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RECORDANDO A NAZIM HIKMET
Por Malvis Molina Armas
«Confundo los mausoleos, las estatuas, los bustos de José Martí/ con las fotos de Fidel y sobre todo con las litografías./ Confundo a Fidel con las canciones, La Internacional con el cha cha cha./ Somos socialistas pa’ lante y pa’ lante./ Confundo a Fidel con las cien mil personas que en una plaza en fila india/ con una mano sobre la espalda danzan la rumba./ No hay manera de distinguir a Fidel de La Habana.»
Así decía en su poema «Reportaje en La Habana» el gran escritor turco Nazim Hikmet –Tesalónica, 15 de enero de 1902–, quien visitó el 13 de mayo de 1961, por invitación del Instituto de Amistad con los Pueblos (ICAP) y a pedido del Congreso Mundial de la Paz, que le encomendó la misión de otorgarle el Premio de la Paz, que concedía ese Congreso, al presidente cubano Fidel Castro, distinción que había merecido el propio Hikmet una década antes.
En el transcurso de su visita Hikmet se reunió con personalidades de la cultura cubana, entre las que se encontraban Pablo Armando Fernández, Antón Arrufat y Nicolás Guillén, su amigo personal: «Durante años, sentados en los vestíbulos de los hoteles de Europa y de Asia/ nos hemos bebido a sorbos las nostalgias de nuestras ciudades.»
Entrevistado por la prensa acerca de la tarea literaria en relación con los problemas sociales expresó: «el pueblo, aunque sea analfabeto, aunque no tenga un nivel cultural elevado, es el gran creador de todo.» Argumentó, además, que un poeta revolucionario ha de producir canciones revolucionarias, incluso canciones directamente políticas, pero con la más alta calidad.
Al referirse a la Revolución cubana dijo que: «es un fruto en las ramas de ese soberbio árbol que se sembró en 1917, en un lugar dado del mundo, pero que tiene sus raíces en todos los pueblos. La Revolución cubana –continuó– es un reflejo donde todos los pueblos que luchan por su independencia nacional y su progreso han de mirarse.»
Desde muy joven, Nazim Hikmet se involucró activamente en la vida política y cultural de Turquía. A través de su poesía la poética turca siguió una nueva orientación. Su obra es clara, simple, explícita, sin caer en la utilización de frases bellas y el abuso de la metáfora o la imagen. «Me esfuerzo por utilizar menos imágenes y comparaciones, evitar lo que podríamos llamar «la decoración», expresarme en forma directa y de tal modo que en el poema todo sea imprescindible, a tal punto que, quitándole una palabra, todo se desplome. En fin, de construir de tal manera que se llegue a lo que es verdaderamente esencial» –escribió.
Su prolífica creación literaria abarca 39 libros, 20 de poemas, 14 de teatro y 5 de narrativa, además de centenares de artículos, crónicas, traducciones y cuentos infantiles, firmados con su nombre o con alguno de los seudónimos que utilizó, sobre los más variados temas. Pero la creación en él estuvo particularmente signada por su filiación política, comunista, que le ocasionaría sufrimientos tales como la cárcel, el exilio y la separación de los suyos.
Dijo el novelista Kemal Tahir, también turco, que la totalidad de las penas impuestas a Nazim a lo largo de su vida ascendía a 61 años y 6 meses, de los cuales cumplió 18, que mellaron su ya debilitada salud. Finalmente, fue puesto en libertad el 14 de julio de 1950. Aunque el gobierno no cejó hasta verlo marcharse en 1951. Así, el poeta tuvo que exiliarse en Rusia, donde continuó su labor como escritor y luchador por la justicia.
Solo una vez voló sobre el Atlántico y fue para conocer nuestra Revolución. Nazim Hikmet murió el 3 de junio de 1963, en Moscú, sin volver a ver su amada Turquía, en la que aún hoy es censurado, aunque sus poemas son cantados y recitados a pesar de quienes pretenden acallar su voz.
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