La Revista Joven más antigua de Cuba
Actualizada: Julio/2005

Nuestro Credo

Ciencias

SANTO Y SEÑA AMARILLOS

Por Hilario Rosete Silva

Anchos de conciencia

Hoy día los genes continúan interactuando entre sí y con el medio ambiente, y la ciencia agrícola contemporánea, inmersa en la era postgenómica, insiste en explorar cómo seguir valiéndose de ellos para mejorar, aún más, nuestra vida.
El camino del mejoramiento condujo a los sabios a una perogrullada: las cosechas serán más o menos sostenibles, según los agricultores, pequeños, medianos y/o grandes, conozcan mejor o peor la naturaleza de los gérmenes patógenos de los cultivos.
A propósito del estado actual de la agricultura cubana, expertos foráneos revelaron que, conforme a sus primeras impresiones, los criollos quedaban en desventaja cuando se les comparaba, por ejemplo, con los europeos, pero que luego advirtieron el gran ingenio de los isleños a la hora de maximizar los recursos y de «alcanzar más con menos».
Cuba tiene centros de excelencia —léase con tecnologías de punta— para el estudio y diagnóstico de las enfermedades que afectan sus cultivos estratégicos, e instituciones que combinan dichas investigaciones con las de tipo veterinario y humano.
A pesar de las restricciones impuestas por el bloqueo yanqui, gracias a la transferencia tecnológica y a la firma de proyectos de colaboración internacional, el país obtuvo variedades propias de cítricos, arroz, tabaco, tomate, y de otros cultivos.
Resistentes a plagas y enfermedades, y producidas muchas de ellas de forma orgánica, dichas variedades, por su conducta agronómica y rendimiento agrícola, compiten en los mercados internacionales y son destinadas al consumo interno y a la exportación.
La Isla desarrolló sus propias tecnologías y métodos de cultivo, siembra, riego, cosecha, diversificación, y producción, y varios de ellos fueron patentados en otros países. El avance de la Bioinformática, el uso de nuevos softwares para establecer dinámicas poblacionales, vigilancias y análisis fitogenéticos, impulsaron las Ciencias Agrícolas en Cuba e hicieron de esta una nación de referencia en la región del Caribe.
Al preguntarles a los expertos extranjeros cuál sería el aporte del patio a la Agricultura mundial, subrayaron, entre otros, la contribución cubana al auge de sistemas de cultivos de bajo costo en el ámbito de las fincas y la producción local, el hallazgo de patógenos relacionados con el amarillamiento foliar de la caña de azúcar, y la toma de conciencia sobre el influjo o poder de los fitoplasmas en la pérdida de los cultivos.
Días después supimos que, con el objetivo de conocer la situación actual de los estudios en este campo, estaba por celebrarse en la provincia de La Habana, específicamente en el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (CENSA) de San José de las Lajas, el I (Primer) Tallerde Fitoplasmas.

De cuerpo presente

La asistencia de doctores de tres continentes daría realce al cónclave. Figurarían el boliviano Pablo Franco, del Laboratorio de Diagnóstico de Plantas de Santa Cruz; la israelí Phyllis Weintraub, del Centro de Investigaciones de Gilat, en Négev; y las italianas Marina Barba, viróloga, y Rosa la Rosa, profesora: del Instituto de Investigaciones de Patología de Plantas del Ministerio de la Agricultura, la una, y de la Facultad de Agricultura de la Universidad de Catania, en Sicilia, la otra.
Cerrarían la lista el entomólogo Michael Wilson, del departamento de Biodiversidad y Biología Sistemática de National Museums & Galleries of Walles, en Cardiff, Reino Unido (RU); y el investigador principal Philip Jones, jefe del Centro de Bioimágenes de Rothamsted Research, en Harpenden, Inglaterra, primer centro de estudios agrícolas del RU, una de las estaciones experimentales más antiguas del mundo (1842).
Igual participarían investigadores, técnicos fitosanitarios y obreros agrícolas de los centros nacionales de Sanidad Agropecuaria (CENSA) y Vegetal (CNSV), encarnado este en especialistas de su Laboratorio Central de Cuarentena (LCC); el Complejo Agroindustrial (CAI) Osvaldo Sánchez, de Güines; los institutos de investigaciones de Fruticultura Tropical (IIFT), del Arroz (IIA), y de la Caña de Azúcar (INICA); las estaciones de Cuarentena de la Isla de la Juventud, y Provincial de Investigaciones de la Caña Antonio Mesa, de Jovellanos, (ambas del propio INICA) y la Universidad Agraria de La Habana (UNAH).
Como ausencias sentidas señalaría Alma Mater las de los centros de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), y de Bioplantas (CB) adscrito al Instituto Superior Agrícola de Ciego de Ávila; las de los institutos de Investigaciones del Tabaco(IIT), Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA), y de Biotecnología de las Plantas (IBP) de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas; la de la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana; y las de otras facultades universitarias del país: ¡ninguna estación experimental, centro agroindustrial o instituto de estudios agrarios, ninguna estación de cuarentena o de ingeniería agrícola, ningún bloque de pruebas, banco de semillas o lote de hibridación, debería alejarse del tema!

Llover sobre mojado

Al son del Taller repasamos viejos y vigentes argumentos entre anfitriones e invitados: Los expertos en Fitopatología, ¿nacen o se forman? ¿Por qué debíamos conquistar a los jóvenes para que estudien Biología? ¿Qué atributos debe tener un joven investigador?
Los mejores patólogos de plantas nacen: ¡necesitamos encontrar el gen! Cualquier país puede formarlos, solo depende de la voluntad de las instituciones para afrontar su formación y de que existan reales posibilidades para todos los interesados. Hoy la Biología es la más excitante de las ciencias. Sus opciones de especialización se tornan infinitas en la medida en que aprendemos más sobre el modo en que los genes controlan la vida y su desarrollo, trátese de un virus o del ser humano. La biología es una materia práctica y es preciso captar para ella la imaginación de los muchachos antes de que se aproximen a la edad universitaria.
Para tomar el camino de la investigación es preciso contar con una mente equilibrada (prudente), y no sentirse satisfecho con medias verdades. Los fitoplasmas, esos simples organismos celulares, son capaces de causar las más serias enfermedades del mundo vegetal y de tornar lo verde en amarillo. ¡Vengan los jóvenes a descubrir cómo surgen y se establecen las afinidades entre las plantas, los fitoplasmas y los insectos vectores que los propagan! ¡Vengan y líbrennos de las epifitias (epidemias) que tanto nos afectan!

 

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