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SHEILA ESPINOSA: DE LAS PIRUETAS A LOS IPPONES

Por Joel García 

El judo de los XI Juegos Universitarios Centroamericanos y del Caribe, disputado en junio, en Venezuela, tuvo acento cubano, sobre todo entre las féminas, quienes no dieron oportunidades a sus rivales y salieron del tatami con la etiqueta de monarcas de la lid.

Una de las campeonas, la cienfueguera Sheila Espinosa (57 kg), nos contó al regreso parte de su joven historia en esta disciplina, a donde llegó por embullo luego de haber practicado gimnasia artística hasta los 11 años. Precisamente el hermano de una profesora de las piruetas y los saltos la llevó por vez primera a conocer la disciplina de los ippones. Y esta es hoy el centro de su vida.

«No quise continuar en la gimnasia por caprichos de niña, y empecé a asistir al judo dos veces a la semana. Al principio era la «coge golpes» del grupo, porque no sabía muchas técnicas. La gente pensó que me iría rápido, pero a los dos meses obtuve mis primeros resultados en Juegos Escolares, en los cuales acumulé finalmente un oro, dos de plata y un bronce.

«Mi paradigma como judoca siempre ha sido Legna Verdecia, campeona olímpica y mundial; al principio decían que me parecía a ella. Lo cierto es que tenía un archivo personal —libretas enteras con fotos y recortes de periódicos— con todos sus resultados. Siempre fue un ejemplo positivo para mí y después de conocerla mucho más.

«Haber podido entrenar con Amarilis Savón —toda experiencia— y con Driulis González —elegida la mejor judoca de América en el siglo pasado— es algo que cualquiera agradecería, sobre todo nosotras, las más jóvenes. Ellas, al igual que Legna han insistido mucho en el sacrificio y la voluntad que debemos tener para lograr una medalla a cualquier nivel.»

Con alma de liderazgo dentro del equipo, Sheila fue capitana del equipo en la categoría 15-16 años e ingresó en la preselección nacional bajo la dirección del profesor Ronaldo Veitía en el 2003.

Además del oro reciente en la cita regional universitaria, ya acumula en su palmarés plata en la Copa del Mundo de Inglaterra este año, plata en la Copa Simón Bolívar, en Venezuela, así como varias preseas en la Segunda y Tercera Olimpiadas del Deporte Cubano, y en los Primeros Juegos del ALBA.

«Las técnicas principales del judo las aprendí con el entrenador Raidel Alonso, mi mayor impulso desde que comencé; luego en el equipo nacional las he mejorado mucho y he ganado en habilidad y soltura, de ahí mis resultados internacionales ahora, cuando todavía no he cumplido los 20 años. Estoy convencida de que me falta todavía un largo camino por andar.

«Este deporte es un poco tosco, pero nadie debe pensar que perdemos la feminidad por eso. He tenido todo el apoyo de mi familia en ese aspecto, incluso te digo más, escribo poemas de amor cuando viene la inspiración y algunas muchachas del equipo me buscan para mandárselos a sus novios.

«De este oro en Venezuela lo fundamental es estudiar qué pudo salir mejor. Es un triunfo esperado y demuestra avance, pero aspiro a representar a Cuba en un campeonato mundial, en Juegos Olímpicos y por supuesto, a ganar medallas en ellos. Sé que en mi división dentro del equipo está Yurisleidis Lupetey —una fuera de serie, oro mundial y bronce olímpica—, sin embargo, entrenando cada vez más puedo ser como ella…»

Para esta cienfueguera de sonrisa sencilla, tomar helado y bañarse en la playa son sus mayores disfrutes, aunque el rigor de los entrenamientos le priva cada día más de ellos.

«Cuando llegas a este nivel parece que no podrás soportar la disciplina de una selección nacional, porque es muy fuerte. Luego te vas adaptando y tanto la dieta diaria como las costumbres se vuelven cotidianas, sin grandes traumatismos», señala con una expresividad en su mirada que impresiona.

Estudiante de la Escuela de Profesores de Educación Física, Sheila Espinosa ha vuelto a entrar al tatami. Sabe de retos y rehuye las promesas. ¿Quién lo diría? No se perdió una gimnasta, ¡se ganó una judoca!

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Actualizada: 31 de julio/2006