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Durante cuatro meses, un grupo de estudiantes de Ingeniería Eléctrica de la CUJAE permaneció en Pakistán energizando los hospitales de campaña bajo responsabilidad cubana. Dos de ellos y un profesor estuvieron en contacto con la revista, que a partir de ahora publica estas:

CARTAS DESDE PAKISTÁN

Edición: Jorge Sariol Perea

Amigos de Alma Mater:

Esta carta probablemente se vaya conmigo, porque hoy es 12 de diciembre y ya estamos a punto de regresar a Cuba. Creo que en menos de diez días estaremos de vuelta.

Permanecemos todos en Islamabad, saliendo a hacer obras menores porque ya casi todo está terminado. Los muchachos se han portado admirablemente; digo los muchachos y hasta ayer como quien dice, han sido mis compañeros de estudio y en las actividades de la FEU.

Soy ingeniero eléctrico recién estrenado, y aunque he sido alumno ayudante desde los primeros años de la carrera no es lo mismo, porque en las prácticas no se tiene un trabajo de tanta envergadura, sobre todo porque vivimos en medio de las consecuencias de un desastre a los que no estamos acostumbrados los cubanos; y además, dirigir a muchas personas con distintos perfiles y especialidades, con gentes de la edad de mi padre —y hasta de mi abuelo—, no es algo que se aprende en la universidad, lleva tiempo y mucho diálogo.

Lo que más me ha impresionado son los niños. En Bastián tuve las visiones más desastrosas.

La fotografía grande que les envío es de un niño que se ha quedado sin nada y sin nadie; solo con sus siete años. En el momento de la foto ya habían pasado casi dos meses del terremoto y todavía no hablaba, estaba traumatizado.

Según nos contaron, ese día él había salido con su padre de compras, no lejos de su casa, donde estaban la mamá, hermanas y creo que abuelos y tías, porque sus hermanos mayores estaban en la escuela.En un momento, el padre le dice: «¡Aguarda afuera unos minutos», y entró en un comercio. Momentos después se produjo el terremoto, la abacería se desplomó matando a todos los que estaban dentro: clientes e incluso al dueño.

En medio del horror, la confusión y el desastre, el niño intentó regresar a su casa, pasando por la escuela de sus hermanos, pero ya no había nada; según me han contado murieron alumnos y maestros, todos.

Cuando por fin dio con su casa, se encontró con este panorama. El día que estuve allí por última vez, aún estaban debajo de los escombros los cadáveres de sus hermanas, que no se pudieron sacar. Para él esa es su casa, y de ahí lógicamente, no hay quien lo mueva. No habla, no pide, aunque acepta lo que le ofrezcan. Nosotros le dimos chocolate, comida, agua, algo de dinero y él murmuraba «¡gracias, gracias» en urdú y en inglés. Se acercaba a nosotros, sin temor, pero sin curiosidad. Estaba como un animalito desamparado.

Una asociación de Pakistán está intentando rescatarlos, pero son muchos como él. Son niños de cuatro, cinco y hasta 12 y 13 años. Estamos deseando con el alma que logren salvarlos a todos. A estas gentes hay que ayudarlas en lo que se pueda. Han sufrido demasiado. Ahí en Bastián estaban concentrados muchos, más de los que se pueda imaginar; andan descalzos, sucios, trabajando fuerte, lo mismo sacando cabillas que cargando materiales. He pensado mucho en mis sobrinos en Cuba, un poco majaderos, que en casa no quieren ni botar la basura.

La otra historia que quería contarles me…

…¡INCREIBLE!... ¡NO PUEDEN IMAGINARSE! ACABAMOS DE PASAR UN TERREMOTO…

…Les estoy continuando la carta a las seis de la mañana y en medio de… porque a eso de las tres menos cuarto de la madrugada, sentimos de repente un temblor seguido de una sacudida, y alguien gritó ¡terremoto! y luego el despelote. Pasado el estremecimiento muchos salieron ordenadamente, otros disparados con las ropas en las manos y descalzos.

Los que no pudieron correr, se asustaron en grande después que pasó todo, porque quisieron salir de cualquier manera, pero las puertas no abrían. El colmo fue Fidelito Guzmán, quien se había pasado el día entero recorriendo Islamabad. Estaba tan cansado y tan profundamente dormido que no sintió el terremoto; se despertó con la algarabía del regreso de la gente a las habitaciones.

Levantó la colcha y dijo con un ojo cerrado y otro abierto «¡¿Eh,y qué pasó,tú!?»

He esperado casi tres horas para entrar de nuevo a la habitación… es que… nunca… nada parecido… en Cuba si viene un ciclón te vas para zonas altas, lejos de inundaciones, aseguras puertas y ventanas; no se tocan cables caídos ni cruzas ríos crecidos, y además te están avisando con cinco días de antelación, pero en el terremoto a menos que estés volando te salvas de puro milagro.

Este pudo ser el momento de mayor peligro, pero recuerdo que en Cachemira pasamos muchos puentes colgantes, de madera, con cables de acero, a una altura que meten miedo de verdad. La primera vez que iba a cruzar uno, iba en una caravana con una Coaster y un Hino de nueve toneladas llevando el grupo electrógeno y otra carga pesada, y me asusté tanto que mandé pasar al Hino primero, por si acaso.

Total, el bus cargado con gentes y trastos resultó que pesaba más que el camión. Además, por esos puentes transitan tanques de guerra y vehículos de artillería. El día que se rompió el Tratado de Paz —el 4 de diciembre— iba a cruzar uno colgante y casi llegando a la entrada lo cerraron. Los soldados fueron tajantes: «Les aconsejamos dar la vuelta y cruzar por Kuahla», que es el único puente de mampostería que hay en toda la zona. Total, tres horas más de camino.

Una vez transitando por Malacot, un pakistaní muy viejo, nos preguntó de dónde éramos: «De Cuba», le dije, «¿dónde es eso, en África?», preguntó mirando a Pimienta, un trabajador electromédico. «No, América, Cuba, donde está la Base Naval de Guantánamo», le aclaró un joven. «Oh, América, sí; ¡entonces ustedes son los que tienen prisioneros a Saddan Hussein!» Estuve casi una hora tratando de explicarle y cuando dije por segunda vez Fidel Castro cayó por fin en cuenta, y caí yo con él al comprender qué tipo de información recibía. No tenían tipo de campesinos, al contrario parecían ser dueños de kiosco, comercio o fonda, gente que ve televisión y lee periódicos.

Y hablando de noticias, están diciendo por la radio que el terremoto de hace tres horas fue de 6,7° en la escala de Richter y que duró apenas segundos.

No es poco, no crean, ¡madre mía, de la que nos salvamos!

Abrazos


mayo/2006

Les escribo desde Rawalcot adonde debíamos haber llegado el 20 de noviembre cuando terminamos en Data el primer hospital-escuela, pero tuvimos que esperar a que desplegaran los otros hospitales, y mientras tanto salimos a dar apoyo a los demás trabajando en la instalación de pizarras generales de distribución —son PGD cubanas, que no serán tecnología de punta pero funcionan perfectamente y son muy confiables—, también en balanceo de carga y en dispositivos de protección que actúan en caso de falla. Pero lo que más he hecho es distribuir grupos electrógenos.

Aquí en Rawalcot todo va más rápido: se aprovechó una edificación antisísmica que entregaron las autoridades, y estamos en forma, muy entrenados; nos es más fácil ponernos de acuerdo con el director del hospital, y además vamos toreando al frío.

El 21 fui a Islamabad a buscar un camión con carga y regresamos con dirección a Rawalcot, que está en Cachemira,al día siguiente, en fecha especial para mí. Llegamos al atardecer —no se vayan haciendo ideas: nada de curda ni celebración. Tenía una imagen bastante vaga de Cachemira —en unos versos de Martí se habla de la bailarina española que abre en dos la cachemira Cachemira: tejido muy fino hecho con pelos de la cabra de Cachemira o con lana de ovejamerina .(nota del editor)—, y cosas que aquí comentan: como que era un territorio de la India, que después fue de Pakistán, y había grupos separatistas, que quieren independizarse tanto de Pakistán como de la India. Dicen que tienen dos termonucleares, y misiles apuntando para las dos partes. Nada de eso está a la vista, pero uno pude darse cuenta de que es un territorio militarizado. Sin embargo, con los cubanos todo el mundo se muestra con corrección.

Y ese 22 fue un día feo para mí, yo que siempre me estoy riendo, porque es el día de mi cumpleaños y estuve todo el día con una melancolía terrible, extrañando mi casa y mi familia, creo que hasta fiebre me dio; fue, hasta hoy, uno de los días más fríos que he pasado en Pakistán. Así, más o menos, pasé también el 23. Nos habían advertido que nos preocupáramos cuando viéramos llover, porque detrás venía la nevada fuerte. Sin embargo, sin llover nada, por la mañana encontramos todo congelado: los cables tiesos y los parabrisas llenos de escarcha. Para arrancar las plantas estuvimos casi 20 minutos intentando y luego como 20 más dándole carga para subir temperatura.

Pero ayer 24 me desperté entero. Yo soy «jamalichecomer de todo, nos guste o no, sin dejar nada en el plato.» y amanecí empuñando un pan y un jarro de café. El Pan es algo dulzón; no hay problemas mientras no te lo comas con algo salado, luego uno se acostumbra. Yo no tomo café —el que hay es el buen Cubita, de «Cubita», claro—, ni tomo té, aunque aquí lo tomé con leche, que es como se acostumbra entre muchos pakistaníes, pero no me gustó al principio porque parecía café con leche aguado —bastante aguado por cierto—, después le he cogido el golpe y tomo de vez en vez, en momentos de mucho frío.

Pero la historia que les iba a contar es que en los días que estábamos dándoles una mano a los demás, me fui a Islamabad acompañado de dos cubanos —Céspedes y Pimienta, dos especialista en Electromedicina— a buscar cinco grupos electrógenos para distribuirlos en diferentes partes en un recorrido bastante extenso.Salimos de la capital muy temprano, tanto que ni el chofer de la Coaster que me asignaron, un pakistaní llamado Garhvarni ni yo desayunamos. Solo comimos un pancito al mediodía Ya en la noche, encontramos una especie de fonda; el conductor hizo un gesto de estar con las «tripas pegásestomago vacío.», pero no se atrevía a pedir permiso para parar —ellos son muy respetuosos—. Yo, que estaba «heridotener mucha hambre», me llevé la seña, inconfundible en cualquier idioma y mandé a parar. Cuando iba a bajarme, Pimienta me dice «¡Tú estás loco, chico! Te vas a virar al revés con la comida pakistaní tan picante, a esta hora de la noche». Pero yo no aguantaba, y en vez de las grandes tortas de harina rellenas con carnes, que hacen parecidas a las pizzas, pedí al sirviente dos platos grandes de carnes, sin las tortas, y dos paquetes de pan.De más está decirle que despaché aquello en un dos por tres. En el lugar había varios clientes que se me quedaron mirando asombrados. Cuado fui a pagar el dueño me dijo «¡No, no, no, no amigo, sea invitado»!, entonces casi todos los paquistaníes sacaron dinero y costearon la cena. «Cobrarle sería un desaire a ustedes los cubanos que han venido a ayudarnos de tan lejos, pero además ha comido tanto, con tanto gusto y tan familiar la comida nuestra, que nos agrada mucho».

Peligro, lo que se dice peligro, no he sentido ninguno. A lo más, es circular de noche por las carreteras de las montañas y tenemos orden de no hacerlo, orden que cumplimos…casi siempre; pero a veces por distintas razones nos sorprende la tarde, lejos de donde estamos y hay que seguir; imagínense, pasar la noche en una Coaster, incómoda, bajo cero, y nada de nada…no es fácil; entonces es cuando las órdenes… se interpretan. Lo único que hay que hacer es decirle al chofer: «¡Hey, Garhvar, socio: mírame, listen to me, go ahead pero dales oftly que estas vías están en candela!»… son un montón las curvas con barrancos al costado,y las pendientes. En los solo 28 kilómetros entre Ayira y Abafur, te pasas dos horas bordeando o subiendo montañas; y bajando también, claro.

Yo siempre pensé que a cierta altura era imposible cultivar algo, pero aquí, incluso las montañas más altas están trabajadas en mesetas o terrazas, y cultivadas, con arroz, mandarinas, maíz, granadas, mucho té —en Data están las mayores plantaciones de té—, pero luego supimos que en invierno se ve pelado todo porque ya se recogió hasta la última cosecha. Es como un período muerto;todo el tiempo solo se vegente dando pico y pala en las carreteras. Casi todos, practican el islamismo, aunque hay otras religiones —yo no vi extremismo por ese lado—, aunque en verdad hay poco budismo porque la mayoría, después de la separación, se fue a la India.

Todavía no hemos visto serpientes ni animales salvajes. En las noches, se oyen a los lobos aullar en las montañas. La nieve, sí. Tenía mucha curiosidad por verla, y la primera vez que cayó, estábamos tan cansados, que notuvo mayor trascendencia. Un amanecer alguien asomó la nariz y dijo «¡Ñó, cómo cae nieve!, pero los demás dijimos «¡Ah, sí, déjala caer»! y seguimos debajo de las mantas y los abrigos. Como cada vez la temperatura es más baja que el día anterior,ya todo deja de sorprendernos.

Pero no puedo adaptarme a tanta destrucción: escuelas, hospitales, casas, comercios, todo en el piso. Familias enteras desaparecidas. Claro, el terremoto fue a principio de octubre y estamos a finales de noviembre.Se han recogido bastantes escombros y van disminuyendo las señas del desastre, pero hay huellas que nunca se va a borrar.

La próxima carta la hará el profesor Cápiro, quien debe pasar mañana por aquícon Lázaro Guerra, el otro profesor.

Saludos

1Cachemira: tejido muy fino hecho con pelos de la cabra de Cachemira o con lana de oveja merina .(nota del editor)
2 comer de todo, nos guste o no, sin dejar nada en el plato.
3 estómago vacío.
4 tener mucha hambre


abril/2006

Después de varios días por fin les escribo como prometimos; son las tres de la madrugada y hace muchofrío.

Hoy, 19 de noviembre, y después de cuatro días sin parar de trabajar, terminamos el primer hospital-escuela, en Data, y además… logré bañarme.

Salimos del hotel de Islamabad, capital de Pakistán, —fueron seis horas de viaje—, creyendo que había un proyecto previo, pero la realidad fue que tuvimos incluso que cambiar de lugar el grupo electrógeno, ayudados de una grúa que nos prestaron los soldados pakistaníes. Planeamos con el director del hospital cómo quería las cosas, y sobre la base de eso comenzamos a ejecutar un salón de operaciones aquí, la consulta tal allí, el laboratorio más allá, y así. En esta etapa, a Radomil y a mí nos tocó instalar la iluminación exterior, para que los demás pudieran trabajar de noche, hasta las doce, una o dosde la madrugada.

Data es un territorio más o menos montañoso y por estos parajes hay mucha siembra de maíz, y un señor cedió cien mt² para la construcción del hospital. Lo había arado hacía poco, y tuvimos que apisonarlo a como diera lugar para instalar las carpas. Está cerca de un campamento de refugiados y pasa por un costado la carretera principal de la región. Así que el lugar es ideal para atender a la población. Hay pinos por todala carretera que viene de la capital, perola vegetación es poca. En realidad esto está pela´o En la lengua popular quiere decir que no hay nada..

Todavía me acuerdo de que si no es por el telefonazo a la profesora Miriam, jefa de departamento del CIPEL, Centro de Investigaciones y Pruebas Electroenergéticas, adscrito a la Facultad de Ingeniería Eléctrica de la CUJAE. cuando salimos de aquella fiesta, nos habríamos bajado Fidel Guzmán y yo de la guagua en Novia del Mediodía, para irnos para la casa el fin de semana; y el resto se hubiera ido por ahí.

Nos pidieron ir a montar el sistema energético en los treinta hospitales bajo responsabilidad cubana en Pakistán: es decir grupos electrógenos, pizarras de distribución, transfers para dar salidas a las dos plantas; además de instalar luminarias, hacer el cableado y montar interruptores. Y no había mucho tiempo. Todavía no éramos ingenieros y nos estaban encomendando una misión internacionalista junto a Radomil Rodríguez, el matancero; a Yassel Puentes;Yoandris López y Maikel Fonseca, todos de 5to. año, y los profesores Lázaro Guerra yAlain Cápiro. Al principio pensamos que era un chiste de la profesora; luego la familia de cada quien creyó que el chiste era de nosotros;se enteraron la tarde anterior de que nos íbamos. Y la mayoría —incluidos nosotros— sabíamos poco de Pakistán, solo lo que se decía en la prensa sobre el terremoto.

Poco antes de salir para el aeropuerto, nos reunimos con el Comandante en Jefe Fidel Castro,quien nos dio una atención particular a los de la CUJAE; ya saben, éramos los más jóvenes, y éramos estudiantes; necesitaría escribir un libro para decirles del encuentro.

Del viaje les cuento poco, solo que una travesía intercontinental,para quien nunca montó en avión ni parair a Santiago de Cuba, era una fiesta desde que salimos del aeropuerto habanero José Martí, a las tres de la mañana, con más o menos calorcito. Luego fue Lisboa, Portugal, a las 12:45 del día, con 9 grados, en una escala en un aeropuerto militar, donde estaba el embajador cubano esperando y muypreocupado porque nos sintiéramos bien. Después fue Estambul, Turquía, y como no teníamos visa, las autoridades de allí no nos permitieron movernos, pero cubanos al fin somos…ya saben… yasí caminamos toda el área, la que se podía y la que no, para tratar de ver la cultura islámica por algún lado, pero nada, todo está occidentalizado.

Llegamos por fin a la capital de Pakistán, a la parte militar del aeropuerto internacional, después de 22 horas de vuelo. Allí estaba Bruno,Bruno Rodríguez el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, quien nos recibió con mucho entusiasmo, preguntándonos dónde estaba la bandera de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

Del terremoto no vimos nadaallí, porque el desastre fue para otra zona. De la ciudad, el primer choque fue que no se veían mujeres. Islamabad debía tener detodo lo que tiene una ciudad occidental — fue fundada en 1967—, pero solo se ven hombres; las mujeres casi nunca salen a la calle. Y la ciudad es polvorienta y seca, sin brillo, no es como La Habana quees luminosa.

Del aeropuerto fuimos directo para elDinasty Hotel y ahí empezó el contacto con las costumbres. La gente es muy amistosa. Cuando se fueron dando cuenta que había extranjeros allí, casi sitiaron el hotel para pedirnos comida, sobre todo los niños.

Los niños pakistaníes no tienen una situación tan precaria, pero aparecieron muchos. Y el gerente nos pedía que no diéramos comida allí. «No nos importa que regalen comida del hotel, pero háganlo lejos del lugar» —insistía—; «la cuestión es que si le dan a uno,vendrán miles ybajará el nivel de la instalación». Ahí es cuando te dices a ti mismo «Ñóoo,esto es el neoliberalismo a la cara». Cuando quisimos acercarnos y hacer fotos, los niños salían todos armando un tropelaje, asustados, huyéndole a la cámara. Intentamos comunicarnos en inglés, pero nada; buscamos alguien que les tradujera al urdu, pero igual; fue cuando supimos que eran niños afganos refugiados, que cruzaron la frontera después de la invasión norteamericana, y que hablaban Pashtún, un dialecto de Afganistán. Son cientos y están en total desamparo.

El otro impacto fue escuchar al muecín Musulmán que desde el alminar convoca en voz alta al pueblo para la oración. llamando a los fieles a los rezos; fue tremendo, porque eso sí, ahora lo hacen por un sistema de audio fortísimo, colocado en las torres de las mezquitas, o en cada esquina, por toda la ciudad, lo mismo a las cinco de la mañana, a las doce meridiano, que a las cinco de la tarde. Llegó un momento que casi me saca del paso.

La comida aquí en el campamento es cubana,pero en el hotel es arroz, pollo o carne de búfalo, que es comida de paquistaníes, pero las torrejas del desayuno, para mí que las fríen en el aceite con que había preparado la carne de búfalo la noche anterior. Y a todo le ponen mucho picante. Imagínense algo dulce con picante para empezar el día.

Y del desastre del terremoto en el interior de Pakistán, ya les contarán los otros;medio país ha desaparecido, borrado literalmente.

Ya termino. He dormido poco; al amanecer nos vamos y todavía no sé qué lugar me tocará a mí. A Fidel —nativo como yo, de Artemisa, y quien hará la próxima carta— le tocará, junto a Yassel, ir a Shater Plane. Otros irán a Rawalakot y también a Malot. Hasta hoy todos trabajamos juntos, pero en lo adelante serán seis brigadas con destino diferente, cargando cada quien, entre otras cosas,con la Biblia en la teoría y la práctica del ingeniero eléctrico —o tal vez debiera decir el Corán—, es decir los dos enormes y macizos tomosque venimos arrastrando desde el primer año en la CUJAE.

Saludos desde Data

 

1 En la lengua popular quiere decir que no hay nada.
2 Centro de Investigaciones y Pruebas Electroenergéticas, adscrito a la Facultad de Ingeniería Eléctrica de la CUJAE.
3 Bruno Rodríguez
4 Musulmán que desde el alminar convoca en voz alta al pueblo para la oración.

 


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Actualizada: 15 de junio/2006