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Actualizada: 27/01/2005

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Violencia una grieta en el muro

Por Jorge Sariol y Yanet Bello
Ilustración: Darien Sánchez

«¡Línea Escucha Contra la Violencia!,¡Buenos días!¿Podemos ayudarte en algo?»...
Una riña callejera entre dos hombres despierta la curiosidad de los viandantes. La violencia de la pelea adquiere dramatismo y hace que alguien descuelgue un teléfono y marque el 106. Llega la policía y carga con los gladiadores silvestres. Si hay lesiones en uno de los contendientes —algo previsto y tipificado por la ley—, habrá juicio; si no, una multa a ambos por escándalo público, y a otra cosa.
El machismo, el vandalismo y la agresividad, pudieran sembrar la mala semilla.
Muy pocos hombres denuncian que son víctimas de la violencia de otro hombre. La solución es armar «la piñacera», si es valiente. O se rezonga una venganza que nunca se sabe cuántas posibilidades tienen de fructificar.
Si un hombre golpea a su mujer, si una mujer les pega a sus hijos, si todos atropellan al abuelo, difícilmente alguien llama a la policía. Las denuncias son escasas en tales casos. Si tienen que ir a un hospital por lesiones con peligro para la vida, la declaración más socorrida es «me caí en la escalera», y solo la pericia del miembro del equipo de urgencia sabe que mienten. El silencio y el sufrimiento se llevan por dentro, por razones del qué dirán, por el perdón posible o por ceguera confundida con amor.
Eso, en cuanto a la violencia física. Cuando ocurre la violencia sexual, económica o psicológica—o las tres juntas, iguales de terribles y de las que no se escapa nadie—, ¿a quién acudir?
Pensando en los desesperados, fue inaugurada una Línea Ayuda en la lucha contra el SIDA. Luego apareció una Línea confidencial antidrogas. Muchos creen que urge una Línea consulta contra la violencia. Pero eso presupone líneas telefónicas, garantías de anonimato, un local con condiciones y especialistas dedicados —¿24 horas al día?— a escuchar, sugerir, aconsejar, o compartir los problemas de los demás.

¡Quien siembra vientos!...

El alcoholismo y las frustraciones —hombres ymujeres, nadie escapa— la indefensión en los niños y la dependencia en los ancianos, son algunas de las sinrazones que ofrecen el caldo de cultivo. Y la sensación de tener la sartén por el mango. Quien paga, manda, dice un reclamo mercantil, pero cuando se vuelve filosofía de vida, la violencia se convierte en algo común y aceptado como orden natural de las cosas.
Cuando se está en paridad de condiciones, se negocia, no se arremete contra el otro.
La Dra. Clotilde Proveyer, profesora de Sociología de la Universidad de La Habana, no cree que una Línea-Contra-la-Violencia sea solo lo que haga falta. Pero ayudaría.
Autora de la investigación Identidad femenina y violencia doméstica, una aproximación desde la sociología,la doctora Proveyer parte de que en toda la historia de la humanidad ha existido la relación desigual de poder. «El `Androcentrismo´ está en la base de esa relación», enfatiza la doctora. «La violencia doméstica, por ejemplo, es tan vieja como el poder masculino.»
Por la investigación de historias de vida de numerosas mujeres, incluso profesionales, con cargos de dirección, con bastante reconocimiento social y autonomía —muchas de las cuales no reconocían ser víctimas de violencia—, Proveyer llegó a conocer causas, efectos y posibles soluciones, «porque no es fácil cambiar aquellos valores que se interiorizan y se convierten en hechos de conductas. Se necesitan tiempo y perseverancia», advierte la doctora.
«Por lo general, en el caso de las relaciones familiares, la violencia doméstica tiene un fundamento de género, pero también generacional, que, bien mirado, son dos categorías que tienen que ver con el poder.
«El género masculino y el femenino, y la generación mayor con las más jóvenes; sin embargo, muchas veces, cuando la generación más vieja ha traspasado los límites de sus potencialidades y de sus capacidades, se produce la violencia de los más jóvenes contra los más viejos.
«Por eso, en el orden de vulnerabilidad están las mujeres, los niños y los ancianos.»
Hoy día siguen imperando en todo el mundo los valores que sirven de sostén a la cultura patriarcal. En Cuba, a pesarde que se han producido cambios sociales cualitativos, que tienden a desconstruir esos valores, siguen produciéndose hechos de violencias en las relaciones intergenéricas e intergeneracionales. El androcentrismo sigue siendo el referente masculino en las relaciones del poder, el saber y el hacer.
«Por otro lado, muchos niños desconocen sus derechos. Un niño de preescolar no está en condiciones de saber siquiera que es víctima de violencia.
En una ocasión nos llamaron a una escuela de una comunidad de provincia La Habana, en la que había comportamiento agresivo en un grupo de escolares de un aula. Hicimos entonces una investigación con técnica grupal, con títeres, por ejemplo, o les pedimos que pintaran qué pasaba cuando se portaban mal; los resultados revelaron que la mayoría de los niños de esaaula eran víctimas de maltrato —y no solo dos niños, como suponía la maestra—, y recibían desde simples coscorrones hasta castigos como ser amarrados a sillas o a camas o arrodillados en rincones, sobre piedrecitas. Lo curioso es que todos sentían que eran amados por sus padres», cuenta Proveyer.
Pareciera que romper el muro es tarea imposible.
La profesora Proveyer sitúa en contexto la problemática: «en períodos de crisis de valores se producen aumentos de los índices de violencias —no conozco que existan estadísticas nacionales generales, pero además tampoco es un fenómeno que pueda estudiarse cuantitativamente, aunque necesite de estudios de prevalencias—, hay estudios de instituciones, organismos y sectores realizados en determinados segmentos de la sociedad que demuestran incidencias, causas y efectos de la violencia social y doméstica.
«Hay mitos que deben ser derrumbados: que la violencia es lo mismo en las mujeres que en los hombres, que solo se da en las personas marginales, que se produce más en una raza que en otra, que si más en el campo que en la ciudad, etc.
«Los estudios mundiales aseguran que no existen perfiles especiales proclives a la violencia, aunque sí existen grupos de riesgo.
«Todo lo que pueda ayudar a prevenir actos de violencia, a que existan víctimas —y victimarios que luego tengan que pagar por algo que pudo evitarse—, es bueno, pero hay que verlo como una opción más, no como aquello que nos salvará.
«En todos los casos siempre hay riesgo de que se vea solo la punta del iceberg, porque es muy difícil conocer todos los casos y todas las interioridades, y por cada una quese conoce hay 10no registradas.
«Uno se pregunta si hay más violencia o es que hay más conocimiento del problema de la violencia, de sus causas y de la renuencia a soportarla calladamente.
«Lo que sí es seguro es que ha dejadode ser invisible para la sociedad.»

La huella en el surco

Cuando en el año 1997 se creó el Grupo Nacional de Atención a la Violencia —que coordina la Federación de Mujeres Cubanas— la situación comenzó a tener otra perspectiva. Con el apoyo de un grupo de profesores e investigadores de la Universidad de La Habana, se inició la promoción de acciones e intervenciones, y a partir de ahí se fundaron las casas de orientación y se hicieron capacitaciones con personas naturales y jurídicas que inciden en el fenómeno social, porque trazan la política y deciden las acciones: los ministerios del Interior, de Justicia, de Salud Pública, de Educación, así como también el Instituto Cubano de Radio y Televisión, la Dirección Nacional de la Policía Nacional Revolucionaria, el Instituto de Medicina Legal; es decir, todos los que tienen que ver con la prevención, la atención, la investigación y la sanción.
Todo un grupo multidisciplinario, intersectorial e interinstitucional, que han llegado hasta todos los municipios de Ciudad de La Habana y quiere incluira todo el país.
Es un colectivo donde predominan más mujeres que hombres. Celia Verges Díaz, especialista en trabajo social de la dirección nacional de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y coordinadora del grupo, comprende cuánta suspicacia puede despertar tal detalle: «Por lo general, en las ciencias sociales y humanísticas hay más mujeres que hombres», aclara. «Esto tiene que ver también con los roles tradicionales de los hombres y las mujeres a lo largo del desarrollo de la sociedad. Y es algo que también la sociedad se propone enmendar. En nuestro grupo es cierto que la mayoría son mujeres, pero también hay hombres, hombres de «avanzada», diría yo, que enriquecen mucho los análisis que nosotros hacemos porque la perspectiva masculina es importante.
Sobre el trabajo para luchar contra la violencia, Verges expone: «generalmente cuando estamos haciendo trabajo educativo siempre se nos acerca alguna persona para consultarnos, ya sea para sí mismo o por algún amigo o familiar, y muchas veces con un consejo oportuno se resuelve el problema; claro, no hablo de los casos más graves que pudieran llegar hasta el asesinato, en algunas ocasiones.
«El grupo tiene cinco líneas de trabajo que hemos establecido a partir del diagnóstico de situación: capacitación, educación y prevención, atención social, investigación y divulgación.
«En cuanto a la educación y la prevención, quiero destacar tres materiales educativos, uno que se refiere a la violencia contra la mujer, otro a las niñas y los niños, su derecho a la protección contra la violencia, y el otro se refiere a las leyes en Cuba que protegen a la mujer y a la familia de la violencia intrafamiliar. Estos materiales se han discutido en las organizaciones de base de la Federación de Mujeres Cubanas, se han utilizado para el debate en otros grupos como los estudiantes de secundaria básica, de universidades, en centros de trabajo y en centros de reeducación de menores.
«En la línea de atención quiero destacar las casas de orientación de la mujer y la familia que existen en cada municipio del país a donde pueden acudir las personas para recibir orientación o ayuda—tanto las víctimas como las personas que conozcan de algún caso—; existen también los servicios de orientación y terapia sexual para los casos que incluyan la problemática sexual; también están las oficinas de atención a los derechos ciudadanos de la fiscalía, para los casos de cuestiones legales. Pero el médico de la familia puede ser otra de las vías de orientación y ayuda para las personas que son víctimas de violencia.
«Hemos determinado que en estos momentos es necesario establecer un mecanismo para la rehabilitación de los agresores, porque es importante para la transformación de la actitud y conducta de estos en el ámbito de la familia.
«Es importante que se sepa que desde 1997 el gobierno cubano aprobó un plan de acción nacional de seguimiento a la Cuarta Conferencia Internacional de Mujeres de Naciones Unidas —celebrada en Beijing—, en el cual están contenidas todas las medidas necesarias para garantizar el sostenido avance de la mujer en todas las esferas de su vida.»

La semilla incierta

La capacitación experimental realizada por las instituciones sociales intenta hacer conciencia para evitar que si alguien va al psiquiatra, porque tiene depresión o ansiedad —ocasionados por la recepción continua de actos de violencia—, el terapeuta indique un tratamiento fármaco-dependiente, que alivia el síntoma pero no la causa. La solución es iniciar un examen a fondo.
La capacitación impediría igualmente que cuando una mujer llegue a una unidad de la Policía sucedaque el agente diga: «váyase a casa y trate de resolver ese asunto;hablando se entiende la gente», o: «no le aceptaremos la denuncia, porque seguromañana usted misma viene de nuevo a quitarla. Ya ha pasado demasiadas veces.»
Evidentemente, el problema tiene demasiado de subjetivo.
El teniente coronel Ángel Díaz García, miembro de la Dirección de la Policía Nacional Revolucionaria, presidente de la Comisión Permanente de Trabajo sobre legalidad y Orden Interior de la Asamblea municipal en el territorio deDiez de Octubre, y con 10 años como delegado del Poder Popular en su circunscripción, sabe de la complejidad del trabajo.
«La policía tiene todo el respaldo jurídicopara actuar ypuede ‘de oficio’ darcurso a una denuncia por maltrato y llevarla hasta el final, independientemente de la gravedad de los hechos —y esto va incluso contra las denuncias de amenazas—,pero también tiene la indicación de ayudar a resolver con el diálogo y la persuasión.
«Es cierto que no son pocas las denuncias de violencias que luego son retirada, y eso no sería malo si no se repitieran; pero realmente son recurrentes en muchos de los casos.
«En el 2002, por ejemplo, el 39 por ciento de los casos de violencias, tuvieron como víctima a las mujeres, yel 65 por ciento del total de los delitos contra la mujer fueron ocasionado por litigios de vivienda.
«Todo pasa, claro,porla profesionalidad de los agentes del orden. Es cierto que cada vez se van ampliando las capacitaciones a los efectivos de la PNR —más allá de sus deberes policiales—, pero lo mismo en El Vedado que en Guantánamo puedes encontrarte policías muy profesionales y otros no tanto, que al realizar una instrucción aplican su experiencia, su poder de convicción, en dependencia de su capacidad, antes de que las leyes dicten medida cautelar.
« Falta mucho por lograr.»
La socióloga Clotilde Proveyer cree que la solución está en el desarrollo de cultura de la No-violencia.
«Todos los hombres ‘maltratadotes’ en su inmensa mayoría provienen de hogares en los cuales los conflictos se resolvían con violencia, y donde ellos eran víctimas o al menos espectadores.
«Todo esto produce mucha infelicidad, y forma parte, naturalmente, de un problema que al final es de un altísimo costo social.
«La cuestión es nodescartar nunca la responsabilidad social de enfrentar el problema.
«La línea ayuda sería otra de las tantas vías para contribuir a la lucha contra la violencia, pero las acciones efectivas van desde las casas de orientación a la mujer y la familia, hasta la plena socialización de todos los conocimientos en torno al tema.»

 

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