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LAS CANCIONES SON LAS QUE ME DEFIENDEN
Por Joel García
El trovador abandonó la guitarra solo por dos horas. Y quizás, la asumió con el discurso de la palabra, que es, a veces, también música. Gerardo Alfonso es apasionado con los temas, sin embargo; nunca ha hablado tanto acerca del «más preciado proyecto de su vida» junto a Carlos Varela, Frank Delgado y Santiago Feliú, disfruta la charla. Ideas y anécdotas hacen crecer la entrevista. Crece.
Y así repasamos su vida, calificada por algunos de excéntrica o contradictoria, aunque él prefiere definirla como ecléctica y honesta. No escondió sus criterios sobre el futuro de la trova cubana «que no va morir nunca»; ni tampoco evadió hablar de las canciones que fueron censuradas y hoy graba en discos, en medio de la celebración de sus 25 años de vida artística este 2006.
Gerardo sueña todavía con el Che. Piensa que Sábanas blancas es una canción eterna porque dejó de ser suya hace rato para ser de La Habana, de su gente. En la propia sala de su casa, el trovador dejó la guitarra solo por dos horas. Pero advirtió desde el principio que sus canciones «son las que lo defienden de todo».
Tus inicios en la década del 80 del siglo pasado fueron junto a Santiago Feliú, Frank Delgado y Carlos Varela, un grupo de amigos que a la postre triunfaron como tú. ¿Qué significa esta frase tuya: «la actitud de aquellos años la tengo como mi bandera, si no es así, no quiero otra con ella»?
«Nosotros cuando nos consolidamos prácticamente como un cuarteto —aunque cada cual hacía sus canciones y cantaba en sus espacios—, nos gustaba mucho compartir escenarios y casi la vida. Había un equilibrio entre los cuatro, una democracia, un respeto recíproco a lo que cada cual hacía sin pretensiones de sobresalir. En ese momento no teníamos la menor intención de sentirnos ninguno mejor que el otro. Por lo menos en mi cabeza no cabía.
«Una vez Santiago, por ejemplo, vino con un tema que decía “de pronto, apareció sin darme cuenta…”, una canción superloca, supervanguardista, pero dejó la letra a la mitad porque no se le ocurría nada. Y escribí la estrofa que le faltaba a la canción nada más que para ayudarlo a terminar su canción genial, maravillosa, no para que figurara, Autor: Santiago y Gerardo.
«Y así pasaba con los cuatro, teníamos esa conexión. Frank hacía un tema que parecía importante que tuviera las voces y las guitarras de nosotros y hacíamos la versión para que él la cantara y resaltar así la canción y su resultado. Era un amor a la obra de cada uno, que nos estábamos descubriendo en ese mundo con esas canciones y creíamos estar proponiendo algo más a la cultura cubana a través de ellas.»
¿Cómo sucedió la ruptura de ese cuarteto formidable?
«Las contradicciones en el país se agudizaron. Llegó todo el periodo de la perestroika, el revisionismo soviético, el proceso de rectificación de errores y eso creó en nosotros mucha mella.No sé si un poco porque tuvimos miedo del futuro o porque nos entró el diablo del mejor, del primer lugar, empezamos a separarnos, a ver quién era mejor…
«Había una canción de Carlitos Varela que se llama Estrellita Polar que muy inocentemente manejaba esos conceptos. Decía más o menos así: “era yo el amigo de la estrella polar, la visitaba todas las noches y ahora estamos en el cielo haciendo una colita a la entrada de su coche, para ver quién logra montar primero sobre la estrellita por una noche.”
«Después sucedieron cosas como que Silvio se llevó para Brasil a Santiago a promoverlo y recuerdo que él fue a mi casa como a las dos de la mañana: “Silvio me invitó…”, y me levanté y nos pusimos a conversar y le di consejos: tú tienes que cantar así, y esta canción cántala de pie para que la emoción salga de dentro de ti... Todo eso fue muy bonito, pero ya estaba marcando una diferencia. Y cuando regresó no era igual que nosotros que nunca habíamos ido a ninguna parte. Él era un artista internacional firmado por una empresa.
«Con el tiempo sucedieron muchas cosas, detalles personales que nos fueron creando grietas. Es indiscutible que cuando cuatro personas juntas proponen algo, siempre hay un público que hace una selección y dice a mí me gusta más este por esto, pero lo triste es que esas opiniones llegaban a nosotros con facilidad. Y eso fue creando un resentimiento hasta inconsciente, que va desarrollándose como una especie de cáncer. Y cuando vinimos a ver, ya estábamos cada cual por su lado.»
¿Lo que cuentas es tan duro como para no aspirar a verlos juntos algún día de nuevo?
«Somos como cuatro planetas que no hay manera ni imán que los una. Lo hicimos un día accidentalmente en el homenaje a la trova que se hizo en el Centro Hispanoamericano y después nos quedamos tan contentos, con ganas de hacer otra cosa, que fuimos, compartimos como antes, pero al día siguiente cada cual volvió a su lugar.
«Todavía estoy pensando en qué forma podemos unirnos. Pero si no es con el consenso de que los cuatro somos personas respetables nunca va a poder ser. No es cuestión de romance, sino de respeto hacia la obra y la vida de cada quien. Estoy seguro de que ellos me respetan como yo a ellos, y entre todos nos respetamos, pero hay algo ahí todavía que está medio perverso en el lugar que nos toca. Es la vida.
«Quizás eso sea también un motor en este callejón sin salida que es la música desde una Isla, que nos impulsa a desarrollarnos mucho, pero siempre como individuo, no como colectivo. Y eso es un error. Ese proyecto de los cuatro fue el que me dio toda la materia prima para ser el artista que soy. Es el más preciado de mi vida. Y todavía me alimento de él y pienso que de alguna manera ellos también.»
En aquella época hubo también actitudes que marcaron tu vida como artista. ¿Te arrepientes de alguna de ellas?
«Desde el punto de vista personal hay cosas que no me gusta mencionar porque no tienen sentido. Pero otras puedo explicarlas. Tuve una vida irreverente con todos los patrones, rompiendo moldes éticos a los que la gente estaba acostumbrada y fueron chocantes en las relaciones personales y laborales.
«Hay ejemplos muy obvios. El famoso programa La Rosa y la Espina al que fuimos Santiago, Frank, Carlitos y yo. Pedimos cambiar algunas cosas del set porque veníamos con una propuesta diferente y todo se entendió. Pero en el momento que llegamos a filmar todo estaba igual, no nos habían hecho ningún caso. Protestamos, pero el más radical fui yo que dije que si no quitaban eso me iba. No lo quitaron y me fui. No se pudo hacer el programa como lo teníamos pensado. Eso sirvió para que muchas personas que dependían de nosotros para hacer su trabajo quedaran con la idea de que era un tipo pesado.
«El otro ejemplo fue la promoción y el apoyo de Pablo. En 1985 él llamó a Xiomara Laugart, Alberto Tosca, Donato Poveda y a mí para hacer un proyecto de respaldo. Donato se fue antes de tiempo y no quiso participar. Se suponía que después de esa gira a España y de los conciertos que hicimos en los teatros Chaplin y el Nacional se desprendiera un disco —en la década del 80 nunca pude hacer un disco— y hasta él mismo hizo la promesa de unos instrumentos para que formáramos un grupo. Después de eso pasaron cinco largos años y no sucedía nada en concreto. En 1990 me volvió a llamar para promoción, pero cinco años después no era una promesa, era un hecho. Y me negué.»
¿Has encontrado cómo defenderte ante estas incomprensiones?
«Hay una canción del mismo Pablo que dice: “lo pasado no lo voy a negar, el futuro algún día llegará, y el presente que me importa si siempre van a hablar”. Uno hace cosas y hay gente que lo interpreta de una manera y otros deotra. En los años más recientes, después de las canciones como Son los sueñostodavía; mi actitud ante la batalla por el regreso del niño Elián González y la participación en las Tribunas Abiertas acerca de mi proyección, la gente habló y opinó.
«Contra todo eso lo único que tengo para defenderme son las canciones, ni siquiera mi actitud, porque esta puede modificarse porque uno no es el mismo siempre. Soy en esencia Gerardo Alfonso y, por supuesto, he cambiado, pero tengo un denominador común desde hace 26 años: hacer canciones. Y estas tienen un impacto en el sentimiento y la receptividad de quienes las escuchan. Con ellas me defiendo.»
¿Qué opinión te merece el papel que has jugado en la ofensiva ideológica en la sociedad cubana desde finales de los años 90 del siglo pasado?
«Soy un hombre despierto hasta cierto punto, otras veces no, y por no estar despierto lo suficiente se me han escapado elementos que podrían haber sido importantes. Hay momentos que tú crees que puedes ayudar, que el terreno está fértil para ayudar, para mejorar, como la segunda mitad de los 90.
«Pensé que era necesario apoyar fuerte a la gente, a la juventud, que les hacía falta una canción, una actitud, un respaldo. Y por eso me volqué a hacer lo que hice. La canción al Che es gloriosa porque son los sentimientos que tengo sobre él. Muchos no han sido contados porque no cabían en la canción. Los que cupieron han dado un fruto bueno y han servido de arma de lucha a mucha gente en el mundo, movimientos progresistas, entre otros.
«Luego vino la batalla por el regreso de Elián, legítima porque fue una batalla en la que el padre estaba reclamando a su hijo y si serví de algo me aplaudo por haberlo hecho. Después vino una rutina de lucha ideológica, la cual no era muy fértil ni creativa desde el punto de vista de puesta en escena en la que estuve involucrado. Y ahí comenzó la opinión a reaccionar: qué le pasa a este, que una vez dijo aquello...
«Hay cosas que dije una vez y tienen todavía vigencia, por ejemplo, Paranoico, canción hecha en los años 80. Trato a toda costa de que cada una de las cosas que escribo sea el resultado de lo más sincero de mí. Es decir, busco las palabras para llegar al público, pero eso sí, trato de ser honesto. Es muy difícil encontrar una canción en la cual diga mentiras. Puede ser que diga cosas contradictorias conmigo mismo en otro momento, pero mentiras no.»
A la definición que tú mismo te has dado de ser ecléctico y trovador, podemos sumar ahora honesto.
«Honesto no significa la verdad obvia, ni decirla para que todo el mundo entienda. No. Te doy la verdad y si no la entiendes te lo perdiste y lo entenderás un día cuando tengas un poquito más de poder de análisis, pero estoy diciendo la verdad. Se puede hablar entre líneas, entre versos, con sutilezas, pero decir verdades».
Bob Marley y Che Guevara son íconos que conservas y adoras. ¿Algún otro dentro de la cultura cubana?
«Hay un tipo que me asombra y me deja sin palabras, Miguel Matamoros. Es como un sol que integró, resumió, todo el pensamiento y la idiosincrasia musical cubana en el son. “El son es lo más sublime para el alma divertir”. Dondequiera que tú toques la clave del son los seres humanos se estremecen. Es como un descubrimiento comparado al de Humboldt aquí con nuestra naturaleza, como el de Bill Gate con Microsoft, como cualquiera de esas grandes cosas que la humanidad ha hecho.
«Matamoros hizo esa síncopa del son, tan, tan, tan, tantan, y puso a todas las personas a moverse en cualquier lugar. Vas al polo norte y te sientas con los esquimales que nunca te han visto, con una guitarra y una clave, les tocas un son y ellos empiezan con su ritmo, como lo conciben, a participar. Ante ese acto de Matamoros, que no es una cosa aislada ni vino del cielo, sino una consecuencia histórica de la música que se consumó en su realización artística y creación, me quito el sombrero. «Después hay montones de grandes músicos, Enrique Jorrín, Arsenio Rodríguez,Ignacio Piñeiro, César Portillo, José Antonio Méndez, etc., pero Matamoros fue especial.»
Como todo trovador debes haber sufrido alguna vez la censura por algunas letras de tus canciones.
«Con toda esta carretilla de discos grabados por mis 25 años de vida artística he logrado grabar, al menos, las canciones que no pudieron salir por los medios. En un momento sí me marcó la censura y me ponía superbravo cuando no ponían tal canción. Pero al final el que pierde eres tú, porque pierdes tiempo. Llegué entonces a la conclusión, las hago y al que no le guste que no la ponga.
«También aprendí otra lección. La vida no es nada más que ser un francotirador, censurador, detector de defectos. Hay otros temas que también son importantes y componen la vida. De un pájaro las dos alas. Y he cultivado esas dos cosas. Cuando todo el mundo está haciendo la música de hoy y la está grabando, he tenido que recuperar cosas de antes y por eso estoy un poco desfasado con el lenguaje actual. Pero es un sacrificio a favor de la música y de las canciones, del amor que le tengo al trabajo, a mi familia. Las canciones son mis hijas.
«Si después la radio las pone o no las pone, lo mismo da. Hay canciones estupidísimas también que no vale la pena recuperar porque eran propias de la locura de aquel momento. Hay otras a las que les tuve miedo, porque decían cosas que quién sabe cómo se iban a interpretar y a dónde ibas a parar de acuerdo con la interpretación que se les diera. Pero esas cosas siempre suceden en la vida artística.»
¿Cómo vislumbras la evolución de la trova para la Cuba del futuro?
«La guitarra, como dice Silvio, es la guitarra sin envejecer. Cuando Sindo Garay, Pepe Sánchez y Manuel Corona hicieron sus primeras canciones vivían en el corazón de una sociedad capitalista, con mucha dificultad y pobreza. Así hicieron temas de los más hermosos de este país. La trova va a tener un lugar en la sociedad del futuro porque es esencial, como la columna vertebral. Es medular coger una guitarra y expresar sentimientos, armonías y melodías. Puede ser que la tecnología modifique muchas cosas, como mismo va a modificar la relación público-artista. Pero la trova cubana no va a morir nunca.
«En cuanto al futuro de Cuba hay algunas cosas que reparar ya, relacionadas con la conducta ética, la educación formal, los valores, los cuales hay que ir remendando, reparando, reconstruyendo. Hace falta abrir el abanico a muchos campos con el concurso y el esfuerzo de todos. Lo que se hace está bien encaminado, pero no es suficiente para la complejidad de una sociedad. Es una tarea grande, pero nada imposible. Tiene que ver con la inteligencia, con la confianza en el hombre.»
¿Podemos esperar algo más de Gerardo cuando cumpla sus 50 años?
«El año que viene voy a prepararme para mi medio siglo de vida en el 2008 y quiero presentar algunos discos y libros. Estoy escribiendo poesía y narrativa.
¿Lo de la narrativa es una exclusiva?
«Hice un debut en el Día Mundial de la Poesía. Leí unos 18 poemas de dos libros que estoy preparando. Tengo hasta ahora el apoyo de una organización no gubernamental alemana para algunas ediciones y tengo la esperanza de que alguna editorial cubana se interese por editarlos. Para mis 50 años quisiera entregar tres discos nuevos que se llamarán Parece divertido, La cima y Diosas y Dioses; dos libros de poesía, El sudor y La noche cae y una novela, Dreadlock.
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