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Actualizada: 28/03/2005

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Estados Unidos no es el enemigo, afirma la esposa de Gerardo

Por Yurién Portelles

Con 32 años, Adriana Pérez Oconor ha visto aplazado varios de sus proyectos individuales como el de ser mamá y poder compartir su vida en matrimonio como una pareja normal. Su esposo desde hace 16 años, Gerardo Hernández Nordelo, permanece encarcelado en Estados Unidos, luego que un tribunal de Miami lo condenara sin pruebas que respalden la envergadura de las penas.

A sus 37 años, este joven, según la sentencia dictada, deberá cumplir dos cadenas perpetuas y otros 15 años, supuestamente por atentar contra la seguridad nacional de ese país y otros cargos, cuya gravedad manifiesta no pudieron argumentar ni los mismos miembros del tribunal en un amañado juicio en los albores del siglo XXI.

Adriana ha quedado sola en La Habana, mientras su compañero de la vida permanece tras las rejas de una prisión en Lompoc, California. Ella, sin embargo, ha decidido proseguir su relación de pareja porque está convencida de que él no es ningún terrorista, y si marchó alguna vez a los Estados Unidos no fue para hacer daño a nadie, sino para hacer el bien a los dos pueblos.

El no tenía enemigos, asegura, y mucho menos el pueblo norteamericano, que no es el enemigo de su esposo ni de sus compañeros presos, los enemigos de Gerardo son esas personas con quienes el buscó información para proteger a los cubanos y a los mimos norteamericanos,. Esas personas también serían los enemigos de cualquier ciudadano o pueblo que vea amenazada la independencia y el derecho a la soberanía de su país.

"Por eso, Gerardo expresa que en algún momento del proceso encontrarán justicia, porque hacían algo justo para nosotros y también para los mismos estadounidenses".

Su historia personal es muy rica y llena de anécdotas, y a través de ella se puede conformar su personalidad. Lo que más le gusta a Gerardo es reunirse con amigos y familiares, al decir de su compañera en la vida.

"No puede ser terrorista una persona que odia ese tipo de acciones, quien siempre esté rodeada de otras que le quieren, y tiene un gran número de amigos verdaderos, no levanta la voz aunque esté en desacuerdo con las ideas planteadas, se esmera para que los demás logren despejar sus penas, levanten su estado anímico y sean felices".

Un día, cuenta, estaba participando de una fiesta familiar en casa de Adriana y de pronto ella lo descubre conversando animadamente con una vecina que padecía de ciertos trastornos psíquicos. La mujer lo invitó a fumar un cigarro y Gerardo, sin tener ese vicio, accedió muy natural.

"Le requerí por fumar y me respondió: ¡Qué importa, tú no ves que ella necesitaba conversar", lo cual da la medida de una forma de ser, que ha mantenido, incluso, en la cárcel, donde se ha ganado el reconocimiento de la comunidad penal y ahora le consultan problemas, situaciones, temas y hasta le llaman "el licenciado".

En la cárcel de Miami, Gerardo conoció a un cubano que había perdido a sus familiares en ese país y estaba asfixiado -así le llaman a quienes apenas pueden mantener un equilibrio psíquico y emocional-, y por intermedio de Gerardo y de familiares de Adriana en Cuba logró recuperar el contacto con una hermana, quien ya no vivía en la isla y había emigrado hacia Estados Unidos en los últimos años.

"Finalmente el muchacho pudo comunicarse con su hermana, y después vino a donde estaba Gerardo y no tenía palabras ni gestos cómo agradecerle, e incluso le trajo regalos que él no quiso aceptar, simplemente porque era natural en él comportarse así, pero lo más triste, según me contó, es que le enseñó las marcas que tenía en sus brazos de las veces que intentó suicidarse por no tener una razón para vivir".

"Consideraba a Gerardo como la dicha más grande en esos años y como que Dios lo había colocado en su camino para que lo ayudara. Otros presos vinieron a darle las gracias por ese gesto tan humano, y yo sé que él lo hizo porque está acostumbrado a esas cosas, es un solidario innato.

El convencimiento de Adriana de que su esposo no es ningún asesino, como se ha manipulado por alguna prensa norteamericana, está dado, dice, "no sólo porque sea su esposa y cubana, sino porque esos hombres fueron a ese país a proteger al pueblo cubano y al estadounidense, y lo hubieran hecho con cualquier otro que se sintiera amenazado".

Precisamente, ella compartió con Gerardo los dos años de su estancia en la República Popular de Angola, a donde marchó a "cumplir un deber patriótico" nada menos que el día antes de su primer aniversario de bodas.

En ese país africano, narra, le impactaron los niños, su modo de vida, las diferencias entre el sistema social en aquel país y el de Cuba. Allí vio morir a compañeros de lucha, angolanos y cubanos, y veía como una necesidad muy fuerte la posibilidad de apoyar a ese pueblo, y a cualquier otro en su independencia.

A tantos años de separación sólo es posible sobrevivir, según Adriana, por las bases sólidas en que fundaron esa relación, que se alimentó de cosas buenas, y malas también, porque encontrar en una persona con todas las cualidades humanas que las de Gerardo no es fácil.

Además de ser un hombre excepcional, solidario, de detalles, cariñoso, familiar, halagador, su esposa asegura que no hace nada en cuanto a tareas hogareñas y que es muy desorganizado en casa, aunque hace muchas cosas a la vez y las va terminando según su prioridad, pero siempre las termina con buenos resultados.

"Adora a su familia, a su madre, sobrinos; es casero, creativo y por eso el amor nunca cae en la monotonía. Tiene un carácter excelente pero cuando se pone bravo, ¡se pone bravo!, aunque le cuesta mucho trabajo llegar a ese límite.

"Un día me dijo: si tuvieras la lámpara de Aladino y pudieras pedir algo, qué defecto mío tratarías de mejorar, ¡pero procura que no sea físico, porque el mago tendría que pasar mucho trabajo!".

El mundo interior de Gerardo, al decir de su esposa, es muy rico y eso lo alimenta para sobrevivir a las circunstancias más extremas. El sabe que su familia lo estima y apoya, le brinda el mismo amor de siempre, y más aún en sus condiciones actuales, porque saben que es totalmente inocente.

Para Adriana, el simple hecho de sentirse útil en la sociedad no fue sólo lo que lo llevó a aceptar el cumplimiento de la misión de recopilar información sobre planes terroristas contra Cuba, porque esa decisión guarda estrecha relación con los sentimientos de identidad con su sociedad que se tengan, las cualidades como ser humano, la experiencia personal, la preparación integral del individuo, que le dan la posibilidad de aceptar esa misión sin pensar en más nada, ni siquiera en los riesgos.

"Tanto para él como para mí hay hechos en la historia que marcaron nuestras vidas, como fue el atentado a la nave aérea de Cubana de Aviación en 1973, en que murieron las 73 personas a bordo. En su alegato él expresa que hubiera dado incluso su propia sangre para evitar la muerte de miles de cubanos por acciones terroristas a lo largo de 43 años de Revolución".

"El siempre ha estado dispuesto a eso, lo dice en sus cartas, por teléfono, y de hecho lo hizo, porque esa es una forma de ayudar a tu país, de mantener lo que con tanto sacrificio se ha logrado en esta sociedad, a cambio de nada material porque cuando uno asume un compromiso con uno mismo no piensa en más nada".

"Cuando haces un bien y estás viendo el resultado, nunca es un sacrificio. ¿Cuántos cubanos no pospusieron sus sueños, cuántos lo hacen en estos momentos, y cuántos lo harán por entregarle a su país una mejor sociedad?. Muchos quedaron a lo largo del camino, fueron a cumplir misiones internacionalistas y murieron, y sus sueños quedaron allí, y los de sus hijos y los de sus familias también, y sin embargo fueron con el convencimiento de entregarse a la causa de un pueblo".

"El título de Héroe de la República de Cuba, que le fue conferido por el Parlamento cubano, y la orden Ana Betancourt que se me entregó a mí, no nos harán cambiar. Queremos ser los mismos de siempre, porque si cambiamos, defraudamos a todas las personas que nos quieren, nuestros amigos y familiares, al pueblo cubano que tantas muestras de solidaridad nos ofrece donde quiera".

"Aunque nuestro futuro y el presente mismo se han visto limitados, prácticamente encerrados, soñamos con como rehacer todo lo que dejamos a mitad de camino, tener hijos, reunirnos con nuestros amigos, hacer nuestras cenas y fiestas, seguir romanceando y enriqueciendo nuestro espíritu, porque si dejamos de soñar, entonces hemos comenzado a morir!.

Tomado de Prensa Latina

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