Cosas del espaÑol
Por María Luisa García
Como casi todo el mundo sabe, el español se deriva del latín vulgar —que hablaban los soldados del Imperio Romano asentados en territorio hispano— el cual se fue fundiendo a los dialectos de los pobladores de la Península Ibérica. Así sufrió un largo período de mestizaje, en el cual también fue tomando préstamos de otras lenguas, por ejemplo, del griego (afrodisíaco, análisis y mathematikós, que significa nada menos que «estudiosos»); del árabe (aceite, adoquín, trapiche); de los idiomas o dialectos que hablan los pueblos vecinos(acuarela, bicoca y póliza del italiano; billete, granja y toneldel francés; lezna, guerra, y sopa de las lenguas germánicas;andrajo, aro y tiburóndel portugués; boxear, tatuar y hurradel inglés).
De igual manera, nuestro idioma creció con el aporte de los pueblos americanos, por ejemplo, aguacate, jícara y tamal, de origen azteca; manatí, marañón y guayaba,voces caribes; ají, jagüey, mamey y manigua, del taíno; bohío, güira y jaibadel aruaco antillano. En principio, fueron vocablos que daban nombre a plantas, animales y algunos objetos muy relacionados con las culturas aborígenes, nuevas realidades para las que los conquistadores no tenían una denominación. Sin embargo, este proceso de asimilación se extiende hoy a todos los aspectos de la vida, como puedes apreciar en voces como cederista y anirista, que reflejan la realidad cubana de hoy, las cuales presentan la interesante peculiaridad de que se han formado a partir de una sigla.
Así la lengua española, una de las más habladas del mundo, se enriqueció y se enriquece cada día con el aporte de muchos pueblos, y hoy constituye una realidad aceptada por todos que es precisamente el continente americano el lugar donde se concentra la mayor cantidad de hispanohablantes, el que más aportes realiza.
En fin, que nuestro idioma, como nuestra cultura, es un verdadero ajiaco.