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Actualizada: 28/03/2005

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Política

A LA PALABRA DEL MUNDO OÍDOS SORDOS

Por Iliana García Giraldino

La guerra económica de Estados Unidos contra Cuba, causante de pérdidas calculadas conservadoramente en más de 79 mil millones de pesos y de privaciones que laceran la vida cotidiana de los cubanos, constituye uno de los ejes del diferendo entre los dos países y cruda manifestación de la obstinada política anticubana de la Casa Blanca.

La guerra económica de Estados Unidos contra Cuba es un fantasma presente y activo en mercados, transnacionales, organismos financieros, puertos, aeropuertos, negociaciones, cortes jurídicas, firmas bancarias, gobiernos, ministerios, embajadas y en todas partes, con una extrema vigilancia para evitar a cualquier costo resquicios del muro de la prohibición. No es letra muerta, es una persecución implacable que se intensifica.

En mayo del año 2004 el gobierno de George W. Bush arreció el bloqueo a tenor de las recomendaciones de la «Comisión de Ayuda a una Cuba Libre», un proyecto público de injerencia imperial en otro país, con subversión incluida, dirigido a acabar con la Revolución Cubana y establecer un procónsul yanqui.

En el ángulo económico limita las posibilidades y el monto de las remesas desde Estados Unidos a la Isla, con «recompensas»prometidas a quienes delaten a los violadores de las nuevas regulaciones, junto a anunciadas operaciones encubiertas de agencias federales.

Otras muchas medidas ha adoptado la Casa Blanca con la pretensión de asfixiar a Cuba, como más restricciones de los viajes a la Isla, y la negativa de visas a académicos, deportistas, artistas y otras personalidades cubanas (el sonero Ibrahím Ferrer, ganador de dos premios Grammy, aún se está riendo del pretexto de las autoridades estadounidenses que le impiden ingresar a ese país porque es «terrorista»).

El estadounidense Michel Mc Carthy y su esposa Andrea fueron llamados a la Corte y escucharon la recomendación de la Oficina de Control de Activos Extranjeros de imponerles una multa de nueve mil 750 dólares. Delito: viajaron a Cuba para distribuir medicinas mediante un programa con la Iglesia Católica.

Los ejemplos citados fueron escogidos al azar, pues innumerables pliegos serían necesarios para recoger todos los casos, que van desde el ridículo de no venderle un cartucho de impresora a una embajada cubana (empresa Hitachi Printing Solutions Europe, subsidiaria de una compañía de los Estados Unidos, en Irlanda), hasta una multa de cien millones de dólares impuesta a la mayor entidad financiera de Suiza, el UBS AG, por violar las sanciones contra Cuba, o el actuar de inspectores para garantizar que producciones de terceros países destinadas a Estados Unidos no contengan níquel cubano.

Sin embargo, es el pueblo de la Isla el que ha sufrido día a día durante más de 40 años las consecuencias de esta política inmoral dirigida a evitar la entrada de alimentos, medicinas, equipos y tecnologías, y a impedir por todas las vías —incluidas medidas extraterritoriales— el ingreso de divisas. De acuerdo con la Convención de Ginebra para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, de 1948, el bloqueo califica como tal.

¿Ejemplos de los efectos locales? Podría preguntarse particularmente al 70 por ciento de los cubanos que han nacido y vivido bajo las presiones, limitaciones y penurias provocadas por el engendro estadounidense, violador de las leyes internacionales y de su propia Constitución.

Solo una muestra: La adquisición de los citostáticos para niños con cáncer es obstaculizada porque las transnacionales estadounidenses han comprado los laboratorios farmacéuticos que tenían contratos con Cuba, mientras la firma inglesa OXOID interrumpió sus suministros de reactivos de laboratorio a causa de que el accionista principal pasó a ser una firma con intereses norteamericanos.

Pero esta historia surgió mucho tiempo atrás. Ya el 30 de agosto de 1961, Richard Goodwin, asesor para los asuntos de Cuba, en un memorando dirigido al presidente John F. Kennedy señalaba: «Debemos intensificar nuestra vigilancia del comercio cubano con otros países y especialmente subsidiarias norteamericanas en terceros países; para emplear métodos informales que se ocupen de la desviación de este comercio, privando a Cuba de mercados y fuentes de abastecimientos».

En todos estos años la Revolución y el pueblo han tenido que generar su obra en medio de la constante agresividad de Estados Unidos, intensificada con la administración W. Bush. No obstante las trabas impuestas por el bloqueo, el país, con esfuerzo y sacrificio, ha avanzado, crecen los programas y la justicia sociales, y marcha hacia la invulnerabilidad económica con proyectos promisorios.

Pero, ¿cuánto más no hubiese adelantado el país sin el bloqueo? ¿Cuántas dificultades que agobian a los cubanos diariamente se evitarían, al igual que las angustias, en la búsqueda desesperada de un medicamento imprescindible?, ¿Cuánto hubiesen mejorado la alimentación y las condiciones de vida de haber tenido a disposición los más de 79 mil millones de dólares perdidos por la genocida política?

La demanda de eliminar el bloqueo crece internacionalmente y en los propios Estados Unidos. En octubre del año 2004 por decimotercera ocasión consecutiva, en la Organización de Naciones Unidas el mundo condenó la coercitiva medida, con una abrumadora votación en respaldo a la Isla de 179 países y la oposición de cuatro: Estados Unidos, Israel, Islas Marshall y Palau.

La Casa Blanca sigue haciendo caso omiso de la Resolución contra el bloqueo más prolongado de la historia. No es de extrañar en una potencia que, ignorando a la ONU, invade a otro país, impone la muerte y tortura a los prisioneros, en la continuación de una bochornosa historia imperial.

-Fuente consultada: Resolución 57/11 de la Asamblea General de las Naciones Unidas «Necesidad de poner fin al bloqueo, económico, comercial y financiero impuesto por los  Estados Unidos de América contra Cuba».

 

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