GERARDO ES INCAPAZ DE MATAR A NADIE, AFIRMA SU MADRE CARMEN NORDELO
Por Yurién Portelles
En la foto de su boda parece una actriz de los años 50 del siglo pasado. El apuesto novio recuerda a un famoso cineasta de esa época. Pareciera que estaban posando para una película, pero sólo comenzaban a construir una bella familia, a la que se sumaron tres hijos deseados.
Cuando las niñas tenían ocho y 10 años, un 4 de junio de 1965, nació el varón esperado, Gerardo Hernández Nordelo, a quien su feliz familia le depositó todo el cariño que merece una criatura venida al mundo.
Pasaron los años, y el niño Gerardo fue creciendo en los valores humanos que puede transmitir una familia sólida. Con el tiempo, a Carmen Nordelo, su mamá, le cuesta trabajo recordar las travesuras de sus tres hijos. El implacable reloj biológico y los duros golpes de la vida suelen jugarle una mala pasada a la memoria, pero algo se conserva siempre, en medio del dolor más profundo.
Tras la muerte de su inseparable esposo, vino la noticia del arresto de su hijo en Estados Unidos, y en medio del torbellino, fallece su hija mayor en un accidente aéreo. A la vista se muestra ecuánime, pero el dolor no se ve. Se sobrepone para que su hijo la vea “firme y en primera fila”.
Al ser procesado junto a otros cuatro cubanos por un tribunal de Miami, Gerardo fue condenado a dos cadenas perpetuas y otros 15 años por varios cargos de extrema gravedad, entre ellos conspiración para cometer asesinato, debido al derribo en Cuba de dos avionetas de matrícula estadounidense el 24 de febrero del año 1996 que sobrevolaron el espacio aéreo de la Isla ilegalmente.
Mientras él guarda prisión en Estados Unidos, acá en La Habana su madre está segura que es injusta esa condena porque desde muy niño, él sólo se dedicó a estudiar y a prepararse “y sería incapaz de cometer nada en perjuicio de los demás”.
Carmen recordó que durante su infancia, dos maestras viejitas la visitaron para comentarle que ningún niño era como su hijo, quien mientras el resto jugaba pelota y sólo las saludaban, Gerardo venía y las ayudaba con el bolso y se lo llevaba hasta su casa”.
“Siempre fue muy atento y muy servicial con todas las personas. El otro día que hablamos él me dijo entre risas: ¡Por eso me dicen que no sé jugar pelota, porque yo me ponía a cargar bolsos!.
Muy pequeñito aún se ponía a ayudar a su papá cuando estaba arreglando el jardín y él iba y botaba la hierba, y si su papá tenía que salir en el auto, lo acompañaba aunque fuera a un lugar cercano.
Cuando empezó a crecer, narra Carmen sosegadamente, Gerardo participaba en concursos de caricaturas, y la gente me preguntaba cómo era posible que siendo tan serio tuviera tanto humor.
Primero obtuvo una mención y luego se fue embullando y ya después comenzaron a publicarles sus caricaturas. ¡Se le ocurrían cada cosas!. Pero también era cariñoso y, sinceramente, no te puedo decir que se enojara por algo. Siempre fue muy querido y lo es todavía. En el barrio siempre preguntan por él, todos están atentos al proceso judicial y se muestran solidarios.
-“Hace poco vino una maestra de primaria, hacía cantidad de tiempo no lo veía y me dijo que le mandara un beso. El fue muy querido, estudioso, responsable. Salía con sus amigos, jugaba pelota, iba a la escuela al campo, y cuando terminó el bachillerato obtuvo la carrera universitaria de Relaciones Internacionales.
En la Universidad, Gerardo era un activo integrante de la Federación Estudiantil Universitaria, estaba en el grupo de teatro de la escuela, editaba un boletín, hacía sus caricaturas y las publicaba en un periódico nacional de humorismo, a la vez que proseguía sus estudios superiores.
Al concluir la carrera, marchó voluntariamente a la República Popular de Angola como combatiente internacionalista. Carmen recuerda que “él se sentía orgulloso. Me decía: vengo bien, no te preocupes. Me estimulaba mucho”. Decía, cuenta Carmen, que estaba cumpliendo con un deber patriótico.
Cuando la vista de sentencia en el caso de Gerardo y de otros cinco cubanos acusados de atentar contra la seguridad nacional de Estados Unidos por un tribunal de Miami, esta señora de 69 años procuró no preocupar a su hijo con alguna lágrima en sus ojos.
-“Cuando me vio fuerte, que no lloré, me dijo: Mami, estoy orgulloso de ti, te veo firme, siempre en primera fila”.
-“Quizás el pensaría que me iba a ver sufriendo, llorando, pero me puse fuerte, y me dijo también: tú cuídate, que lo peor que me pueda pasar es enterarme que te ocurra algo malo”.
Siempre ha sido así. Cuando hace 10 años murió su papá, él estaba en Cuba, pero cuando perdió a su hermana, no. El adoraba a su padre, es muy buen hijo, y cuando supo lo de la muerte de la hermana, imagínate cómo se puso. ¡No es fácil!. Me apoyaba, y me daba ánimos.
Aquí en el reparto donde vivimos, los vecinos preguntan por él. Yo se lo comenté y el respondió: Mami, eso ha sido mundial. Recibí una postal desde San Francisco, California, con 40 firmas de personas de distintos países en solidaridad con nosotros.
- ¿Qué le dice Gerardo de su trabajo en Estados Unidos
-“Ellos están satisfechos. Ven que su actitud es reconocida en el mundo. No se arrepiente porque estaba cumpliendo con un deber, y yo estoy segura que él es incapaz de hacer nada contra nadie.
-“No es un traidor, de eso vivo convencida. Siempre fue muy cariñoso, buen hijo. Y como madre tengo el dolor profundo de saber que está en esas condiciones un joven que dedicó su vida a estudiar, a ser una persona responsable, y que esté pasando eso mientras están sueltos los bandidos”.
Con voz entrecortada, pero sin lágrimas en los ojos, Carmen afirma: “Sé que es incapaz de matar a nadie. Imagínate que dejaba de jugar para ayudar a unas viejitas”.
Sobre las marchas y manifestaciones realizadas en Cuba para exigir su liberación y la de sus compañeros, a quienes el Parlamento cubano les confirió el título de Héroes de la República a fines del año 2002, Gerardo le comenta a su mamá que “es muy grande todo, y no hay palabras para expresar su satisfacción”.
-“Está satisfecho del apoyo recibido desde Cuba y de su trabajo en ese país para recopilar información sobre planes terroristas. No se arrepiente de nada, él tiene la esperanza de que en la apelación fuera de Miami pueda haber un proceso justo y sé que volvería a hacer lo mismo para averiguar planes terroristas contra su país”.
-“El abogado, dice Carmen, me dijo que estaba admirado de esos cinco jóvenes, quienes a pesar de sus condiciones están firmes y no se doblegan”.
-“El me dice: Tú verás, al final todo se va a resolver”.
Tras serles conferido el título de Héroes de la República a Gerardo y a sus cuatro compañeros, Carmen y el resto de las madres y esposas recibieron las condecoraciones Mariana Grajales y Ana Betancourt en un acto solemne transmitido en vivo a la nación el 8 de marzo del 2002, en el Día Internacional de la Mujer.
Carmen, que considera tal distinción como un orgullo, dice que su hijo le afirmó “Mami, yo siempre supe que tú eras una Mariana (madre de varios luchadores por la independencia en el siglo XIX), pero ahora se confirma tu condición”.
-“Imagínate, es un orgullo muy grande para nosotros haber sido condecoradas, y para ellos también, porque se han sacrificado ellos y su familia”.
-“Sólo tengo que añadir que es una injusticia muy grande, porque ellos son inocentes. Y en su juicio hubo personas en la misma sala que se solidarizaron con ellos, incluso en la cárcel él dice que recibe un trato respetuoso de los agentes”.
Tomado de Prensa Latina