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LA CAPA DE OZONO MUESTRA SIGNOS DE RECUPERACION

 

Por Juliett Morales

Cambios en el ciclo solar, el transporte atmosférico y la temperatura estratosférica resultan clave en las variaciones de la capa de ozono, cuyo desgaste preocupa a la comunidad internacional que, alarmada, firmó el Protocolo de Montreal en 1987, un documento que busca frenar el problema.

Dicho Protocolo acordó la disminución progresiva del uso de los gases clorofluorocarbonados (CFC), nocivos para el ozono, utilizados en la industria de refrigeración, aerosoles, halones y pinturas.

En lugar del CFC, el texto proponía su sustitución por los hidroclorofluorocarburos (HCFC), de probada eficiencia energética y baja toxicidad.

Sin embargo, un reciente estudio publicado por la revista británica Nature indica que los discretos logros del Protocolo de Montreal son opacados por factores naturales en las muestras de estabilización del ozono.

«La variabilidad de las concentraciones de ozono es naturalmente importante donde el hombre no ha incidido de manera determinante», asegura la doctora Elizabeth C. Weatherhead, científica de la Universidad de Boulder y principal autora de dicha investigación. Pero su recuperación por el cumplimiento del mencionado Protocolo resulta probable en un ambiente atmosférico distinto, con cambios en el transporte atmosférico y de temperaturas.

Por tanto, resulta inverosímil que el ozono se estabilizará a los mismos niveles de los años 80, cuando se observó su declinación, puntualizó Weatherhead.

El grosor de la capa de ozono se mide en unidades Dobson (UD): se habla de agujero cuando hay menos de 220 unidades Dobson de ozono entre la superficie y el espacio.

Los gases CFC pueden permanecer en la atmósfera de 50 a cien años, pero con el tiempo pasan a la estratosfera, donde los rayos ultravioleta liberan el cloro de su composición, iniciando la destrucción de las moléculas de ozono.

FACTORES NATURALES

Los niveles del ozono son afectados directamente por la temperatura de la estratosfera. Las condiciones más frías de la estratosfera baja promueven la formación de nubes polares que contribuyen a su destrucción, como ocurrió varias veces en la década del 90 y más recientemente en el 2005.

Por el contrario, condiciones más cálidas y vórtices árticos menos estables elevan los niveles de ozono.

Las erupciones solares también generan emulsiones de protones que pueden provocar la disminución local del ozono entre un 30 y un 60 por ciento, explica Weatherhead.

También las grandes erupciones volcánicas —como la del Chichón mexicano en 1982, o el Pinatubo filipino en 1991— coincidieron con una actividad solar máxima, pero los sulfatos emitidos afectaron considerablemente el ozono atmosférico.

Ello explica las bajas concentraciones de esa sustancia durante la pasada década, así que sus posteriores signos de recuperación obedecen más a un regreso a la normalidad que a la acción humana.

Sin embargo —apuntó Weatherhead— las consecuencias reales de la prohibición de emisiones de gases clorofluorcarbonados sí serán comprobables en un futuro.

DESGASTE SOBRE CHINA

La Antártida no es la única región sobre el planeta afectada por el agotamiento de la capa de ozono. Un equipo de científicos chinos recién confirmó la existencia de un agujero de 2,5 millones de kilómetros cuadrados en la meseta de Qinghai-Tibet.

El desgaste sobre esa región se detectó en el 2003 a cuatro mil metros sobre el nivel del mar, donde se encontró un área de menos de 190 unidades Dobson, agotamiento ocasionado por las variaciones atmosféricas.

La investigación de Weatherhead da esperanza a los ecologistas y demás individuos conscientes con el cuidado del planeta, pero aún así urge redoblar el compromiso internacional para que el filtro natural de la Tierra pueda recobrarse lo antes posible, por el bien de la humanidad.

 


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Actualizada: 06 de julio/2006