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SIEMPRE EL MISMO ENEMIGO
Por Pedro Meluzá López
Un pensamiento cardinal prevalece en los principales forjadores de la independencia cubana, desde Yara en 1868 hasta nuestros días.
En aquellos años del siglo XIX el enemigo inmediato a vencer era la metrópoli española, aunque ya se vislumbraba que el principal peligro lo constituía Estados Unidos y su entonces en ciernes imperialismo.
Hoy no existe el colonialismo hispano, pero el adversario sigue siendo «el Norte revuelto y brutal que nos desprecia».
Según los historiadores, fue el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, de los primeros en alertarnos acerca de los vecinos sajones, cuando en la etapa inicial de la Guerra de los Diez Años señaló que «el secreto» de esa política norteamericana «es apoderarse de Cuba».
Un mes antes de su muerte en diciembre de 1896, el Titán de Bronce, Antonio Maceo, escribía a un amigo: «Tampoco espero nada de los americanos; todo debemos fijarlo en nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso».
El «Norte revuelto y brutal» del que alertó José Martí vuelve a inscribirse, ya en la manigua cubana, en su testamento político de 1895.
«… ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con qué realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso».
Tras el surgimiento, en 1902, de la República Mediatizada por ataduras políticas y económicas a Norteamérica, Washington propone al año siguiente un convenio que trata de legitimar su dominio sobre la mayor de las Antillas.
Un fuerte debate se produce en marzo de ese año cuando el Congreso cubano discute acerca del propuesto Tratado de Reciprocidad Comercial Cuba-Estados Unidos.
En la bancada senatorial contraria a la firma del documento sobresalieron ilustres patriotas de la talla de Juan Gualberto Gómez, Salvador Cisneros Betancourt y Manuel Sanguily, de quien es la frase:
«…todo tratado de comercio envuelve o encubre una cuestión política… y en el fondo del que examinamos nadie podrá negar que palpita un pensamiento político para nosotros pavoroso…»
Y concluía su pensamiento: «…ha de ser funesto para la independencia de Cuba».
Por esa época causaron expectación las declaraciones hechas a la publicación estadounidense Review of review por otro preclaro luchador independentista, Bartolomé Masó: «Estado soberano de nombre, de hecho (Cuba) no será más que una colonia autónoma colocada bajo la égida de EE.UU… una dependencia».
De Céspedes a Fidel una misma idea libertaria entronca varias generaciones cubanas.
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