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EL CINE, EL VIOLÍN DE INGRES DE GABRIELGARCÍA MÁRQUEZ
Por Mercedes Santos Moray
El colombiano Gabriel García Márquez es conocido y también reconocido, a escala mundial, como uno de los más extraordinarios narradores latinoamericanos, y como tal, ha merecido el Premio Nóbel, lauro que recibió en 1982, por su obra, tanto novelística como cuentística.
Mas este hombre que, además, es un excelente cronista y que en su juventud y madurez también se expresó como periodista en activo, tiene otra pasión, la que viene a ser una suerte de violín de Ingres, el cine.
Como goza de un raro privilegio al ser uno de los autores más traducidos al séptimo arte, lo que se ha convertido en una verdadera eclosión en el 2006, al anunciarse la traslación de sus novelas El amor en los tiempos del cólera, Del amor y otros demonios y Memoria de mis putas tristes, así como haberse dado a conocer que Tiempo de morir volverá a tener una versión cinematográfica y nada menos que por el propio hijo del escritor, el joven realizador Rodrigo García.
Esa historia tiene antiguas raíces, las de la primera versión de los años 60, que fue asumida por el cineasta mexicano Arturo Ripstein, en 1965, obra que tuvo su «remake» veinte años después, en 1985 al ser versionado el guión escrito por el Gabo y por el escritor mexicano Carlos Fuentes, y llevada nuevamente a la pantalla por el colombiano Jorge Alí Triana, la misma que revisitará Rodrigo García, cineasta conocido por una filmografía independiente que ya cuenta con títulos como Cosas que diría con solo mirarla y Nueve vidas.
Así y durante los próximos meses serán filmadas, dentro y fuera de Colombia, cinco historias del narrador colombiano. Una más dentro de la tónica de las superproducciones, como la versión de El amor en los tiempos del cólera, dirigida por el inglés Mike Newell y protagonizada por Giovanna Mezzogiorno, Javier Bardem y Catalina Sandino Moreno; las Memoria de mis putas tristes por el danés Henning Carlsen, con guión del legendario Jean Claude Carriere; y en proyecto largamente acariciado, llevar al celuloide El otoño del patriarca, que sería dirigida por el bosnio Emir Kusturica; el único acercamiento que lo realizará una mujer, Del amor y otros demonios de la costarricense Hilda Hidalgo, alumna del escritor en los talleres de guión de la Escuela Internacional de Cine y Televisión, de San Antonio de los Baños, y el quinto de Rodrigo García Barcha, todas a rodarse en escenarios naturales de Cartagena de Indias, en Colombia, y en el entorno caribeño de Cuba y la centroamericana Costa Rica, así como algunas secuencias en la Yugoeslavia de Kusturica.
La última puesta en pantalla de las historias del Gabo lo fue La mala hora del brasileño-mozambicano Ruy Guerra (un director que tiene otras dos adaptaciones garciamarquianas, mucho más logradas estéticamente como Fábula de la bella palomera y La Cándida Eréndira).
Guiones para televisión, seriados asumidos coralmente por varios cineastas, como aquella historia de los Amores difíciles, en los cuales estuvo la mano de Tomás Gutiérrez Alea, nuestro Titón, con sus Cartas del parque, hablan de la voluntad expresa y confesa de un García Márquez que, si bien no logró realizar aquel sueño de juventud, de ser un cineasta, raíz de aquel encuentro suyo con los cubanos Julio García Espinosa y el propio Titón, en Roma, sí ha logrado que otros, y de manera abundosa, traduzcan su exuberante narrativa al celuloide, lo que no siempre ha contado con suerte, si de valores artísticos hablamos, dada la complejidad inherente de ambos idiomas, el de la literatura y el del cine, que tienen sus propias especificidades y códigos.
Hay un largo listado de títulos inspirados en sus obras, algunos con su participación en los guiones y argumentos. Recordemos las más notables como las realizadas por los mexicanos Arturo Ripstein (Tiempo de morir y El coronel no tiene quien le escriba), Jaime Humberto Hermosillo (María de mi corazóny El verano de la señora Forbes), Luis Alcoriza (Presagio), Alberto Isaac (En este pueblo no hay ladrones en la cual aparecen Luis Buñuel, Juan Rulfo y el mismo García Márquez interpretando pequeños papeles), Roberto Gavaldón (El gallo de oro, con guión del colombiano y Carlos Fuentes sobre un cuento de Juan Rulfo), Felipe Cazals (El año de la peste), los colombianos Lisandro Duque (Milagro en Roma y Los niños invisibles), y Jorge Alí Triana (Tiempo de morir y Edipo Alcalde), el chileno Miguel Littín (La viuda de Montiel), el brasilero Ruy Guerra (Fábula de la bella palomera, Eréndira y Veneno de la madrugada, nombre que también se utilizó para La Mala hora),entre otras.
Sin olvidar algunos sonados fracasos como la versión de Crónica de una muerte anunciada, 1987, del italiano Francesco Rosi, filmada en escenarios del Caribe colombiano, con un pésimo guión, unos personajes caricaturescos y unos actores que hablaban más de diez lenguas en el rodaje. También y más próxima, se encuentra la versión de Un señor muy viejo con unas alas enormes del argentino Fernando Birri, nada memorable.
Aunque todavía, el Gabo esté negado a ceder en una de sus obras claves: «Mientras esté vivo, rechazo cualquier adaptación de Cien años de soledad» porque me preocupa que la escena de Remedios, la bella, ascendiendo al cielo con poleas y cuerdas despierte las carcajadas de los espectadores que, mejor que los directores y guionistas, tienen un sentido más exacto de lo ridículo y lo inapropiado en el cine».
Así, como protagonista del cine, García Márquez revive aquellos tiempos en los que inundó las páginas de El Espectador, en Bogotá, de El Universal en Cartagena de Indias y de El Heraldo, de Baranquilla, cuando en los primeros años de su carrera periodística en los años 50, fue uno de los primeros críticos cinematográficos en Colombia. Esa raíz se traduce también en el presente y en los veinte años dedicados a presidir la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, desde su creación, en 1986.
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