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NUESTRO CREDO
Por Marietta Manso Martín
OTRO CUATRO DE ABRIL
Pasan y pasan los días, muchas veces sin darnos cuenta, hasta que alguien nos recuerda que ya está cerca otro aniversario de la organización que reúne a lo mejor de la juventud cubana.
La primera reacción puede ser el pensar que existe una equivocación, pues todavía recordamos el último acto; pero créeme que eso ocurre porque andamos tan de prisa que en ocasiones ni tiempo tenemos para detenernos a pensar en la fecha. Y eso es bueno, pues da la medida de cuánto le dedicamos a la sociedad.
Desde su fundación, la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) ha estado en primera fila en la defensa de la Revolución. Las tareas han sido múltiples y siempre se han cumplido, y este es el mayor orgullo de sus miembros.
Por eso a ningún cubano le extraña la confianza en los jóvenes de la dirección del país; al contrario, son los muchachos y muchachas que hemos visto crecer quienes nos alientan con su ejemplo.
Recorriendo rápidamente la biografía de la mayoría de las personas que tienen hoy sobre sus hombros altas responsabilidades, desde el delegado del Poder Popular hasta muchos ministros, vemos con satisfacción que en su momento militaron en la UJC, y no porque ese sea un requisito indispensable para ocupar un cargo, sino porque con sus méritos se ganaron, en su momento, el carné con las efigies entrañables de Mella, Camilo y el Che.
Así ha marchado la juventud cubana desde 1962 y así continúa en este siglo XXI, convulso desde sus inicios, conquistando paso a paso el derecho a permanecer en primera fila, ejerciendo su deber como herederos de hombres y mujeres ilustres no solo por su brillo o destaque, sino porque con su apego a la verdad y al honor han mantenido la tradición mambisa.
Se es militante de la UJC no por llenar un espacio en la biografía, sino por la convicción de que así se logra, como quería el poeta, la independencia de la patria que sus padres les legaron de pie.
Directora
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