|
BÁRBARA GARCÍA UNA MUJER CON CORAJE
Por Hilario Rosete Silva
Fotos: Cortesía de Nancy Reyes
De nuevo la escena de la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana causó impresión de plenitud: en una tarde de domingo, la humanidad de Bárbara García, una de las cuatro primeras bailarinas en la actual plantilla de categorías del Ballet Nacional de Cuba (BNC), se desdobló en partes, múltiples e iguales, para dar vida a Kitri, la hija de un posadero castellano en la España ocupada por Francia a inicios del siglo XIX.
Los juicios del crítico Eric Taub, que como apostillas rematan una biografía de la bailarina publicada en el sitio web del elenco criollo, cobraron vigor con este cercano y rayano Don Quijote: «Bajita, fiera, traviesa, pendenciera... ¿Qué se puede decir de una muchacha que dos segundos después de hacer su salida se destapa con una pirueta cuádruple?»
Baby es santiaguera por nacimiento, y por sus estudios del nivel elemental de ballet, y camagüeyana por sus cursos del nivel medio, su título de bailarín- profesor (1985), y su ingreso en el Ballet de Camagüey, donde bailó durante más de un lustro. La tarde de la mencionada función fue generosa en balances, derrochadora en saltos, y pródiga en giros.
Pudo ser en el primer acto, poco antes de que el Quijote la ayudara a escapar con Basilio, o tal vez en la medianía del acto segundo, después que se casara in articulo mortis con su barbero amado: allí estaba, dando repetidas vueltas sobre sí misma, sin permitir que el pie de apoyo tuviese movimiento propio, impulsándose de una sola vez con todo el cuerpo, con la otra pierna en el aire, ora plegada, ora levantada, ora extendida...
 |
«No es que no existan otras con dotes singulares», confesó su culto por Bárbara el doctor Guillermo Toledo, uno de sus fan, «sino que lo difícil es hallar bailarinas que lo resuman todo; ella es una intérprete íntegra, de un poder técnico impresionante, no hay posturas o pasos que no asuma o ejecute con maestría, la propia posición de en dehors (hacia fuera), principio básico de la danza clásica, alcanza en ella un lucimiento extremo, y otro tanto sucede con sus giros y saltos. Esto se une a su dominio estilístico. No hay un rol donde ella no observe los rasgos propios y el nivel histriónico que exige el papel; tiene potencial para asumir cualquier personaje con una calidad técnicamente impresionante y con un desenfado artístico extraordinario. Uno viene al teatro para apreciar el arte del ballet, para gozar de una obra que reúne música, interpretación, y técnicas de baile, y en ese sentido ella es una bailarina que a los pocos minutos de salir a la escena ya te atrapó, y pasó a deslumbrarte.»
«Sí, el ballet es un arte», redundó Rolando Ferrer, informático y balletómano de la barra de Baby, «insisto en que Bárbara es una artista: encierra calidad interpretativa y virtuosismo técnico, conjuga los dos polos como ninguna otra bailarina cubana del momento.»
UN BRILLO SOSTENIDO
Por cuatro y medio meses Baby se alejó de la escena en el 2005. No se le vio bailar en la reposición de Shakespeare y sus máscaras (junio), ni en los programas de concierto y de homenaje por los 50 años del debut escénico de Loipa Araújo (septiembre). A causa de una fractura de la cápsula del segundo dedo del pie izquierdo, le practicaron una operación, y reapareció, poco a poco, para interpretar la danza española del tercer acto de El lago de los cisnes (Gran Teatro de La Habana, noviembre), el segundo acto del propio Lago (teatro Sauto de Matanzas, diciembre), y el rol del Hada Garapiñada en el grand pas de deux del segundo acto de Cascanueces (de vuelta en el coliseo habanero, la víspera del fin de año).
«Coincido con que es una artista integral», comentó Felipe Morales, experto del Ministerio de Cultura. «Quizás debido a su experiencia, cuando ella sale a escena el espectador siente esa impresión de plenitud; es una bailarina madura; las otras figuras del BNC pertenecen a generaciones más recientes y están por adquirir esa “sazón artística”, por aprehender a cabalidad los estilos: ¡Bárbara García es una bailarina estilista!»
Ahora sí. Corría el célebre pas de deux del acto final, divertissement favorito del público. Allí estaba de nuevo, dando vueltas sobre sí misma, sin permitir que el pie de apoyo tuviese movimiento propio, enfrentando por primera vez desde su intervención quirúrgica, un ballet completo, en tres actos. Todos los días en los ensayos abría y cerraba la coda con el número de pasos que necesitaba, pero aquí su humanidad se resintió y... Hacía unos minutos que ya había concluido el espectáculo, pero su desazón no tenía para cuando acabar...
Es lógico, los bailarines y bailarinas aspiran a la excelencia, les gusta que todo quede bien, que no les falle nada. «¡Esto no me lo puedo permitir!», rumiaba. Pero sus admiradores y compañeros del Ballet, reunidos en la pata del teatro para felicitarla, mirando desde fuera, eran menos verdugos, más razonables: «Esto no resultó, pero, ¿y lo demás? ¿Dónde queda esa gran pantomima bordada? ¿Dónde está tu sonrisa de fille mal gardée? ¿Nos vas a recibir con llanto y fuego? ¿Olvidaste tu recuperación? ¿Sabes a quién no le falla un fouetté? A nosotros, que no los damos, porque no bailamos, y una golondrina no hace verano.»
De los que estábamos allí, solo Miguel Cabrera, historiador del BNC, la vio graduarse del nivel medio: «Conocí a Baby siendo ella alumna de Fernando Alonso, él fue quien la moldeó», le contó a Alma Mater el Historiador. «Fue una coincidencia el que yo estuviese en Camagüey, cumpliendo mi trabajo de divulgación popular de la danza, cuando ocurrió su graduación. Bailó la pieza Adam pas de deux, con la propia música que el compositor Adolphe Adam escribió para Giselle. Esta muchachita me impresionó, era un dechado de virtudes, con una bella línea, con giros, con extensiones, y un brillo y color especial en los ojos, le cambian según la claridad del sol, que aún no ha perdido.
UNA KITRI CON EMPEINE
«Fue primera figura del Ballet de Camagüey, interpretó los roles principales del conjunto de obras que integran el repertorio de esa compañía; luego partió a México, y de nuevo tuve la suerte de coincidir con ella: en la capital azteca, junto a Jesús Corrales, en calidad de artista invitada de la Compañía Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), hizo el Cisne Negro de El lago de los cisnes, en la tradicional temporada que entre febrero y abril tiene lugar en la isleta del lago menor del viejo Bosque de Chapultepec.
«Es una bailarina que enfrentó varias dificultades, pero dicen que el que tuvo, mantuvo, y por eso hoy dio una gran función, con la clase, el buen gusto, y el nivel interpretativo que la caracterizan. Comprobar cómo se recupera después de la operación fue estimulante, espero que la tengamos en el Ballet Nacional de Cuba (BNC) aún por muchos años. Lo más que me interesa destacar de Bárbara es la excelente artista y el ser humano con coraje que ella es.»
A las anécdotas y opiniones de Miguel se sumaron las de Menia Martínez, figura del elenco histórico del BNC: «Yo propuse a Bárbara García para que bailara con el Ballet de Víctor Ullate, una compañía, con sede en Madrid, fundada en 1988 por este bailarín, coreógrafo, maestro y director español. A Baby yo la conocía del Ballet de Camagüey, donde mi compañero Jorge Lefebre y yo montamos varias obras. Ella estaba bailando en México, bajo la tutela de Fernando Alonso: hacia 1992, Fernando había sido invitado por el INBA para dirigir la Compañía Nacional de Danza de ese país.
«Entonces la bailarina española Tamara Rojo dejó el elenco de Víctor Ullate, y yo propuse a Bárbara para cubrir la vacante. En eso Bárbara me llamó por teléfono, qué telepatía, desde Lausana, a donde había ido a ver a un amigo que bailaba con la compañía del coreógrafo y bailarín francés Maurice Béjart. ¡Pero si yo estaba localizándote!, le dije... Víctor se quedó encantado con ella, y me comentó que además de su técnica e histrionismo, Bárbara era de una educación y gentileza tremendas, y cariñosa como pocas...
«En España trabajé con Bárbara en una versión que hizo Víctor para Don Quijote, en Giselle, y en varias obras, hasta que en cierta época Adolfo Roval —otra figura del elenco histórico del BNC— y yo, comenzamos a entusiasmarla con la idea de venir a la Isla y unirse al BNC, compañía con la que ella nunca había bailado. Así enviamos un vídeo de ella bailando El corsario, y tanto a Alicia Alonso como a Pedro Simón, les encantó.
«Cada vez que vengo a Cuba intento verla, la llamo, le hago sugerencias. Cuando yo vuelva a España, le comentaré a Víctor acerca de cómo mejoraron los empeines de Bárbara García; la línea del empeine es la cima estética de la pierna, ¡en aquel tiempo la machucábamos con eso! Yo le dije antes de iniciar la función, ¡olvídate de las piruetas, disfruta el espectáculo, tú eres una bailarina de gran madurez, y debes y puedes mostrar algo diferente.»
Menia no se equivocó: Bárbara García supo mostrar, como dijera el Historiador, la excelente artista y el ser humano con coraje que es. Sin duda, es una suerte tenerla entre nosotros.
|