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Actualizada: 16 de diciembre/2005

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JOVEN, JUDOCA Y ¡CAMPEONA MUNDIAL!

Por Joel García

Dentro de la poderosa selección nacional femenina de judo, hay una joven que acumula medallas en todos los eventos cumbres, léase campeonatos mundiales juveniles y de mayores, Juegos Olímpicos, Panamericanos, Copas del Mundo y torneos clase A.

Yurisel Laborde es de las pocas atletas cubanas que ha podido transitar por toda la pirámide del sistema deportivo de la Isla. Luego de su triunfo en los Juegos Escolares, la santiaguera logró oro y bronce en las lides panamericanas y mundiales, respectivamente, de la categoría juvenil. El tope en serio con la élite sobrevino con dos subtítulos del orbe en el pasado ciclo olímpico, en Munich 2001 y Osaka 2003.

Para la cita estival de Atenas, Grecia, su pronóstico era alcanzar una medalla de cualquier color y quedó satisfecha con el bronce en su debut olímpico. Sin embargo, doce meses después —y sin montarse en camello— ganó la corona mundial en El Cairo, Egipto, una impecable actuación que confirmó: ¡a la tercera fue la vencida!

IPPONES POR DOQUIER

El trofeo Ippón a la judoca más estelar en esa técnica durante el certamen universal ilustra la forma competitiva de Laborde —cariñosamente Yuyú para todos en el equipo—, a quien ninguna rival le duró más de dos minutos sobre el tatami en los cinco combates celebrados en la capital egipcia.

«Había hecho una excelente preparación y cumplí al pie de la letra la estrategia de combate diseñada por mis entrenadores. Ahí estuvo el éxito, sin dudas, el más importante de mi carrera deportiva hasta hoy», señaló la santiaguera, que prácticamente aseguró su presencia entre los diez deportistas más destacados de la Isla este año.

Con un carácter fuerte, pero risueño, Laborde anda siempre pensando en la posibilidad de superarse a si misma, sin tener en cuenta qué contraria enfrentará. «Cuando salgo a combatir no pienso en la historia ni las medallas de mis oponentes, sólo en hacer buen judo y salir airosa. Esa es la premisa que ha guiado los triunfos de nuestra selección por casi dos décadas, y por eso nos respetan en el mundo», enfatizó.

EN BEIJING HABRÁ QUE CONTAR CONMIGO

Al recordar su desempeño en la cita estival ateniense, Laborde reconoció que su estado psicológico fue fundamental para obtener ese bronce, pues nunca se dio por vencida, a pesar de caer en su segundo combate. «Sabía que podía discutir el oro con la japonesa Noriko Anno, tal y como sucedió en los dos mundiales de ese ciclo, y cuando perdí esa oportunidad sólo pensé: a Cuba no regreso sin medallas».

Sobre los retos futuros, la santiaguera puso delante sus estudios y conseguir preseas, como hasta ahora, en todas las justas importantes del cuatrienio, que incluyen dos oro esquivos por diferentes razones, el de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Cartagena de Indias —Cuba no asistió a la edición anterior en El Salvador 2002— y el de la justa panamericana, pues en los Juegos de Santo Domingo 2003 concluyó en plata.

Laborde, corredora de atletismo hasta los trece años, sabe que la disciplina y perseverancia actual la llevarán a cumplir cualquiera meta. Por eso ya está de nuevo en el tatami en pos del título olímpico en Beijing 2008. «No me gusta adelantar los acontecimientos, pero en estos cuatro años quiero ganarlo todo.

«Para eso entreno y además, cuento con el apoyo de mi familia, y en especial de mi novio», declaró.

La familia del judo femenino, dirigida por el carismático Ronaldo Veitía, ya suma doce monarcas del planeta desde su debut en estas lides en 1987. Un denominador común prevalece entre todas ellas, la confianza de nuevos triunfos y la sencillez en medio de la fama. Yurisel Laborde nos despidió a punto de entrar en su próximo combate: «Estoy empezando todavía, solo me gusta hablar de futuro».

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