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14 DE MARZO DEL 2006 DÍA DE LA PRENSA CUBANA
CRONISTAS DE SU TIEMPO Y TESTIGOS ACTIVOS DE LA HISTORIA
Por Tubal Páez Hernández
Alejo Carpentier dijo un día en una conferencia memorable en la sala de linotipos de Granma que el periodista era un cronista de su tiempo. Años después, otro gran colega, el español y latinoamericano Luis Suárez, afirmaría que el periodista era un testigo activo de la historia.
Ambas definiciones, como otras no menos profundas y ciertas, resumen el papel profesional y social de aquellos y aquellas que en cumplimiento de un pacto con la verdad, la palabra y la conciencia ejercen “el mejor oficio del mundo”, al decir de Gabriel García Márquez.
La lujuria creciente del capitalismo por apropiarse a como dé lugar de los resultados del trabajo de todos y por alejar la autodestrucción que lleva dentro, ha terminado por asignar al periodismo y a los medios de difusión bajo su dominio el repugnante papel de principal corruptor de las ideas y los sentimientos humanos.
Quienes defienden los principios éticos del periodismo comprometido con la verdad y la justicia social, en los medios alternativos e incluso en los de carácter empresarial con serios riesgos para la salud, el empleo o la vida, comprenden cada vez más que la suerte de su profesión y la suya propia están ligadas de manera indisoluble al logro de un orden justo y humano en sus sociedades.
La irracionalidad del modelo hegemónico se descarga con particular fuerza sobre la opinión pública, ya sea mediante la propuesta de un mundo tan fascinante como irrealizable, la mentira desnuda o la muerte brutal.
América Latina es la región de los grandes contrastes. Es la parte del mundo donde peor se distribuye la riqueza y donde, como resultado de esto, se mata a más periodistas. En este sentido, un bombillo rojo, que alarma extraordinariamente a los periodistas latinoamericanos, se ha encendido en México, donde en lo que va de foxismo se han asesinado 54 periodistas, cifra que supera, incluso, las bajas violentas de estos profesionales en Iraq o Colombia, y se acerca de manera acelerada a la de los colegas argentinos desaparecidos durante la espantosa dictadura militar.
En ninguno de los casos han aparecido los autores. La impunidad total de que gozan estos cazadores de disidentes, junto a los centenares de mujeres e inmigrantes muertos cada año en la frontera común son una expresión clara del tipo de régimen que exige el vecino hegemónico a sus aliados.
Mientras, el cinismo que acompaña al dinero se convierte en nervio público de la doble moral en boga. Es Cuba la acusada, precisamente el país que respeta con particular celo la integridad física y moral de los profesionales de la prensa que se desempeñan en nuestro país, sean cubanos o extranjeros. Por eso, en el Día de la Prensa Cubana, como homenaje a Patria, fundado por Martí para promover la guerra por nuestra independencia de España y de Estados Unidos, no debemos olvidar a Carlos Bastidas, el último colega asesinado en Cuba por ejercer la opinión, aquel joven ecuatoriano que el tirano de turno ordenó matar en mayo de 1958.
Actualmente, el sistema de prensa del gran capital es centro de escándalos, de engaños o silencio cómplice, con lo cual se evidencia su participación en las grandes tomaduras de pelo de la opinión pública mundial, muy relacionadas con la peor catástrofe de la historia que sufre actualmente la humanidad. Por mucho menos, los jefes de la propaganda hitleriana debieron comparecer también ante el tribunal internacional de Nurenberg.
En oposición, el polo mediático contrahegemónico adquiere cada vez más organización, influencia y extensión, se apoya en las posibilidades de las nuevas tecnologías y se integra a los movimientos sociales y a las fuerzas que en el planeta comprenden la necesidad de defender la humanidad.
A la cabeza de esa prensa que promueve un orden alternativo al capitalismo para salvar y mejorar la obra humana, está el periodismo revolucionario cubano que jamás ha escrito una sola palabra en contra de los intereses de su abnegado y heroico pueblo ni de todos los habitantes de la Tierra que tienen derecho a vivir en paz, con salud, educación, trabajo y justicia social.
Como nunca antes los periodistas cubanos han sido y son cronistas de su tiempo y testigos activos de la historia, les ha cabido el enorme privilegio de estar siempre en la primera línea para poder narrar las proezas que una Revolución hace cotidianas, tanto en la edificación de la nueva sociedad como en la resistencia y el combate para defenderla, como ahora, del grupo más cínico y genocida que ha gobernado Estados Unidos.
La prensa cubana enfrenta, como toda nuestra sociedad, obstáculos y desafíos, sufre limitaciones y comete errores, que por desgracia o por fortuna, los hace públicos. Pero su gran reto es organizar mejor el talento y los recursos para que dentro y fuera de nuestro país se pueda conocer y comprender en toda su dimensión el oasis de humanismo que representa Cuba en un mundo que se cae a pedazos bajos los golpes de un modelo depredador de las riquezas naturales y la espiritualidad individual.
Y sobre todo para explicar y mostrar la rebeldía y la nueva realidad que la propia injusticia y la humillación están generando en todas partes. Y todavía más: para desnudar la compleja trama de la industria ideológica imperial, inseparable compañera de la maquinaria de la guerra, para que implementemos una especie de Operación Milagro de nuevo tipo, que ayude a ver cómo se ocultan la mentira y el terror tras palabras bonitas como democracia y libertad.
Hoy los periodistas cubanos celebran su día, como es su deber y deseo, denunciando la guerra, el terrorismo y la política demencial del Gobierno de los Estados Unidos. No hacen otra cosa que continuar el ejemplo de Martí y de los revolucionarios cubanos que siempre vieron en la prensa un vehículo para lanzar sus ideas al combate.
Merecen un saludo cariñoso aquellos que se desempeñan abnegadamente desde un medio territorial, nacional o internacional, en las nuevas emisoras y telecentros locales, en los canales educativos o en los sitios digitales para Internet.
Muy en especial deben recibir también el reconocimiento de su pueblo y sus colegas, los ejemplares compañeros que, utilizando la voz, la palabra escrita o la imagen, se esfuerzan por encontrar un discurso periodístico a la altura de la obra humana que están dejando nuestros internacionalistas de la salud o la educación en Paquistán, Venezuela, Bolivia, África, el Caribe u otros lugares del mundo.
La Revolución cubana sabe de la lealtad y compromiso tras casi medio siglo de trabajo infatigable, muchas veces anónimo, de cientos de periodistas y trabajadores de la prensa, quienes consideran un honor pertenecer a un pueblo ejemplar que globaliza la solidaridad, y un privilegio tener un jefe, como el compañero Fidel, que ha convertido en instinto de todos los cubanos la necesidad y el placer de defender la dignidad y pelear contra la injusticia.
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