|
Onomástica de Miriam Ramos
«CANTAR COMO SI FUESE NUEVA»
Por Hilario Rosete Silva
Foto: Cortesía de Nancy Reyes
Llega el VII Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), y esta perfila su papel en la formación espiritual de los profesionales. Entonces, la cantante cubana Miriam Ramos arriba a sus 60 años (el seis de mayo), y Alma Mater, que ve la lealtad de la artista a su línea de trabajo, sostiene con ella un intercambio de impresiones sobre los valores humanos que asfaltaron su camino.
«No se concibe un profesional sin responsabilidad», nos escribió la intérprete por correo electrónico, «son dos términos excluyentes; si eres irresponsable, no habrá profesionalismo en tu trabajo; mas para mantener el nivel de profesionalismo y la responsabilidad, deberás contar con suficiente fortaleza y saber que su fundamento son la honradez, la honestidad y la autenticidad...»
Así nos dio pie para bucear en aguas de dos grandes valores: responsabilidad y fortaleza. El cuestionario también se lo enviamos por e-mail, e igual fue respondido por ella con suma diligencia. Sus respuestas reflejan un espíritu sensible y culto, como el que la FEU desearía para todos sus egresados.
CARGA O COMPROMISO
La responsabilidad es la obligación de responder de algo. ¿Cómo la define usted?
La responsabilidad es una de las maneras del amor, a partir de la conciencia, mayor o menor, de que todo y todos estamos relacionados. Cuando sabes que lo que haces afecta, para bien o para mal, a otro o a otros, pones cuidado.
¿Quién es la persona o cosa ante la que se siente obligada a responder?
Como ser humano, en la vida cotidiana, a todo el mundo. En lo profesional, es obvio, al público. Naturalmente, esto tiene matices: hay gente cercana a uno y gente que no lo es. En la medida en que la cercanía, el nexo, es más pronunciado, o más profundo, uno es más responsable de esa relación. Pero con los que están menos cerca también tienes responsabilidades: no se puede ir por el mundo viviendo como si fueras el centro del universo, pensando que lo primero y único es uno mismo.
¿Cuál es exactamente su tarea, su misión de responder?
Siempre digo, y obsérvese el orden de palabras, que soy una «persona» que «canta», de manera que la tarea vital sería, para decirlo «martianamente», el mejoramiento humano. Si uno es mejor persona, más sincera, más consecuente, más culta, más coherente, ¡y un largo etcétera!, sería mejor profesional: el mejoramiento artístico vendría por añadidura.
¿Inmersa en qué medio o circunstancia realiza todo eso?
La vida misma es el medio, la circunstancia, y la mejor escuela. Inmersa en ella trato de estar atenta para aprender, aprehender, y refinar mis «instrumentos» de relación.
Para responder a esa vida se nos dieron habilidades, talentos que usaríamos si queremos ser responsables. ¿Cómo interpretó, y qué hizo, para cumplir la responsabilidad de sí?
Cuando yo comenzaba mi carrera —era muy jovencita—, cantaba para «darme el gusto» y nada más. Claro, ponía cuidado en lo que hacía, me preocupaba por la calidad, pero era más autosatisfacción que otra cosa. Con el tiempo fui comprendiendo la importancia del arte como hermosa vía de cambio, y esto fue transformándome a mí. Ahora, por supuesto, me sigo «dando el gusto», pero considero muchas más cosas. «Madurez», le llaman algunos. Soy responsable ante mí misma de todo esto...
¿Qué hizo para cumplir su responsabilidad ante los demás?
Trabajar, trabajar..., y con esto no quiero significar solo la labor de «volumen», sino el cultivo «interior»: leer, escuchar, estudiar...
¿Qué hizo para cumplir su compromiso de la Vida y ante la Vida?
Me temo que eso no se termina nunca: el desarrollo, profesional, espiritual, etcétera, es una escalera infinita, sin techo. Vivir no es llegar a parte alguna, es entrenarse para alcanzar el próximo peldaño..., o para intentarlo.
¿En qué momento su responsabilidad entra en conflicto con otros de sus valores humanos?
Cuando se manifiestan mis defectos, cuando ocurren las inconveniencias de mi carácter, las deficiencias, errores o confusiones propias, más bien impropias, de eso que algunos llaman «la personalidad», ese cúmulo de condicionamientos que somos cada uno de nosotros.
¿Cómo se comportaría el joven que no hubiese asumido el valor de la responsabilidad?
El tema más difícil de comprender, y por tanto de solucionar, es el egocentrismo que todos padecemos. El sentido disminuido y a veces ausente de que nos debemos respeto y consideración los unos a los otros, es la causa de los grandes males que sufre la Humanidad. «Primero Yo y después Yo», es la fórmula más segura de vivir en desequilibrio y falta de armonía, dañándonos... Lamentablemente, es algo que no tiene que ver con la edad.
BALUARTE Y REDUCTO
La fortaleza consiste «en vencer el temor, mantener el temple de ánimo en los momentos difíciles y huir de la temeridad»; es «vigor, fuerza moral y psicológica»; va «siempre unida a la fuerza de voluntad»... ¿Se quedaría con alguna de esas definiciones?
Todas definen la fortaleza, y la parte más difícil es la paciencia para aceptar las cosas que no puedes cambiar: eso exige mucho de uno, al menos de mí, que soy, más veces de lo conveniente, demasiado vehemente.
¿Qué es para usted lo fácil o lo cómodo? ¿Cómo lo evitó?
Comprendiendo poco a poco, a golpe de error, la pérdida de tiempo que entraña, su inutilidad. Me refiero a lo «in-útil», ¡así, separado por un guión!, a lo que no ayuda, a lo estéril... Lo fácil o lo cómodo es quedarse en lo obvio, en lo superficial, satisfacerse con la primera mirada, con la primera lectura...
¿Cuál inquietud o instinto debió mantener a raya para no sucumbir?
¡Uf!, el deseo de aceptación. Uno trabaja, ¡todos lo hacemos!, para los demás, y quiere que todo lo que hace sea aceptado. Pero hay que tener cuidado si se pasa la frontera de lo lógico. Se corre el riesgo de «emborracharse», y si te entrampas en eso, te quedas ahí, repitiéndote una vez y otra y otra: es la muerte del artista. Para mí la solución es la sinceridad. Después de todo el público siempre sabe si un artista es sincero o no.
Su fortaleza, ¿cómo creció o disminuyó en proporción a la carga y las dificultades?
¡Ay!, como en cualquier mortal: unas veces me fortalecí y otras me debilité. Con todo, la carga y las dificultades me sirvieron para crecer, ¿no es cierto?
¿Cuáles han sido los grandes enemigos de su fortaleza?
Cinco adversarios emparentados: la deslealtad, la traición, la mentira, la hipocresía y el cálculo.
Una última pregunta: si de pronto se sintiera revestida de una inusual fortaleza, ¿en qué la invertiría?
En saber cómo romperle la prisión al alma, ser mucho mejor de lo que soy, y entonces cantar «como si fuese nueva».
|