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LAS COPAS DE LA COPA

Por Yoandy Castañeda Lorenzo

El fútbol para muchos es un fenómeno cósmico, un escenario perfecto para teorizar acerca de la vida, y lo toman de símil para construir las más enrevesadas metáforas. Para otros es arte, una catapulta digamos a la inmortalidad. De todas las obras del escultor francés Abel Lafleur, quizá la más universal sea la Copa Jules Rimet, destinada a premiar al campeón de cada Mundial de Fútbol hasta quedar en poder de la primera nación capaz de adueñarse de una tríada de éxitos.

El trofeo original tenía 35 centímetros de altura y pesaba aproximadamente 3,8 kilos. La figurilla estaba hecha de plata enchapada en oro y con una base azul hecha de lapislázuli, una piedra semipreciosa. Tenía una placa de oro en cada uno de los cuatro lados de la base, en las que se grabó el nombre del trofeo y el del vencedor de cada una de las ediciones posteriores.

Valorada entonces en alrededor de 50 mil dólares (una suma considerable para la época), la copa fue protagonista de sucesos propios de una novela de la más ocurrente ficción. El doctor italiano Ottorino Barassi, vicepresidente de la FIFA lo escondió en una caja de zapatos debajo de su cama durante la Segunda Guerra Mundial para impedir que cayese en manos de las tropas de ocupación.

En 1966 el trofeo desapareció, y no por arte de magia, mientras se exhibía como parte de los preparativos del Campeonato de Inglaterra y, finalmente fue recuperado a los pies de un arbusto. Pero no fue precisamente Scotland Yard ni un Sherlock Holmes postmoderno el responsable del hallazgo sino un perrito llamado Pickle.

En 1970, con su triunfo en Ciudad de México, Brasil lograba su tercera Copa Mundial de la FIFA por lo que adquirió el derecho a conservar en propiedad la Jules Rimet, y en el 1983, volvieron a robarlo esta vez en Río de Janeiro y según parece, los ladrones lo fundieron, (o lo hicieron cadenitas y sortijas o areticos de goldfish) y hasta el sol de hoy…

Para la competencia de 1974 la Federación Internacional encargó un nuevo trofeo. Lanzó una convocatoria y licitó entre 53 diseños para elegir la propuesta creativa del artista italiano Silvio Gazzaniga. Al describirla, daba forma a uno de los más anhelados méritos del mundo deportivo: «Las líneas brotan de la base, suben en espirales y se estiran para recibir al mundo. Desde las singulares tensiones dinámicas del cuerpo compacto de la escultura surgen las figuras de dos atletas en el emocionante momento de la victoria.»

Ningún país, contrario a lo que muchos piensan, puede conservar definitivamente el trofeo actual que permanece por normativa en posesión de la FIFA. El campeón Mundial lo conservará hasta el siguiente torneo y, luego, se le hará entrega de una réplica enchapada en oro para sustituir el original, de oro macizo.

Algo así como te cambiamos el oro por un lindo espejito, pues el nuevo trofeo de 36 centímetros de altura, está hecho de oro 18 quilates y pesa cuatro kilos y 970 gramos. La base contiene dos capas de malaquita semipreciosa con espacio para 17 placas donde grabar el nombre de los países vencedores. El espacio caducará en el 2038. Así que ya pueden ir pensando en un diseño para competir entonces…

Los ganadores de las copas son: Uruguay 1930, Italia 1934 y 1938, Uruguay 1950, Alemania 1954, Brasil 1958 y 1962, Inglaterra 1966, Brasil 1970, Alemania 1974, Argentina 1978, Italia 1982, Argentina 1986, Alemania 1990, Brasil 1994, Francia 1998 y Brasil 2002.

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Actualizada: 24 de marzo/2006