|
PENSAR EN GRANDE
CON EL CLAVADO CUBANO
Por Joel García
Saber que tenemos talento no significa éxitos garantizados, sino trabajo constante y mucho optimismo. Así ha sucedido con el clavado cubano desde hace más de un lustro, al sumar medallas panamericanas, en Universiadas Mundiales, circuito Grand Prix y Copas del Mundo, en tanto se adueñó del cuarto lugar olímpico en Atenas 2004, por intermedio del dúo sincronizado Erick Fornaris-Jorge Betancourt.
Sin embargo, una temporada más tarde, en el 2005, el santiaguero José Antonio Guerra hizo valer el refrán popular de que tanto da el cántaro a la fuente hasta que se rompe, cuando ganó la presea de plata en la plataforma durante el campeonato mundial de deportes acuáticos en Montreal, Canadá.
Guerra fue superado solo en el último salto por la maestría de los clavadistas chinos. Más allá del subtítulo mundial, la faena reafirmó que está en condiciones de aspirar a la corona olímpica, por temprano que se vaticine, al tiempo que se convirtió en el único latinoamericano en subir al podio de premiación en dicha justa planetaria.
«Lo hice todo como lo tenía planificado y esta vez no fallé en el momento preciso», confesó Guerra a la prensa del torneo canadiense. Sus compañeros de equipo (Fornaris y Betancourt) también rindieron una faena excelente al sumar dos quintos puestos en los sincronizados de plataforma y de trampolín a tres metros. En esta última especialidad, el propio Betancourt finalizó sexto en individual.
En un deporte de apreciación como este, vale mucho el roce constante con la elite, único modo de que los jueces aprecien la verdadera calidad y sean imparciales a la hora de calificar. Poco a poco el clavado cubano ha escalado un lugar cimero en el mundo. Tiempo para pensar en una actuación histórica en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 sobra con estos muchachos. Y no soñamos con utopías, hablamos de realidades palpables que precisan confianza y más oportunidades en este ciclo.
En el clavado se combina, además, una envidiable eficiencia de deportistas, pues tres saltadores pueden competir en seis pruebas. El trío mencionado se ha ganado un respeto en cualquier escenario y a la tradición continental de Maité Garbey y Abel Ramírez —medallistas en las décadas de 1980-1990— les han salido ejemplos visibles de cómo es posible alcanzar la gloria olímpica saltando en una piscina.
Ya se habla de José Antonio Guerra como uno de los plataformistas más completos y temibles del mundo, mientras la pareja Betancourt-Fornaris tampoco es segunda de nadie en cualquier justa. Sin discusión, de los deportes acuáticos en la Isla, el de mayor perspectiva es este, sin subestimar por ello la natación, el polo acuático o el nado sincronizado.
Para este 2006, el programa de competencias es muy similar al de 12 meses atrás. Y otra vez el circuito Grand Prix permitirá acumular puntos para el ranking del orbe, en tanto por el camino podremos admirarlos en la III Olimpiada del Deporte Cubano y los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Cartagena de Indias.
En todas las lides internacionales por Europa tendrán la recia oposición de rusos, italianos, chinos, canadienses y alemanes. Pero los nuestros volverán a ocupar titulares de periódicos con esos espectaculares saltos en busca del fondo azul. Ellos han pasado del asombro a casi la perfección. Y no exageramos, lo hemos vivido con sus resultados.
|