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EL ARTE QUEDÓ ANCLADO EN UN PARQUE
Por Jennifer Piñeiro Puig y
Tamara Roselló Reina
A las obras que viven fuera de las galerías ha estado dedicada la 9na Bienal de La Habana. Figuras y volúmenes que cobran sentido en entornos urbanos, a la vista de quienes las notan en su ir y venir por las calles. Unas llegan por encargos, otras desde el primer momento son concebidas por los artistas para emplazarlas en un espacio determinado.
Gracias a esa confluencia entre el querer del artista, y el poder transformar un sitio, un barco de carga se ha anclado por tiempo ilimitado, en un parque del capitalino municipio de Playa. Justo en la esquina, donde confluyen las calles 33ª, 33 y 62 quedó lista esta obra del joven artista Alejandro Ulloa Rodríguez.
Pero la elección del lugar para construir y mostrar su arte no fue casual. Alejandro tiene 26 años, y veinte de ellos los ha vivido en esa zona. Sus inclinaciones por las artes plásticas ya no son noticias para los vecinos. Han seguido sus pasos desde su afán por utilizar materiales de desecho y herramientas de trabajo para (re)crear formas, que exhibe en los más insólitos rincones de su casa, hasta las exposiciones personales o colectivas en las que ha participado (en las galerías: Teodoro Ramos, en el Teatro Mella, La Madriguera, el Morro y el Salón de Playa 2005).
La oportunidad de perpetuar su halo artístico en un entorno público llegó un buen día, aproximadamente dos años atrás, cuando el delegado del Poder Popular en su circunscripción, le pidió hacer una escultura para un parquecito –que Alejandro observa desde la ventana de su cuarto.
Pero a él se le antojó que podría aprovechar la semejanza del parque con la proa de un barco y hacer más evidente esa forma, entonces el proyecto creció. “Cuando empezamos a trabajar no teníamos ni siquiera iluminación -recuerda Alejandro-, pero de todos modos la gente del barrio se fue sumando, muchos después de terminar su jornada laboral. Esa interacción con los vecinos, la manera en que se apropiaron de la idea, de la obra en construcción, se volvió lo más importante para mí.”
“Todos contribuyeron, con aportes desde un bombillo para alumbrarnos en las noches, un plato de comida, pedazos de lozas para hacer una estrella náutica, una sugerencia para incorporar o quitar algún elemento, una gestión en el Puerto de La Habana para recuperar de las sombras a un timón, un ancla, unos salvavidas, y hasta la destreza de un albañil, un soldador y un chapista.”
Noche a noche fue cambiando el parque y su entorno. La fachada del edificio del fondo ahora es multicolor, simulando las líneas naturales de un contenedor. Los faroles han vuelto a alumbrar. Las barreras arquitectónicas desaparecieron, y se incorporaron un asta para una bandera, y nuevos bancos, uno de ellos también, con función de proa.
Antes le decían popularmente “el parque de La Tortuga”, ahora lo han rebautizado como “La Barriada”, porque para los que viven en sus alrededores, esa es una manera de demostrar los nuevos sentidos que ha cobrado un espacio que antes anochecía solo, y que poco a poco se ha convertido en un atractivo punto de encuentro para mujeres, niños o ancianos, o para que los hombres jueguen dominó o hablen de pelota.
Alejandro se ha encargado de dejar memoria gráfica y fílmica del proceso de creación de su más reciente obra, que quiso inaugurar a propósito de la presente edición de la fiesta de las artes visuales cubana, minutos que cuentan cómo su obra dejó de pertenecerle, desde que la emprendió, para convertirse en un sueño comunitario, que muestra desde el ámbito local, algunas de esas dinámicas de la cultura urbana.
“La opinión del público siempre me ha importado mucho, por eso me gusta someter a su criterio mis piezas, antes de ponerles punto final.” Pero Alejandro asegura que la experiencia de transformar el parque, de dinamizar con el arte ese espacio local, ha superado todas sus expectativas, sobre todo por lo que le ha aportado en cuanto a las relaciones humanas. Tal vez hasta le haya descubierto -o reforzado- su vocación social, una inquietud que ha plasmado en el arte y que ahora comparte en sus estudios universitarios en el primer año de la carrera de Sociología.
En los días de la Bienal el arte desborda las calles. Los artistas y sus obras se mezclan con los espectadores, les miran sus rostros mientras contemplan las creaciones, escuchan los comentarios, comparten trazos, materiales, opiniones. La gente descubre a su paso elementos nuevos, los interrogan, le buscan sentidos. Pero el parque-barco o el barco-parque que desveló a Alejandro Ulloa y a sus vecinos, será noticia por largo rato, porque cada vez que alguien les pregunte sobre esa esquina, cada uno de ellos tendrá su versión de la historia de una obra artística, que recuerda el esfuerzo común.
Estructura de gobierno a nivel local en Cuba.
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