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TIRO LIBRE (1)
GÉNESIS
Por Yoandy Castañeda Lorenzo
El 2006 vive la enfermedad del fútbol, la fiebre de millones de personas que cuentan los días y tachan almanaques, a la espera del Campeonato Mundial. Alemania escribirá una página perpetua de la historia leída en todos los idiomas, pues no existe un rincón, país o continente donde no se conozca y practique el más universal de los deportes. Y es él, ese escenario donde reina la paz y la armonía entre los hombres. Dice Camus: «Todo lo que sé sobre la moral y los deberes del hombre, se lo debo al fútbol.»
Existen muchas versiones sobre su origen. Dos mil 500 años antes de nuestra era, en la China del Emperador Huangon-Ti, se practicaba el Kemari, juego en torno a una esférica, como parte del entrenamiento militar de las guarniciones.
Homero, el poeta ciego hizo alusión a otra actividad con pelota, la esferomagia. En Roma hay referencias del harpstum y los vikingos armaban tremendos juegos (como si lo fuera) con la cabeza de los enemigos.
En nuestro continente, los aztecas practicaron el tlachtli donde el capitán del equipo perdedor daba su cuerpo en sacrificio. Nada, graciosos los indiecitos. Je,je.
A principios del siglo XVI surge el calcio florentino en Italia y ya las dimensiones del terreno semejaban las actuales, pero no es hasta el XIX cuando aparecen en Inglaterra las primeras reglas y se funda la Football–Association (1863).
El primer antecedente a la creación de un evento internacional surgió en 1905 a partir de la idea del francés Robert Guérin y del holandés C.A.W. Hirschmann, y consistía en la presentación del reglamento de un torneo con 13 equipos europeos distribuidos en cuatro grupos. Lamentable y paradójicamente nadie mostró interés y esta iniciativa fracasó.
En 1908 el fútbol fue admitido en los Juegos Olímpicos. El éxito en la organización y el papel protagónico de este deporte en las Olimpiadas de Londres 1908 y Estocolmo 1912 sentaron las bases para un campeonato internacional. En 1914, los franceses Jules Rimet, presidente de la FIFA (Federation Internationale de Football Association), y Henri Delaunay presentaron, oficialmente, la posibilidad de organizar el tan ansiado campeonato. Nuevamente la falta de apoyo y la Primera Guerra Mundial frustraron esos esfuerzos. Pese a ello, los Juegos Olímpicos celebrados en la cuidad belga de Amberes, seis años después, fueron la evidencia perfecta de la gran afición y la predisposición favorable de las asociaciones a colaborar con sus selecciones.
Los Juegos Olímpicos de París en 1924 fueron un éxito rotundo. La final, disputada entre Uruguay y Suiza, registró una entrada de 50 mil espectadores. Los charrúas repitieron en Amsterdam 28 y el Congreso de Barcelona le ofreció la sede del Primer Campeonato Mundial el 18 de mayo de 1929. Los uruguayos se comprometieron con la construcción de una instalación de 108 mil capacidades, que llamarían Estadio Centenario por coincidir con los 100 años de su Organización Constitucional.
Esta vez todo marchó sin contratiempos y el sueño de Jules Rimet se hizo realidad en 1930. La primera Copa, para beneplácito de la hinchada, fue ganada por el equipo anfitrión pero por sobre todo fue, y es,un grito de integración entre los pueblos del mundo.
(1) Con este número comenzamos una serie de trabajos sobre el llamado deporte de las multitudes, con motivo del Campeonato mundial de fútbol, Alemania 2006
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