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NO A LA VIOLENCIA
Por Marieta Manzo
Ya han pasado más de tres milenios desde que el Hombre comenzó a contar los días, y si se fijan bien, han sido tres milenios de guerras, saqueos, devastaciones.
Lo cierto es que, mientras la Humanidad supuestamente avanza en el uso pleno de sus facultades mentales, emplea con escalofriante frecuencia los resultados de su inteligencia en el exterminio de sus semejantes.
Así, la violencia se ha ido convirtiendo en algo dolorosamente cotidiano y, como si no bastara la que abarca a países enteros, las personas han ido llevando poco a poco esa violencia a las calles y a las casas.
Lo peor del caso es que muchas veces no creemos que estemos ejerciendo violencia cuando le contestamos mal a alguien de la familia, o al vociferar una obscenidad ante cualquier cosa, y ni siquiera en el instante en que empujamos a otra persona para atrapar el ómnibus o la guagua; estas situaciones, no lo dudes, son otras tantas expresiones de abuso con el agravante de llevar aparejados los consabidos pretextos de: si eres de azúcar, te comen las hormigas.
Por supuesto que no se trata de permitir tranquilamente que los demás utilicen la fuerza con nosotros. Se trata, sobre todo, de no ser nosotros los primeros en emplear la fuerza con los demás y, luego, en constituirnos en inteligentes, mesurados y civilizados valladares ante cualquier manifestación de abuso.
Si lo piensas bien, es más agradable ayudar a una madre a que se acomode con su niño en la guagua, que empujar a un anciano; como también resulta más fácil sonreír que emitir un gruñido, dar las gracias en vez de voltear la cara, conversar en lugar de encerrarse en una absurda torre de hierro.
Ahora que empieza el año, qué bueno sería proponernos decir un firme NO a la violencia, y convertirnos en verdaderos seres humanos.
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