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La Revista Joven más antigua de Cuba
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Este libro está dedicado «a Alicia Alonso, cuyo arte grandioso y don aglutinador han hecho posible esta fiesta milagrosa», no solo dijo, en síntesis, sino que escribió en la portadilla de la obra, su autor, Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba (BNC). «Cuando Cabrera me pidió que presentara su libro» –se había sincerado, minutos antes, la maître de ballet Loipa Araújo–, «primero me sentí honrada, mas luego me entró la duda de si escribir unas palabras de antemano o dejar que mi corazón hablase espontáneamente.» La presentación del volumen, que lleva por título Festival Internacional de Ballet de La Habana (1960-2004). Una cita de arte y amistad y luce el sello de Letras Cubanas, tuvo lugar en la Casa del BNC a las 14 horas del 28 de octubre de 2006, el mismo día que, en el Gran Teatro de La Habana, por la noche, se inauguró la edición 20 del certamen. Hecha la salvedad, Loipa Araújo, conocida como una de «las cuatro joyas» de la compañía, soltó su inspiración, y para ello apeló a las lecciones de dos maestros de la espontaneidad, la propia Alicia Alonso y el mismísimo Miguel Cabrera: «Alicia improvisa de una manera increíble, y puede hacerlo porque habla con el corazón más que con la mente; y Cabrera siempre tuvo esa gran capacidad de saber cómo hablarle a qué público: siempre logra establecer una comunicación.» Según Loipa, Una cita de arte y amistad es «un libro maravilloso», en primer lugar, porque refleja lo que han sido el BNC y los festivales, porque reseña lo sucedido en estos 44 años: «El Festival es como un manojo de burbujas en un agua que empieza a bullir, y según pasan los días van reventando las burbujas, y cada una es un regalo para el pueblo; el Festival es el fruto del trabajo de bailarines, maîtres, profesores-ensayadores, coreógrafos, músicos, diseñadores, personal de apoyo, y de otras muchas personas. «Recuerdo los años más difíciles del período especial. Fue casi un milagro que en aquel tiempo de grandes apagones y carencias, no se suspendiera el Festival... Vimos al pueblo, el gran destinatario y partícipe principal, caminar desde el Teatro Nacional hasta el Gran Teatro de La Habana, para no perderse las funciones... Fue grande el apoyo que le dio el gobierno a la cultura, y al BNC, para que pudiésemos hacer los espectáculos.» Pero el libro también es «maravilloso» porque tanto los que han vivido el Festival, como los que empiezan a vivirlo ahora, podrían concienciarse del valor que revierte esta cita no solo para el ballet y el pueblo de la Isla, sino para la danza internacional. «El Festival cuenta con el apoyo del mundo de la danza. Estando Cuba bajo el más férreo aislamiento, muchos rompieron el bloqueo y compartieron su arte con nosotros. Por aquí desfilaron las primeras figuras del ballet mundial, desde Nina Tymofeyeva, Boris Khokhlov, Vladimir Vasiliev, y Ekaterina Maxímova, del Ballet Bolshoi de Moscú, hasta Atilio Labis, Sylvie Guillem y Eric Vu-An, del Ballet de la Ópera de París... «Es imposible acordarse de todos los asistentes; la propia vorágine del Festival los va echando al olvido. Sin embargo, con este libro una toma conciencia de aquello de lo que fue partícipe. Por eso queremos agradecerle a Miguel Cabrera que haya existido, haya estado tantos años con nosotros, y haya sido ¡nuestra memoria constante!»
El castigo de Sísifo «Aunque me han enseñado a controlarme», comenzó el Historiador la respuesta a su elogio, «no dejaría de confesar, ustedes lo entienden, que me embarga una carga emotiva: aquí se presenta una obra que comprende 38 años de mi vida, y tengo el honor de tener a mi lado a las dos personas que me iniciaron en este mundo.» Profesor de Historia por la Universidad de La Habana (1967) –y doctor en Ciencias del Arte por el Instituto Superior de Arte (ISA, 2003)–, en más de una ocasión le escuchamos decir a Miguel que entre mayo de 1967 y febrero de 1970, fecha, este última, en que integró oficialmente la plantilla del BNC, «hizo otra universidad». El roce con Alicia, Fernando y Alberto Alonso, y también con Ángela Grau, fundadora y directora, en su momento, de la revista Cuba en el Ballet, preparó a Miguel Cabrera para una nueva especialidad. Según él mismo le contó al redactor, ellos le hablaron de Antony Tudor, le explicaron que el coreógrafo del ballet psicológico montó Undertow (Resaca) en 1945; ellos le descubrieron a Mijail Fokine, y el modo en que este miró las puntas; ellos le revelaron el nexo entre Fokine y el ascenso de Sergei Diaghilef, Anna Pavlova, Vaslav Nijinsky, y, en fin, de los Ballets Rusos; ellos llamaron su atención sobre el Grand pas de quatre, sobre el Romanticismo... Era comprensible que a la hora de la presentación de Una cita de arte y amistad, Miguel «volviese por la picada», está vez para recordar que por los pasillos del salón blanco, «allí detrás», estuvo su primera oficina, y para repetir que Alicia y Fernando fueron sus maestros, lo siguen siendo y lo serán mientras él respire... «Es un privilegio», hilvanó Miguel varias ideas, «haber conocido a todas estas personas que hicieron la gloria del BNC... Este libro fue escrito desde ella (Alicia Alonso) y es, en primer lugar, para ella, porque su don aglutinador es el que ha hecho posible que existan estos festivales; y junto con ella, para todos los que, como yo, aprendimos de su rigor. «Me hace dichoso el hecho de tenerla a ella hoy aquí, conmigo; de tener a Fernando; de tener a varios compañeros de las nuevas generaciones del BNC, que han venido corriendo, después de sus ensayos; de tener a los compañeros de la Editorial...» Que el libro esté dedicado a Alicia, significa que ella está y es su esencia, pero la obra incluye, además, otros agradecimientos. «Reconozco, en primer término», subrayó el autor, «el quehacer del BNC, prestigioso y eficaz anfitrión, siempre estrella colectiva; sin el BNC no hubiera existido este libro; el BNC y los 19 festivales conforman un trabajo colectivo.
«Yo he tenido el honor de vivir estos festivales desde dentro, y no perdí oportunidad para poner mi granito de arena. Solo me resta expresarles mi gratitud, y darles las gracias a todos los que ahora me acompañan. A todos ustedes, ¡muchas gracias!» Seis horas después, en el Gran Teatro capitalino, se descorrían las cortinas del 20 Festival Internacional de Ballet de La Habana. Como en el mito homérico, volvía Miguel «Sísifo» Cabrera a empujar la roca-memoria del BNC hasta la cima de la montaña... Contrario a lo que habrían pensado los dioses griegos, este sería un «castigo suave, ligero», un trabajo, aunque ímprobo, útil y lleno de esperanza. Artículos relacionados
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