|
¡MINUTEMEN AL ACECHO! 
SOLO EL DESIERTO ES TESTIGO
Por Iliana García Giraldino
Patrullas de civiles estadounidenses armados recorren la frontera con México, a fin de «parar la invasión de inmigrantes», propósito declarado por directivos de la organización paramilitar Minutemen, nombre tomado de los voluntarios que en el siglo XVIII eran delatores y se alistaban en minutos para enfrentar a los ingleses en la guerra de independencia de Estados Unidos (1775-1783).
California es la sede de Minutemen Project (MMP), con unos cinco mil miembros, según datos de la propia organización surgida en 2004 y con su primera operación de terreno al año siguiente. Los integrantes disponen de armas, instrumentos de detección nocturna, equipos de comunicación sofisticados y decenas de aviadores y helicópteros. Hacen convocatorias a movilizaciones vía Internet y otros medios de comunicación (llamando preferentemente a ex miembros del ejército), y aparecen en la prensa titulándose «patriotas».
Esos caza inmigrantes declaran como único fin sorprender a los ilegales y avisar a las autoridades fronterizas, aunque han manifestado «que en caso de que sus vidas corran peligro, repelerán el ataque con fuerza letal».
Impunemente podrían matar a los hombres, mujeres o niños que se lanzan a la aventura de cruzar la frontera para trabajar, ayudar a sus familias y sobrevivir. En un valle solitario, en la noche o el día, los paramilitares están solos y libres para actuar como les plazca, sin existir posibilidad alguna de controlar su xenofobia, ni de hacer una denuncia o comprobar un crimen.
En pleno siglo XXI estas bandas se reúnen y festejan en acampadas (con prensa invitada), antes de internarse en el desierto con su odio feroz hacia los mexicanos y todos los latinoamericanos que intentan a riesgo de sus vidas alcanzar el «sueño americano». En definitiva son desplazados en su tierra, huyen de la pobreza y el desempleo generados por la expoliación de las economías de sus países por los propios Estados Unidos y otras naciones del Norte.
Los miembros de MMP siembran entre la ciudadanía estadounidense el rencor y la repulsión por los emigrantes, y los presentan como una amenaza al sistema.
Para colmo, entre esos cazadores de inmigrantes se han insertado grupos neonazis con teorías como estas: Los no-blancos convertirán a América en un mundo tercermundista. Vienen por el bienestar y nuestros trabajos. Ellos traen el crimen, mandémoslos a su tierra.
Otro ejemplo: El profesor Armando Navarro, de la Universidad de California Riverside, ha sido objeto de insultos y amenazas de muerte, vía telefónica y e-mail, por defender a los ilegales y condenar a los paramilitares.
No obstante, MMP trata de cuidar su imagen y ha sido capaz, en medio de la cólera propia de los segregacionistas, de hacer una cínica concesión: han llamado a sus miembros a «abstenerse de lanzar consignas antimexicanas durante los operativos», mientras nombran a sus misiones «Seguridad de Nuestras Fronteras», con partes públicos de centenares de «avistamientos». Pero nadie sabe la información que ocultan. Solo el desierto es testigo.
Son reiteradas las denuncias de las dramáticas aventuras de los ilegales y su entorno marcado por los traficantes de personas (coyotes), los desmanes de las autoridades norteamericanas y de los empleadores.
He aquí una: Cientos de inmigrantes han muerto en las áridas y escarpadas montañas al este de Tijuana, y ahora pocos cruzan allí. La carretera 8, que va de San Diego hacia el este, atraviesa una zona militarizada de cientos de kilómetros con retenes y autobuses de la Migra* en todos los caminos. Es como una segunda frontera. Para los blancos, no hay bronca, pero paran a los latinos que manejan camionetas o campers. Sobrevuelan aviones y helicópteros, y los jeeps de la Migra corren por los caminos a toda velocidad. En Yuma, Arizona, se ven los enormes faros en la frontera a varios kilómetros. Docenas de personas se han ahogado en el canal de aguas negras cerca de la frontera y cientos han muerto en el desierto, llamado «el Valle de la Muerte» por ser la zona más cálida y árida del país.
A los MMP no les basta con el trato inhumano que dan a los inmigrantes las patrullas estadounidenses de frontera. No bastan los muros, las golpizas, violaciones y crímenes que se cometen contra los indocumentados; ni los que perecen en el intento de cruzar con sus espaldas mojadas, o por el calor del desierto, asfixiados en camiones cerrados o atacados por animales u otras causas. En 2005 murieron mil mexicanos en la frontera, según datos de ONGs, y anualmente la cifra promedio supera los 400.
Los Minutemen exigen acciones aún más enérgicas contra «la plaga» que viene de México, y como consideran insuficiente el salvajismo y la persecución del gobierno, ellos acuden con fusiles, pistolas y binoculares a enfrentar «valientemente» a los «peligrosos» emigrantes: humildes trabajadores que, cuando logran traspasar el límite territorial, son explotados sin miramientos en labores agrícolas y otros fuertes trabajos, con bajísimos salarios y el chantaje permanente por ser indocumentados. Los tratan como semiesclavos, en barracas alejadas de las casas principales de los ranchos, sin derechos, víctimas de fraudes, engaños, despotismos e intimidaciones.
La actividad de los Minutemen es rechazada por organizaciones sociales que defienden los derechos de los emigrantes, y por toda persona con un sentido elemental de ética y humanismo, pero también hay elogios por parte de sectores extremistas y, créalo o no, el ex-Terminator-gobernador-de-California, Arnold Schwarzenegger, afirmó que los MMP «han realizado un trabajo maravilloso en la frontera».
El artículo «¡La guerra está aquí! Odio antinmigrante», de la publicación digital Migrantes, señala:Estos «voluntarios» cazainmigrantes, podrán dar rienda suelta a sus bajos instintos y mancillar y matar a cuanta persona se les cruce en su camino, y todo esto gracias a que W. Bush con su política del Acta Patriótica y del combate al terrorismo ha alentado entre los adictos a la guerra,a usar la violencia, el terror, contra cualquier persona «diferente» a ellos.
Mas el odio de los Minutemen hacia los inmigrantes va más allá de la vigilancia de las fronteras. El ocho de febrero de este año 2006 se manifestaron frente al Capitolio contra el proyecto de entrega de visas temporales a trabajadores extranjeros. Uno de los lemas era Cero tolerancia a los ilegales en Estados Unidos, y otros advertían sobre «el peligro» que representan a la seguridad y la economía del país.
El legislador republicano Tom Tancredo, distinguido «Minutemen», aseguró en el mitin que no hace falta deportar a los entre ocho y 11 millones de inmigrantes indocumentados, porque «se irán por su cuenta cuando los empleadores ya no los contraten y no tengan acceso a beneficios sociales».
Por otra parte Al Garza, líder de MMP en Texas, informó que desde la última misión de los Minutemen en octubre de 2005, el grupo ha estado entrenando para lanzar otra operación de vigilancia de frontera posiblemente en marzo o abril de este año 2006, siempre asegurando que «lo principal es mantener a la organización libre de racismo» (¡!).
La realidad es que los mexicanos son cazados como conejos por ir hacia su propio territorio (Estados Unidos le arrebató a México la mitad del país en la guerra que ganó en 1848); discriminados por quienes se apoderaron de las posesiones de sus antecesores; vejados y perseguidos como indocumentados cuando realizan un enorme aporte productivo a Estados Unidos que los explota y considera imprescindibles para su economía, pero los margina socialmente. Son despreciados su idioma, cultura e historia. Y ahora también víctimas de las movilizaciones de MMP.
Como suele suceder en las sociedades capitalistas, la peor tragedia humana puede convertirse en dinero. Existe una compañía privada mexicana que ofrece pólizas de tres años a los inmigrantes latinoamericanos, y por 30 dólares les garantiza embalsamar un cadáver, llevarlo de regreso a su país y correr con los costos del funeral.
Terrible la «pesadilla americana».
* Patrullas de frontera
|