensamiento del intrépido dirigente estudiantil José Antonio Echeverría, el Directorio nació para librar la lucha contra la tiranía proimperialista de Fulgencio Batista y abrirle paso a la Revolución. José Antonio no anunciaba simplemente la creación de una organización más en el campo revolucionario, que pudiera dividirlo o minarlo con la desconfianza y el sectarismo, que condenan a los combatientes a la inmovilidad: la peor de las enfermedades de un movimiento revolucionario.
Se cumplía el deber de convertir el lugar en que actuábamos como estudiantes, en un campo de lucha revolucionario. Nos sentimos capaces de ser como nuestros mambises en las guerras de independencia o como sus seguidores en la lucha a muerte contra el imperialismo durante la seudorrepública y por los seguidores de nuestra generación que comandados por Fidel acababan de asaltar el Moncada, y con toda esa fuerza de inspiración prepararnos para nuevas cargas, nuevos asaltos y ataques, como nuevos soldados que culminarían la tarea de hacer la Revolución, la que profetizara José Martí "que haremos cuando seamos libre".
José Antonio se dio con Fructuoso a la empresa de fundar el aparato secreto para la dirección revolucionaria del movimiento estudiantil y a la vez su brazo armado, para lo que unió a la gran mayoría de los presidentes de las asociaciones de estudiantes de las escuelas universitarias, otros dirigentes destacados de la FEU y lo que muy atinadamente un compañero llamó "aquel pequeño ejército" que habíamos forjado con una selección de estudiantes de gran prestigio y de valor probado, organizados por células en cada escuela.
Este "pequeño ejército" habría de constituir la espina dorsal del Directorio en el momento de su fundación. Cuando con esa fuerza José Antonio daba el paso de construir el Directorio, contaba con un enorme prestigio en el pueblo, en todo el país, que lo quería, lo admiraba, escuchaba y respaldaba.
Eran los inicios de 1955, cuando quedaba constituido el Directorio Revolucionario en una reunión efectuada en la casa de calle L No. 460 casi esquina a 27, peña estudiantil de José Antonio. Asistimos seis compañeros: José Antonio Echeverría, Fructuoso Rodríguez, Jorge Ibarra, José Luis Varona, René Anillo y el que suscribe. Por orientación de José Antonio asumimos la representación de cada una de las seis provincias de Cuba. Se acordó el nombre de Directorio por ser un término histórico. Aprobamos la tesis de la Radicalización combativa, que el Directorio revolucionario sería el brazo armado de la FEU y su Célula Central, que estábamos constituyendo, sería la dirección revolucionaria secreta de la FEU y su representación cuando la lucha armada se desarrollara.
A partir de entonces la línea a seguir se acordaba en el Directorio y era llevada a la FEU para su aprobación. Organizamos núcleos en todo el país y fogueamos el aparato clandestino que necesitaríamos para la guerra.
Sobre la base de ese trabajo, meses después, en el mes de septiembre de 1955, se convocó a otra reunión más amplia, en la casa donde se venía reuniendo la Célula Central, sita en Aranguren y Panchito Gómez, en el Cerro. Participaron nuevos compañeros dirigentes captados durante aquel proceso y con ellos se estructuró un Ejecutivo Nacional con todos los frentes necesarios, con el fin de proyectarnos públicamente.
Previamente José Antonio había convocado a una reunión de la FEU, en la que se acordó asumir el D. R. sobre las bases apuntadas (esta debe considerarse otra de las reuniones con las que se va forjando el Directorio) y se aprueba que el 24 de febrero de 1956 sea el día de su proclamación oficial, en el Aula Magna de la Universidad. El proceso de desarrollo del Directorio se realizó paso a paso, tal como se había planeado, al tenerse en cuenta todos los factores que eran necesarios, sin despreciar ni ignorar ninguno.
Al situar en la dirección del Directorio Revolucionario a sus hermanos de ideas revolucionarias, socialistas y antimperialistas, José Antonio logró, además de una férrea cohesión ideológica, sentar las bases de ese pensamiento revolucionario. Junto a la cronología conocida de hechos de calle, declaraciones, manifestaciones y acciones armadas, está otra cronología, la de la estrategia ideológica, para hacer triunfar y consolidar la Revolución: desarrollar la conciencia de los combatientes y de toda la población.
Luego del 24 de febrero se publica el llamamiento a todas las organizaciones que luchaban, en el mes de junio de 1956 y reproducida en Alma Mater el 30 de septiembre con el título: EL DIRECTORIO LLAMA A LA UNIDAD; en él se dice:
"La UNIDAD REVOLUCIONARIA ha de estar basada en una identificación sustancial mínima por parte de todas las fuerzas, en cuanto a enfoque de la problemática nacional, fines perseguidos por la insurrección y método insurreccional.
"La UNIDAD REVOLUCIONARIA ha de ser lograda, no mediante alianzas bajo cuerda y de espaldas al pueblo, sino en pública demostración de real y efectiva fraternidad que disipe temores de todos los que de una manera u otra participen en la lucha y de toda la nación.
"La UNIDAD REVOLUCIONARIA ha de ser lograda en respeto a los distintos criterios que se mueven hacia un fin común y en demostración real de desinterés por parte de los jefes y equipos que han de laborar solo por el bien colectivo.
"Basado en estos tres principios fundamentales de respeto a la inteligencia, a la moral y a la dignidad de las gentes revolucionarias, el DIRECTORIO REVOLUCIONARIO plantea como la forma más eficaz y posible de la unidad, la COORDINACIÓN DE ESFUERZOS REVOLUCIONARIOS."
Siendo este el pensamiento de la nueva generación revolucionaria en la línea de la lucha armada, representada por el Movimiento Revolucionario 26 de Julio y el Directorio Revolucionario de la FEU, Fidel y José Antonio se reúnen en México para declararlo en un manifiesto al pueblo de Cuba conocido como la Carta de México y tomar los acuerdos necesarios para iniciar "la guerra necesaria".
La Carta de México fue el Manifiesto de Montecristi de nuestra Guerra de Liberación.
Esa estrategia ideológica sembrada por Fidel y José Antonio tiene dos puntos culminantes, la identidad ética y la identidad política del pensamiento y la acción revolucionarios, armas que nos han acompañado desde entonces, hasta los días actuales de la Batalla de Ideas.
Al conmemorar el aniversario 50 de la proclamación del Directorio Revolucionario el 24 de febrero de 1956 por José Antonio Echeverría en el Aula Magna de la Universidad, la continuidad de sus ideas crece en la simiente del hombre nuevo, en miles de jóvenes combatientes, invencibles como Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René, que heroicamente y con elevado pensamiento, que admira su pueblo, conmueven al mundo; en los trabajadores sociales, quienes se han ganado el respeto del pueblo; en los internacionalistas de la Salud en lugares recónditos del planeta, desafiando peligros para ayudar a las víctimas de desastres y epidemias; en los de las ciencias que transmiten sus conocimientos a la humanidad; en la generosidad y solidaridad de nuestros educadores y deportistas y en la lealtad de todos a la convocatoria de Fidel, artífice perenne de esta Revolución, siempre justa, siempre firme, siempre digna, siempre nueva ante los desafíos de cada tiempo
* Articulo publicado en Granma Digital Internacional
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