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LA HISTORIA AL REVÉS

Por Jorge Sariol

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora. Y el ángel tomó el incensario, lo llenó del fuego del altar y lo arrojó a la tierra y hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto.

Apocalipsis 8, 1-5

¿Por qué una nación cierra filas afavor de cinco de sus nacionales encarcelados en el extranjero bajo acusaciones de espionaje? Para los cubanos es fácil entenderlo.

Cinco compatriotas cumplen condena s—algunas surrealistas por el monto, las circunstancias y por las especulaciones— en Estados Unidos, el «país más espiador del mundo», y paradójicamente, incapaz de detectar, en su propio ombligo, el golpe más duro desde Pearl Harbor.

Una de las tantas versiones oficiales sobre el factor sorpresa de los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono—y la enorme logística que presupone—, es que la CIA y otras agencias de espionaje llegaron a depender demasiado del fisgoneo electrónico y no de agentes que pudieran infiltrar las organizaciones terroristas.

Otra de las versiones, no menos macabra, es que no impidieron el desastre porque no quisieron… o porque estaban entretenidos, combatiendo el terrorismo con terrorismo.Por la trascendencia de la hecatombe, para muchos el 11 de septiembre se erige como el antes y el después del tercer milenio. Sin embargo, el noveno mes y el día 11 —jornadas más, jornadas menos—, como un sello apocalíptico, parecen una cábala espeluznante para otras partes del planeta.Como en las leyes del universo, las cosas se relacionan entre sí, pero muchas veces para entenderlas conviene analizar…

EL SELLO DECIMOSEGUNDO

El 10 de diciembre de 2001—cuatro meses y un día después del desastre del World Trade Center (WTC) o de las Torres Gemelas— se celebró una vista general, a la que llegaba la fiscalía clamando severa sentencia contra cinco cubanos acusados de espionaje. Diecisiete días más tarde ocurría la sesión contra el último de los incriminados.

Terminaba así un juicio durante el cual se sucedieron raras omisiones, no menos raras presencias, presiones increíbles y una loca carrera contra el tiempo para obtener una victoria política vestida con toga judicial.

Un artículo publicado en San Petersburgo Times, dejaba la siguiente afirmación: «Considerado como el juicio de espías más grande de la historia del Estrecho de la Florida, el caso prácticamente no ha llamado la atención de la prensa nacional. En parte ello puede ser explicado por la temporada electoral inusualmente intensa en la Florida (…) pero también pudiera tener algo que ver con lo que describió un potencial jurado, posteriormente desechado, quien consideró el caso como el de los cinco espías Mickey Mouse, cuyas acciones no tuvieron prácticamente consecuencias para nadie fuera de la histérica comunidad de exiliados cubanos del sur de la Florida.»

Ciertamente, Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González, realizaban acciones de Inteligencia, pero NO en instituciones del gobierno norteamericano.El hecho es que habían penetrado hasta el hueso a varias organizaciones terroristas responsables de crímenes en muchas esquinas de las Américas, que tenían sede en Estados Unidos y se ufanaban de tener apoyo gubernamental.

Sobre la acusación de espionaje, un reporte del Sun Sentinel irónicamente advertía: «este no era el mundo glamoroso de James Bond, o sea, no eran estos los superespías a los que están acostumbrados muchos en las películas, ni las noches de cócteles, ni los autos de lujo; tenían vidas sencillas y presupuestos muy ajustados.»

Entre las rarezas que saltaron durante todo el proceso, estuvo la negativa de la fiscalía a la solicitud del abogado defensor, Joaquín Méndez, de tener acceso a las largas investigaciones realizadas por Buró Federal de Investigaciones (FBI) sobre organizaciones terroristas y sus cabecillas, documentos en los cuales se sabía que iban a aparecer los nombres de Luis Posada Carriles, Orlando Bosh, Andrés Nazario Sargent, Hubert Matos, Ramón Saúl Sánchez y José Basulto, así como las organizaciones Alpha-66, Omega-7, PUND, Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) y Hermanos al Rescate. La fiscalía se opuso alegando que: «la defensa pretendía cambiar su juicio en un juicio a los grupos de ‘extremistas cubanos’ exiliados en Miami.»

En esas estaban cuando se produjo el horror de Nueva York. El mismo día, martes 11 de septiembre, los cinco cubanos acusados, repudiaban el crimen. Uno de ellos se ofreció ante las autoridades del penal para donar sangre, y otro pidió a su esposa que le trasladara al pueblo de Cuba, en nombre de todos, la disposición a colaborar en lo que fuera necesario con el pueblo norteamericanoEl presidente norteamericano supo la noticia del desastre en Booker, una escuela de enseñanza elementalen Sarasota, Florida, a 8 kilómetros de un aeropuerto internacional, El Sarasota-Bradenton Airport,pero al rato —un rato bastante largo, según se supo— tomó rumbo desconocido, por 24 horas..

EL SELLO DECIMOPRIMERO

Las investigaciones oficiales por los sucesos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, desde el mismo día de sus inicios, comenzaron a generar polémica, y aún levantan suspicacia.

Muchas visiones alternativas siguen apareciendo, entre las cuales se destaca el polémico e inquietante análisis del periodista y escritor Thierry Meyssan —autor de La gran impostura yPentagate, quien parte del porcentaje de los estadounidenses que duda de la versión oficial.

Para algunos, Osama Bin Laden sigue siendo el demonio en la Tierra, para otros un nuevo Salah‘din quien escogió como «víctima arquitectónica de su terror teatral» a las Torres Gemelas. Para no pocos, el saudita —ciertamente una creación made in USA, como los talibanes y Al Qaeda— está bajo resguardo norteamericano, como la última carta de la baraja.

Según un memorando confidencial de los agentes del FBI, de Fénix (Arizona), a mediados del 2001 se apremiaba la investigación sobre árabes inscritos en escuelas de aviación estadounidenses de Florida. Sin embargo, el director de la Oficina Federal de Investigación y el presidente estadounidense, George W. Bush, consideraron explícitamente que ese informe no hubiera llevado a prevenir los atentados.

Todavía hoy se escucha el eco de la petición de un grupo de senadores exigiendo una investigación independiente sobre el FBI, ante los errores de las investigaciones en el caso del atentado de Oklahoma, el caso de espionaje de Richard Hansen y los asaltos de Rubby Wright y Wacco, pues «en las mentes de demasiados estadounidenses la agencia se ha vuelto inmanejable, no asume responsabilidad y ya no es confiable», dijo el presidente de la Comisión Judicial del Senado, Patrick Leahy.

El presidente de Estados Unidos insistió durante mucho tiempo que una investigación independiente del gobierno distraería la atención de su cruzada contra el terrorismo. Alrededor de mil 200 extranjeros fueron arrestados y encarcelados en secreto desde entonces, según Human Rights Watch de Estados Unidos.

EL DÉCIMO SELLO

El sábado 12 de septiembre de 1998 a las 5.30 de la mañana —dos años, 364 días, 18 horas y 14 minutos antes del derribo de las Torres Gemelas—, en un operativo del Buró Federal de Investigaciones eran detenidos diez supuestos miembros de una red de espías cubanos y eran conducidos al Headquarter del FBI en Miami. Después de varias horas de «convencimiento» a colaborar y traicionar, a cambio de ciertas promesas, presiones y chantajes, con cinco no lo consiguieron y fueron llevados en autos al Federal Detention Center (FDC), en el corazón mismo del Downtown miamero. El Jefe del FBI del territorio —desde el mes de mayo de ese año—, era Héctor Pesquera, quien velozmente avisó del arresto a Ileana Ross Lehtinen y a Lincoln Díaz-Balart, dos de los más encarnizados enemigos de la Revolución cubana.

Tres meses y veinte días antes, las autoridades de la «seguridad cubana» (DSE), en un intercambio con el FBI habían entregado un enorme dossierEl informe del DSE cubano constaba de230 páginas, cinco videocasetes con conversaciones e informaciones transmitidas por las cadenas de televisión sobre acciones terroristas contra Cuba y ocho casetes de audio, ascendentes a dos horas y 40 minutos, sobre intercambios telefónicos de terroristas centroamericanos —detenidos en Cuba— con sus mentores en el exterior. En los documentos aparecían repetidamente nombres deindividuos de origen cubano conocidos por sus actividades terroristas contra Cuba. sobre las actividades terroristas contra Cuba. El FBI reconoció estar impresionado por la abundancia de las pruebas… y sumaron dos más dos: el resultado fue el operativo contra los infiltrados en las bandas terroristas, pandillas que todos conocían y que maniobraban desde Centroamérica y desde el mismo Estados Unidos.

Transcurrido menos de un mes —2 de octubre de 1998— y sin conocer aún la verdadera identidad de tres de los acusados, se radicaba la causa ante un Jurado Federal que instrumentaba un proceso judicial por actos de espionaje, conspiración, confabulación para cometer actos de espionaje y de ser agente extranjero.

El Procurador estadounidense de Justicia opinaba, poco después del veredicto de culpabilidad, que todo era una «victoria para los derechos de los ciudadanos de este país.» En la Fundación Cubano Americana, en las sedes de las organizaciones terroristas —entre ellas las tristemente famosas CORU y Patria y Libertad— y en los círculos reaccionarios de Miami, los brindis por el remate debieron parecer una mezcla de Hallowen con Thanks Giving day. Las voces de ciertos individuos cuyos nombres aparecían en cierta lista del FBI —lista a la que no pudo acceder la defensa de los inculpados—, se oyeron más altas.

EL NOVENO SELLO

El 21 de septiembre de 1976 —25 años antes del derribo del WTC— una bomba colocada en un automóvil, en pleno Washington, D.C., mataba a dos personas: el chileno Orlando Letelier del Solar, de 44 años, ex embajador del Gobierno del presidente Allende ante los Estados Unidos de Norteamérica, y a cargo —13 días antes del golpe fascista— del Ministerio de Relaciones Exteriores y de Defensa, donde el único civil era el propio Ministro. El estallido le produjo la amputación traumática de sus extremidades inferiores y muerte a causa del desangramiento inmediato. Moría también su secretaria, la norteamericana Ronnie Moffitt, de 25 años, perteneciente al Instituto de Estudios Públicos, quien falleció por aspiración de sangre, laceración de la laringe y de la arteria carótida derecha.En el vehículo viajaba también el cónyuge de la Moffitt, Michael Moffitt, quien milagrosamente salvó la vida.

Entre los asistentes al funeral de Letelier estaba el entonces embajador cubano en Naciones Unidas, Ricardo Alarcón de Quesada: «Fue especialmente doloroso asistir (…). Prometí entonces no descansar hasta que se hiciera justicia en su caso.»

La justicia norteamericana ante la significación del hecho inició investigación que debió sacar en claro tres conclusiones: «la participación en el asesinato —tanto en su planificación como en su ejecución—, de agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional de Chile (DINA)»; que estaban involucradas «las más altas autoridades de ese servicio de Seguridad chileno»; y que en la ejecución del crimen se contó con la «ayuda de miembros de una agrupación clandestina anticastrista de los Estados Unidos, quienes ayudaron tanto en la confección como en la colocación de la bomba que haría estallar el vehículo de la víctima».

Pero tales y tantas evidencias eran al parecer incómodas: se encontraban comprometidos agentes chilenos en él, se efectuaron en el propio Estados Unidos y algunos participantes anticastristas recibían apoyo «oficioso» de la Casa Blanca.

El aparataje secreto norteamericano tomó nota —hechos, circunstancias y nombres— y se guardó el documento.

EL OCTAVO SELLO

La asonada pinochetista del 11 de septiembre de 1973 —también un martes y tres años antes de la muerte de Letelier— fue ciertamente el peor de los colofones de una conjura siniestra y macabra, que a su vez generó otras conjuras, no menos siniestras.

Meses antes, el éxito de la Unidad Popular Chilena en torno a Salvador Allende era demasiado notorio, y tanto que el Embajador de los Estados Unidos, Edward Korry, recomendó una urgente operación secreta de la CIA para preparar un preventivo golpe de estado.

Se asegura que Henry Kissinger, secretario de Estado de USA, había declarado entonces: «no veo por qué tenemos que mantenernos al margen y observar a un país convertirse en comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo.»Un supersecreto «Comité 40» —presidido por el propio Kissinger, junto con representantes del Departamento del Estado, de la CIA y del Pentágono—, valoraron una intervención electoral masiva, pero él y el director de la CIA, Helms concluyeron que probablemente provocaría una fuerte reacción. Como viejos zorros en políticas e intrigas, sacaron en claro que la asonada militar era contraproducente antes de las elecciones.

Sencillamente era necesario más tiempo.

COMO EN LAS LEYES DEL UNIVERSO…

Una junta creada en Chile el 25 de abril de 1990, llamada Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, investigó las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar. De aquel período —11de septiembre de 1973 hasta el 11 de marzo de 1990— recopiló datos para un dossier.La comisión, conocida popularmente como la Comisión Rettig, estudió abundantes antecedentes—incluido el caso Letelier—, en Chile y en el extranjero.

Uno de los más conocidos de la junta militar chilena, el general en retiro Manuel Contreras, ex director de la extinta Dirección de Inteligencia Nacional, en los últimos años ha proporcionado abundantes declaraciones a la Corte Suprema de Chile y a la Justicia Federal de los Estados Unidos, según las cuales «el subdirector de la CIA, general Vernon Walters, informó al Presidente de la República de Chile (Augusto Pinochet)Era la primera vez que el exgeneral Contreras imputaba directamente a Pinochet como responsable del asesinato del excanciller chileno, aunque no era la primera ocasión en que se refería a la participación de la CIA. Esa pista siempre fue desechada por los tribunales chilenos, que consideraron que era una mera estrategia de Contreras para eludir la responsabilidad de la DINA. que Orlando Letelier constituía un peligro para los Estados Unidos, ya que informaciones obtenidas por la CIA establecieron que se había comprobado que trabajaba como espía de la KGB dentro del territorio de los Estados Unidos» (…) y que «De acuerdo con lo planificado en la reunión de Bonao, en República Dominicana, y a la previa concertación del subdirector de la CIA con el Presidente de Chile, este último dispuso en forma personal, exclusiva y directa la acción de (...) Michael Townley en contra del señor Orlando Letelier del Solar, ordenándole a Townley partir a los Estados Unidos en septiembre de 1976 y dar cumplimiento al plan que se había elaborado en mayo de 1976 en República Dominicana».

Existen testimonios publicados en la prensa norteamericana de estos días que refieren que en una reunión del CORU, en junio de 1976, celebrada en República Dominicana y presidida por Bosch, acordaron muchas fechorías: incluido el asesinato de Letelier y la voladura de un avión cubano.

Según un memorando dirigido al entonces secretario de Estado Henry Kissinger, con fecha 18 de octubre de 1976, se asegura que… «Después de la llegada de Bosch a Caracas en septiembre, él declaró durante una cena para recaudar fondos que “ahora que nuestra organización ha salido del trabajo Letelier con una buena imagen, vamos a tratar algo más”. Se le atribuye a Posada Carriles una frase monstruosa dicha días después, “nosotros vamos a golpear a un avión civil cubano y Orlando (Bosch) tiene los detalles”.»

Un documento del FBI del 2 de noviembre de 1976 da cuenta de contactos en Chile, un año antes, entre Bosch, Guillermo Novo y gente de «Patria y Libertad», de los que resultó el acuerdo de asesinar a Letelier. El National Security Archives, una agrupación de la Universidad George Washington, ofrecíaen su sitio web varios documentos desclasificados demostrativos de los crímenes y la relación de Orlando Bosch y el CORU con el asesinato de Orlando Letelier. Muchos de los implicados se pasean por las calles de Estados Unidos.

A pesar de las suficientes evidencias a favor de los cinco cubanos, y de que hace algo más de un año una Corte de Atlanta desestimara una buena parte de las decisiones del juicio contra ellos, siguen encarcelados, sin que nada haya cambiado.

Por lo demás,hoy el mundo ha cambiado para peor.El terrorismo «individual», el provocado por «agrupacionesfundamentalistas» y el «de estado» siguen siendo una rajadura en la caja de Pandora.

Lo ha definido perfectamente Noam Chomsky, el conocido pensador norteamemericano: «los sucesos del 11 de septiembre en Estados Unidos, representan un golpe devastador para las negociaciones palestino-israelíes.» A solo dos lugares en este mundo convienen estos resultados.


El presidente norteamericano supo la noticia del desastre en Booker, una escuela de enseñanza elemental en Sarasota, Florida, a 8 kilómetros de un aeropuerto internacional, El Sarasota-Bradenton Airport, pero al rato —un rato bastante largo, según se supo— tomó rumbo desconocido, por 24 horas.

El informe del DSE cubano constaba de 230 páginas, cinco videocasetes con conversaciones e informaciones transmitidas por las cadenas de televisión sobre acciones terroristas contra Cuba y ocho casetes de audio, ascendentes a dos horas y 40 minutos, sobre intercambios telefónicos de terroristas centroamericanos —detenidos en Cuba— con sus mentores en el exterior. En los documentos aparecían repetidamente nombres de individuos de origen cubano conocidos por sus actividades terroristas contra Cuba.

Era la primera vez que el exgeneral Contreras imputaba directamente a Pinochet como responsable del asesinato del excanciller chileno, aunque no era la primera ocasión en que se refería a la participación de la CIA. Esa pista siempre fue desechada por los tribunales chilenos, que consideraron que era una mera estrategia de Contreras para eludir la responsabilidad de la DINA.

 

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Actualizada: 21 de septiembre/2006