La Revista Joven más antigua de Cuba
Actualizada: 16 de diciembre/2005

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KISSINGER, MALÉVOLO CEREBRO IMPERIAL


Por Pedro Meluzá López


D
esde finales de la II Guerra Mundial proliferaron en Estados Unidos los llamados «tanques pensantes» (think tanks), instituciones académicas donde analistas y universitarios estudian y trazan estrategias de política exterior.

Muchos brillantes intelectuales emergieron de esos centros, pero igualmente surgieron otros ultraconservadores y pérfidos, como Henry Alfred Kissinger, nacido en Alemania en 1923 y naturalizado norteamericano en 1938.

«No veo por qué tenemos que apoyar y observar cómo un país se vuelve comunista», es la frase que lo caracterizó durante toda su carrera en la Casa Blanca: presidente del Consejo Nacional de Seguridad de 1969 a 1975 y Secretario de Estado desde 1973 hasta 1977.

Ese período coincide con lo que estudiosos califican «la larga y oscura noche del terror en América Latina», insertado en la historia por cruentos golpes militares y despiadada represión en Brasil, Chile, Uruguay y Argentina, matizados por la invasión a República Dominicana, el apoyo incondicional al criminal régimen de Stroessner en Paraguay y la intensificación de las acciones terroristas contra Cuba, incluida la voladura de un avión con 173 personas a bordo, todas muertas.

Aunque «la larga noche...» había comenzado a mediados de 1960 y se prolonga hacia la mitad del 80, adquirió sus máximos ribetes de horror con HK en puestos clave de las Administraciones de Richard Nixon y Gerald Ford.

Tanta dedicación le prestó el graduado de Harvard a la región americana, que se le considera el cerebro creador en 1975 de esa transnacional del terror que fue el Plan Cóndor.

Su nociva inclinación por Latinoamérica le viene de su vieja amistad con la familia Rockefeller, con extensos intereses económicos allí.

En el abultado expediente oficial de Henry K. sobresalen algunos hitos, cuya veracidad está ratificada en 677 documentos del Departamento de Estado desclasificados recientemente y que comprueban la estrecha colaboración y el aliento brindado a los autores de esos horrendos hechos.

Chile: La Casa Blanca concibió dos planes contra Salvador Allende, con la colaboración y financiamiento de la poderosa ITT (International Telegraph and Telephone). El denominado Camelot pretendía impedir su toma de posesión tras ser electo en 1970. Ese es un ejemplo «contagioso» que podrá «infectar» a otras naciones favorables a Estados Unidos en América Latina, sentenció Kissinger, entonces director del Consejo Nacional de Seguridad, quien dio luz verde a la acción, según revelaron las audiencias sobre el tema en el Congreso estadounidense. Fracasado el primer plan, se ejecuta Yakarta, cuyo objetivo primario era «hacer que la economía chilena grite», en palabras de HK, para dar paso después al golpeen 1973, también autorizado por Washington.

Argentina: Sí, pero «háganlo todo rápido», le expresó Henry Alfred al canciller argentino, almirante Augusto Guzzetti, cuando este le consultó en 1976 el programa represivo que pensaba desarrollar el nuevo régimen militar, igualmente bendecido por el ya Secretario de Estado.

Cuba: El controvertido personaje germano-yanqui estuvo como canciller al tanto de la reunión en Santo Domingo, 1976, donde se organizó el sabotaje al avión de Cubana. De acuerdo con documentos del FBI y la CIA recién desclasificados, Kissinger supo con antelación del siniestro proyecto, pero tras la voladura en Barbados declaró cínicamente a la prensa que Washington nada sabía al respecto.

El tránsito de Henry Kissinger por la Casa Blanca de 1969 a 1977 dejó muchas páginas de terrorismo de estado y heridas que hoy siguen sangrando en la región latinoamericana.

 


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