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Actualizada: 18 de noviembre/2005

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EL DISEÑO, ENTRE LA INDUSTRIA Y EL ARTE

Por Jorge Sariol

Han cambiado mucho las concepciones del diseño en el mundo contemporáneo, pero la base fundamental sigue siendo el mercado, cada vez más feroz y cada vez menos escrupuloso.

En el pasado Encuentro Internacional de Escuelas de Diseño, celebrado en Cuba, un experto en el tema disertaba sobre algunos puntos. (La falta de matices de la traducción me impidió descubrir hasta dónde era también su filosofía o lamentaba ciertas normas al uso): «el diseñador NO es un artista; el diseño NO es autoexpesión ―¿Pero es identidad?―, es un «solucionador» de problemas, incluso un «identificador» de problemas, se exigen diagnósticos, no píldoras. En el diseño, una idea es solamente el cinco por ciento del trabajo final; el diseño no se enseña, se aprende a usar las herramientas. Y claro que es un proceso intelectual que tiene que producir resultados concretos.»

Otros participantes lamentaban que en la actualidad la industria crea artículos cada vez más sofisticados en donde el diseño es realmente fabuloso, sin pensar en el momento en que se desechen los productos:si el material es tóxico o si demora siglos en descomponerse.

Por lo tanto ―concluían todos, eso sí― el diseño «debía ser ecológicamente consciente y socialmente útil; ambientalmente sostenible y económicamente válido.»

La idea cubana en la enseñanza del diseño intenta ir por estos caminos en la búsqueda de graduados más integrales.

Alma Mater indaga. ¿Hasta dónde la especialización contradice la integralidad? O mejor, vayamos por partes. ¿Hasta dónde la industria niega al artista en el diseño de ropa, por ejemplo?

Primera parte

Maray Pereda Peña, jefa del departamento de Vestuario del Instituto de Diseño industrial (ISDI) comienza el sparring sobre el tema:

«Aquello de que el diseñador no es un artista es discutible pero tiene mucho de cierto. Ahora bien, hay que tener en cuenta dos cosas:el ISDI es un Instituto que forma hacia la industria; el diseñador de vestuario va hacia una empresa de confecciones, con usuarios y mercados determinados, patrones y presupuestos. Y por otro lado puede darse el caso de que se necesite un diseño de la marca del producto: si es más integral mejor será la preparación del diseñador y mejor emprenderá el trabajo. Aun cuando pudiera trabajar sobre el vestuario de cine, el teatro o el espectáculo, no puede perder esas perspectivas.»

La idea funciona: en la Bienal de San Ettienne, en Francia, clasificaron dos proyectos cubanos, y uno fue de estudiantes del ISDIcon unproyecto de vestuario con materiales reciclados.

«Ya la clasificación es tan importante como el premio mismo», advierte la profesora Maray, sin embargo el departamento de Diseño del ISDI es el más pequeño de todos: tres varones y cuatro hembras estudian en el tercer año; en cuarto, dos varones y dos hembras. En quinto, tres hembras y un varón.

¿No serán muy pocos?

Rafael de León Duarte, Premio Nacional de diseño 2005 y diseñador de los famosos trajes de baño Vanesa ―cree que no: «Cuba es una isla muy pequeña, con una infraestructura textil mínima, a la que hay que vincular a los nuevos diseñadores; y no creo que el camino sea enlazarlos a la privacidad creadora de diseñadores de elite o de objetos museables. ¿Sería mejor que fueran más?Tal vez sí, pero lo importante es que sean muy buenos, y realmente lo son, tienen una tremenda perspectiva en sus carreras. A mi modo de ver la enseñanza del diseño en Cuba es excelente, preferiría unas modificaciones pequeñas, pero son cuestiones de concepto. Pienso que en vez de cinco años bastaría con cuatro, peroesa es mi opinión.»

Lauren Fajardo, estudiante de cuarto año de Vestuario del ISDI, al contrario de los que piensan en el limitado futuro del diseño de vestuario en Cuba, no cree que haya vacío en cuanto a capacidad creativa de los jóvenes diseñadores, ni que la falta de recursos o financiamiento sea un problema insalvable.

«Lo curioso es que los pocos estudiantes de diseño de ropa que tiene el ISDI participan siempre en FIMAE, en HABANABEL y en cuanta feria de la moda se hace en Cuba. Los estudiantes hemos participado desde proyectos de uniformes militares hasta en la creación de modelos de ropas para personas de la tercera edad y embarazadas, entre otros proyectos.

«A final de cuentas, la falta de recursos o financiamiento, pudiera motivar la creatividad en la búsqueda de soluciones».

¿Hay vinculación con el «mundo profesional»?

«Hay poca. Los que lo hacen es porque salieron de aquí, o tienen capacidad pedagógica, carga intelectual y entienden que hay que ayudar a formar diseñadores de ropa; hay otros que son autodidactas, con muchos años de experiencia, ―algunos buenos―, a los que hay que consultar, pero existen unos cuantos haciendo un diseño sin calidad y se creen diseñadores― o los creen― porque lograron un modelito que se vendió, o porque no tenían competencia.

«Las cosas van cambiando porque ya ha salido una generación con formación académica, con capacidad creadora y talento natural.»

¿No te preocupa la competencia?

«No, al contrario. Sería bueno que se sumen más estudiantes porque a la larga eso hará que exista un movimiento que cree un estilo cubano.»

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