La Revista Joven más antigua de Cuba

Nuestro Credo




EDICIONES ANTERIORES

Esperamos tus opiniones y sugerencias

 

 

 

 

ESTAR EN EL Y... 

Por Jesús Arencibia y Randy Saborit
Foto: René Pérez Massola

Más de 60 obras como actor  y 40 dirigiendo, tanto teatro profesional como aficionado, avalan al profesor Miguel Montesco, uno de los merecedores de la Medalla Aniversario 50 de Teatro Universitario. 

Prólogo

El telón se va abriendo. Aparece en escena un caballero de bastón antiguo y sonrisa moderna que comenzó a actuar en la década del 50, sin embargo reclama su derecho de nacer en el año 62. Las luces descubren al protagonista temblando mientras debuta como director con Propiedad clausurada. Su voz grave inspira silencio en la sala, al tiempo que la música construye la época de un actor que dirige y un director que actúa. Rigor y mesura, pudieran ser la clave de esta puesta, pero siempre acompañadas de juventud. Miguel Montesco, artista desde el porte hasta el apellido, es el alma del premiado grupo Moliere de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana (UH). Allí enseña, desde hace seis años, que para subirse a un escenario hay que...

Estar en el y

PRIMER ACTO  

¿Cómo se deslumbró usted con el teatro? 

Yo no me deslumbré. Yo nací con el teatro por dentro, el 7 de febrero. Soy un perfecto acuariano.

¿De qué año?

Del 62.  

¡¿...?! ¿Yo no tengo derecho de nacer en el 62?  

¿Primer acercamiento a la UH? 

En 1959, en junio, reabren el Seminario de Artes Dramáticas de la Universidad de La Habana, que había sido clausurado por Batista. Allí matriculo y me incorporo al Teatro Universitario. Representé varias obras en la Plaza Cadenas, en el Aula Magna, hicimos coros hablados. Las clases eran de 6 a 8 de la tarde, después ensayábamos. No tuvimos local hasta que se inauguró la sala Tespis, en los bajos del Habana Libre, en 23 y L.

Tiempo después el Consejo Nacional de Cultura, crea los grupos dramáticos. Así surge Rita Montaner, con Cuqui Ponce de León, hoy Premio Nacional de Televisión, designada como directora general.  

¿Se inicia entonces como actor profesional? 

No, yo ya era actor profesional.  Pero, en ese momento comienzo de manera estable con un grupo. Antes, para poner una función, se alquilaba un local, se vendían papeletas y con ese dinero se pagaba el espacio, vestuario y todo. No había salario. Ni para los artistas profesionales. Ensayábamos tres meses para hacer una función, imagínate.  

¿Cómo le fue en grupo Rita Montaner? 

Fue el primer grupo que abarrotó el Mella, con una obra inglesa llamada Ese lunar. Recuerdo que llevábamos tres semanas haciendo ese título con gente de mucha experiencia. Yo era de los más jóvenes e inexpertos y estaba loco por comerme el mundo. Siempre viene a mi memoria  el domingo que hacíamos la última función. Al salir por la puerta de actores a la calle Línea iba pasando Fidel.

Entonces una de las actrices grita:

—¡Fidel, Fidel…!

Los carros dieron la vuelta a la manzana y se detuvieron delante de nosotros. Fidel, con el codo apoyado en la puerta, indagó al ver la cantidad de gente en la calle… «¿Qué pasa aquí?»

—Nada, Comandante, el teatro.

—¿Y siempre ha estado así?

—Sí, hoy es la última puesta.

—Pero ¿cómo que la última, con ese público?

—Bueno, Comandante, es que la programación delteatro…

—¿Y quién dijo que el teatro se programa? El teatro lo programa el público.

¿Cuándo comienza a dirigir?  

A fines del propio año 62 la sala Tespis inaugura un espacio llamado Teatro Experimental y la querida profesora Helena de Armas me dice: ¿Por qué no te lanzas como director? Entonces hago Propiedad clausurada, de Tenesse Williams. Por cierto, esa es la obra que estoy dirigiendo con Moliere y que obtuvo medalla de oro a nivel provincial. Después de eso, comencé a dirigir también en el Rita. Cuqui me dio la posibilidad de alternar como director y actor. A partir de ahí, seguí haciéndolo.  

UNAS LÍNEAS DE INTERMEDIO

«Montesco pone todo su esfuerzo en lograr una fuerte relación con el público, a través de acciones que desbordan el espacio…»

«… el público más joven tuvo poco que reclamar: el montaje capta con perfección el clímax de tragicomedia del texto…» [Fragmentos de críticas especializadas a sus obras].

SEGUNDO ACTO

¿Cuándo se convierte en instructor de teatro universitario? 

En el dos mil se celebran los 50 años del Teatro Universitario y me llaman para que dirigiera un espectáculo conmemorativo en la Plaza Cadenas. Entonces me proponen allí mismo atender un grupo de la Facultad de Comunicación. Así surge Moliere. 

¿Por qué Molière?

Porque era un sátiro que hacía muchas denuncias a través de las comedias. 

¿Cómo fue el regreso al teatro aficionado?

El golpe fue muy grande, pues yo llevaba décadas en el Rita, una agrupación en la que había todo lo posible: un equipo técnico, asistentes, asesores, locales para ensayar… Y cuando llego aquí había bastantes carencias. Yo considero mucho el esfuerzo de los estudiantes que después de pasar una jornada de clases se quedan para ensayar en esas condiciones. 

¿La primera pieza?

Tres obras cortas de Alejandro Casona fundidas en un solo espectáculo: ¡Justicia, señor, Justicia! Esto era lo más asequible a muchachos que se acercaban por primera vez a las tablas. Yo me di cuenta que no se podía dar solamente un seminario de actuación, porque con la presión de los festivales de la FEU no alcanza el tiempo para instruir y después participar.  

¿Entonces?...

Lo que hago es que durante los montajes de las obras voy introduciendo elementos de técnica, de teoría. Es la única forma de adaptarse al dinamismo de la Universidad.  

¿Para escoger una obra?

Primero me tiene que interesar el tema. Después pienso qué pudiera hacer con ella. 

Usted suele decirle a los muchachos: «esta obra la estoy viendo».

Y la veo. Cuando me atrapa, cuando me gusta, cuando tiene algo que decir a las nuevas generaciones, la puedo ver. Aunque la obra sea un clásico, no puedo poner en escena una pieza de museo. Tiene que ser algo vivo, que les diga algo a los jóvenes.  Después pienso en el tipo de público que va a verla. 

¿Muy difícil el público universitario?

Sí, es un reto. No puedes darle lo chabacano, lo barato, el chiste por el chiste. 

¿Se tiene que entregar más un instructor de aficionados que un director profesional?

La entrega mía es siempre igual. Si no hay una verdad en lo que estás haciendo, nada resulta. Cuando dirijo a un aficionado lo estoy haciendo igual que al profesional. Nunca he hecho concesiones. En mis obras hay un autor, una puesta, un rigor, con pocos recursos pero con gran entrega. 

¿Cuál es el momento más difícil?

Todos. Los actores aficionados, no saben cómo dar un matiz, cómo frasear… Pero a medida que se está acercando la fecha de estreno es más compleja. También es difícil equilibrar la exigencia con las posibilidades reales de ustedes, y que no se vayan del grupo… 

¿Desalientos?

Cuando el grupo no responde. Y hay momentos en que no lo hace. Existen etapas en que están en pruebas, en tesis; y es en ese minuto que uno se desalienta.  

¿Y qué lo vuelve a motivar?

La insistencia de quienes en verdad lo aman. 

¿Usted ha pensado su vida como una obra de teatro?

No, nunca. 

¿Y la ha actuado?

No. Yo soy muy abierto.  

¿El actor siempre finge?

Obvio. Va fabricando algo que no es él. No creo en esas leyendas de que el actor se convierta en el personaje. Claro, a veces uno tiene que desintoxicarse de un papel. 

¿Cómo el teatro aficionado podría rendir al máximo?

Con mucho más respaldo, con más facilidades para que el estudiante pueda llevar mejor su vida de actor. Que las organizaciones estudiantiles tengan en cuenta todo lo que significa que uno de sus miembros esté actuando.

No hemos hablado de sus autores imprescindibles…

Onill, Lorca, T. Williams, Molière... Y de los cubanos: Virgilio Piñera.  

EPÍLOGO

Defina estos términos: 

Teatro cubano

La identidad, tanto el popular, como el culto. 

La obra que nunca haría

Si te lo dijera me buscaría una bronca. Pero bueno, pon ahí: la que no tenga calidad. 

La creación

Es parir si lo vas a llevar a una imagen desgarradora. 

Y la imagen

Algo que represente con plasticidad, con buen gusto lo que se hace. 

La juventud

(Piensa) un torrente. 

El dogma

¡Ah! 

La libertad

Todo. 

El aplauso

¿Tú te imaginas un teatro completo gritando: ¡Bravo, bravo! La primera vez que me sucedió fue en un Festival de Teatro de La Habana, con el Burgués gentilhombre, en la Sala Covarrubias del teatro Nacional. La gente coreaba el nombre de mi personaje, que era un sacerdote árabe. Y hace muy poco en el Teatro Principal de Camagüey, con Escándalo en la trapa, del grupo Rita Montaner. 

¿Y con los aficionados?

En la primera puesta, la de Casona. Aquello fue apoteósico. Fue el debut del grupo Moliere. Era el entusiasmo de lo que nace. Al final la bandera de la Facultad detrás de los muchachos. Los actores mezclados con el público… 

¿Ser profesor de universitarios? 

Un premio.  

Una frase que usted repite: «Estar en el y…»

(Sonríe) Eso es tener el motor encendido, estar preparado para echar a andar. El actor no lo debe apagar nunca, ni en un ensayo ni en una función.  

Imagínese dentro de varias décadas, como espectador de una obra que usted hizo. ¿Cuál querría ver?

¿Y tú crees que me acuerde? Bueno: la que me queda por hacer. 

¿Nunca nos va a revelar la edad?

¿Qué edad?  

OBRAS REPRESENTADAS CON EL GRUPO MOLIERE

—¡Justicia, señor, Justicia! [Adaptación de tres farsas de Alejandro Casona] (2002)

—Al que le tocó… [Ignacio Gutiérrez] (2003)

—Amores perros [Adaptación de dos cuentos de Chéjov] (2004)

—Dos perdidos en una noche sucia [Plinio Marcos] (2004)

—Esperando al zurdo [Clifford Odetts] (2005)

—Propiedad clausurada [Tenessee Williams] (2006)

 


Portada

© Alma Mater 2006

Subir


 

 

Actualizada: 14 de diciembre/2006