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ESCOGIDO COMO ÚNICO CAMINO
Por Hilario Rosete Silva
Foto: Ricardo de la Rionda
En Alma Mater estudiamos la apreciación del riesgo del consumo de drogas entre los jóvenes, tratamos de explicarnos por qué unos consumen y otros no, y publicamos, en los nos. 405 y 412, de octubre de 2003 y mayo de 2004, respectivamente, «Vivir sin ellas los caminos», y «Cuando el hombre ya no estuvo solo».
Poco después, en «No crucemos por esos caminos» (no. 429, octubre de 2005) definimos, uno, la adicción como trastorno crónico; ponderamos, dos, el peso del control en la lucha contra las dependencias; y tocamos, tres, el nexo entre las drogas y las «amistades».
Hoy ahondamos en estos tres aspectos, para introducirnos —someramente— en el tema de la responsabilidad individual y colectiva por el consumo de drogas, objeto del próximo encuentro.
Por ahora siguen participando, los licenciados en Psicología María E. Ortiz, de la Vicedirección Ambulatoria del Hospital Psiquiátrico de La Habana, fundadora y responsable del Programa de Recuperación del Toxicómano, y asesora y conductora del programa de televisión En línea directa, y Abel Ponce, antes profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, y actual analista del Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello.
Así intervienen el doctor en Ciencias Alberto B., que también fuera profesor universitario, y los adictos en recuperación Yaliam F., graduada de un conservatorio de música, y Julio D. E., licenciado en Lengua y Literatura Inglesas (los tres pidieron cambiar sus nombres).
Los títulos y subtítulos utilizados, prosiguen la tarea comenzada por sus pares anteriores: recorren la letra de la pieza «Los caminos», del cantautor cubano Pablo Milanés.
ROMPIENDO MONTES, CIUDADES
Los adictos en recuperación —contó el licenciado Julio D. E.—, reconocemos que lo difícil no es parar. En realidad, estando en la etapa del consumo activo, nos veíamos obligados a hacerlo; a veces ni siquiera sentíamos hambre, pero teníamos sueño y el sopor nos vencía; o nos quedábamos sin dinero y, aunque no quisiéramos, caíamos en un paro forzoso. Pero el problema no es parar, sino ¡aprender a vivir sin las drogas!
La proeza ya no está en la facultad de introspección, autoconocimiento o concienciación, sino que requiere obras, hechos.
Y pide actuar con baby steps (pasitos de niño), con tiento, con responsabilidad. Cuando estás con la neura, y por situaciones reales, internas o externas, sientes deseos de consumir, ¡ese es el día en que debes andar con más cuidado! Si sabes que visitar este o aquel lugar, donde es posible que haya drogas, aumentará tu deseo, entonces no debes ir, o ni siquiera pasar por allí; y si no precisas salir, no salgas; y si te quedas pensando en las musarañas, enciende el radio o el televisor. No puedes darte el lujo de distraerte, tienes que despertar, una vez que la obsesión se implanta cuesta Dios y ayuda neutralizarla. Lo hablaba con un amigo: «Oye, ¿por qué será que las obsesiones negativas se instalan con tanta facilidad?»
El reclamo de Julio hizo que volviéramos a darnos de bruces con el tema del control. «Todas las adicciones son crónicas.» «La cronicidad puede estar controlada de por vida.»
Pero nadie es perfecto —nos recordó el ex profesor Alberto B.—, todos tenemos nuestros demonios y sufrimos nuestras neurosis; unos, trastornados por la limpieza, queremos que la casa brille, y otros, obcecados por el vestido, pretendemos ir almidonados y planchados las 24 horas del día. Todo exige medida, cautela. Nuestro Sistema Nervioso Central nos permite adaptarnos al mundo, ¡pero suele hacernos cada jugarreta!
Si nos tomáramos en serio lo que se explica y aplica a los adictos en recuperación, también nosotros seríamos mejores...
Estos preceptos son aplicables a personas que no padecen enfermedades crónicas y que, sin embargo, con excesiva frecuencia pierden el control de sí mismas —aseveró María Esther, quien además funge como coordinadora del Grupo Asesor de la Divulgación del Tema de las Drogas—. Muchos de estos enfoques se ajustan, por ejemplo, a las mujeres medio-gorditas, que no desean tener «salvavidas», pero que no tienen voluntad para comer poco y luchar contra el sedentarismo: pretenden conservarse delgadas y armoniosas, mas incurriendo en conductas que atentan contra la preservación de la línea.
CAMBIANDO EL CURSO A LOS RÍOS
Tal como lo dejamos, «cuasi cautivo» de los pasitos de niño, hallamos al licenciado en Lengua y Literatura Inglesas.
Mi problema es tratar de enfrentar la enfermedad con los pasitos responsables de cada día, y eso cuesta... Llevo meses sin probar mis drogas de preferencia, pero hasta hace poco seguí tomando bebidas alcohólicas y comprendo que si deseo ser responsable, no puedo ni probar el alcohol, ni fumar, porque tengo todas las de convertirme en alcohólico. En ese sentido la literatura especializada es precisa: dice que a nosotros nos gusta sustituir una sustancia por otra, que lo hacemos con astucia, y que al final le seguimos el juego a las drogas. ¿Acaso yo sería una rareza? ¿Me apartaría de la ley general aplicable a los adictos en recuperación? No, no soy diferente: apenas soy una gota de agua en el inmenso océano de la creación...
El drama de Julio desató en nosotros oleadas de solidaridad, actitud diaria de quien, como la licenciada María E. Ortiz, participa y presta su apoyo a la recuperación del toxicómano.
La carrera de la cual me gradué —explicó— me ha hecho relacionarme durante mi vida profesional con todo tipo de sufrimientos humanos, y con estos pacientes me sucede algo especial: muchos se quedan conmigo para integrar un equipo, para formar parte de un grupo que lucha por conseguir, alcanzar, lograr u obtener determinados objetivos.
Además del paciente y del especialista, ¿qué otras personas se suman a ese equipo?
La mayoría de estos grupos cuentan con otros miembros; tienen una madre, casi siempre es la madre la que se suma, y en ocasiones, las menos, un padre; suelen tener una esposa o un esposo, según el caso, y en no pocas circunstancias, un amigo o amiga. Por cierto, cuando un amigo (a) asume la responsabilidad de integrar dicha red de apoyo, lo hace de maravilla.
¿Habla de un amigo (a) que no tiene vínculos con las drogas y que tampoco es amante del adicto (a) en recuperación?
Hablo de un amigo (a) desvinculado (a) de las drogas, que no es pareja, que solo mantiene con él (ella) una relación de amistad, y que a veces pertenece a su propio colectivo de trabajo. Hay adictos en recuperación de cualquier profesión, y también los hay que son camioneros, constructores, personas que por su oficio aparecen en la consulta escoltados por amigos tan toscos o ásperos como ellos, pero que los acompañan con el cariño de un hermano, y los dejan allí, y luego los van a buscar, se interesan y acuden cuando uno cita a la familia. ¡Es conmovedor! Se sienten parte de la recuperación y afirman con natural sencillez: «No quiero saber cómo, cuándo, ni por qué, fulano cayó en esto de las drogas, pero es mi amigo, y haré cualquier cosa por sacarlo del hueco...»
BAJANDO HASTA MI MONTAÑA
¿Cómo reaccionaría usted si descubre que un amigo suyo padece la drogadicción? —le preguntamos a Alberto, el ex profesor universitario.
Nunca tuve amistades drogadictas, pero si de pronto me entero de que mi mejor amigo está en esa situación, primero le preguntaría si quiere librarse del flagelo o si prefiere seguir «disfrutando» de esa vida. Claro, esa sería una pregunta de acercamiento, mi actitud posterior no dependería de su respuesta, me sentiría en el deber, sería mi obligación, de convencerlo para que busque ayuda. Pasaría tiempo conversando con él sobre sus objetivos en la vida, sobre la necesidad de formar una familia, tener hijos...
Él podría responderle que «todo eso es un problema».
Yo mismo sé que vivir no es fácil, pero aquí la teoría de la relatividad no tendría cabida, no es que a alguien le dé la gana de llevar una vida de drogadicto. Es cierto que quien desee vivir debajo de un puente puede hacerlo, pero la sociedad no es un ente abstracto, sino la suma de sus individuos, y cada uno tiene la responsabilidad de realizar algo loable para sí y para los demás. El hombre no vive solo, el hombre es lo que es, pero también es la suma de sus relaciones. Cada uno de nosotros es un grano de arena, pero en conjunto formamos la playa... No es lo mismo vivir una vida saludable, que vivir una vida fuera de todo control. El drogadicto busca esa sustancia más porque no puede evitarla y es un esclavo de ella, que porque le es placentera.
Si tuviese que participar en una charla con estudiantes universitarios sobre las múltiples aristas del tema de la drogadicción, ¿de qué les hablaría?
El testimonio de vida es importante. Les contaría que el simple hecho de ver a mis padres convertidos en esclavos del café, bastó para que nunca me dejara ganar por las drogas. Sé que los demás no tienen que compartir mis puntos de vista, mas, vaya a saber la influencia que puede ejercer en los otros la opinión que uno expresa con ánimo de ayudar.
¡Claro está!, la lucha contra las drogas exige un plan maestro, con bases científicas, que propicie cambios de índole social. Hay que seguir divulgando todo lo referente a los factores adversos del consumo de drogas, al entorno criminal del que, casi por «ley natural», las drogas se hacen rodear.
¿Habría que establecer paralelos entre las drogas y la vida?
Ese es un punto interesante. Un grupo de personas consume drogas para alejar los problemas personales y ahogar las penas, mientras que otro, mayoritario, enfrenta sus penas a secas y sigue sufriendo. ¿Cuál es la diferencia? Uno no consume drogas y sufre; y el otro consume, y sufre igual o más. Luego entonces, ¿para qué consumir drogas si lejos de ayudarnos, nos complica la vida? En las drogas ni están ni pueden estar las soluciones: ¡Volvamos a la importancia del control en la vida de todos!
SUBIENDO EL MAR A LOS RÍOS
Al estudiar la apreciación del riesgo del consumo de drogas entre los jóvenes, concluimos que por querer andar por caminos más cortos, algunos terminan en un punto opuesto. No obstante, lo curioso es que dicho trayecto el joven viajero suele recorrerlo acompañado.
Exacto —se sumó Abel Ponce a la conversación—. Detrás de las drogas hay campos de inconformidad, y este fue uno de los problemas que detectamos cuando escribimos la tesis Los enigmas de las drogas. Una aproximación a su representación social.
Se trata de una falta de conformidad con un mundo exterior que hasta el momento le ha sido hostil a la persona, de un desconcierto que no se asocia propiamente con la carencia de medios materiales ni con las conocidas disfunciones familiares, sino que estriba en una o varias vivencias íntimas. No importa si para el observador que mira desde afuera, dichas experiencias resultan de poca monta. Lo esencial es la representación, la imagen mental que la persona en cuestión se hace de ellas...
Idea de inconformidad que al fin y al cabo identifica al individuo con otros de su estado.
Y que sirve de base para la creación de un grupo de inconformes. «Yo tengo mi experiencia de inconformidad, y me reúno contigo, consumidor, que tienes otras vivencias de falta de conformidad.» La inconformidad se multiplica por ene. El interés del grupo se aleja de los intereses sociales. «La vida no es tan buena como dicen; el consumo es la mejor respuesta a las crudezas del mundo.» Así aparecen las «comunidades de resistencia», grupos que, como su nombre indica, se resisten al cambio social.
Los juicios de Abel, salidos de su investigación, se confirmaron en las replicas de Yaliam F., joven graduada de un conservatorio de música, cuando le preguntamos si halló las drogas por sí misma o si alguien se las presentó.
No llegué a las drogas así como así. Yo tenía la manía de imitar a la gente, de buscar inútilmente cómo debía de ser yo, y conocí a un muchacho, un roquero, que me atrajo por su forma de ser, porque era distinto de todo lo que yo había visto. Era eso lo que yo buscaba, algo diferente, algo que me ayudara a escapar de mi realidad y que me introdujera en un contexto nuevo. Mi realidad era buena, pero yo la veía distorsionada. Entonces me puse a imitar a este muchacho y... caí en el mundo de las drogas. Podríamos decir que la pareja, los amigos, las amistades son importantes para bien y para mal. Es importante saber elegir a los amigos, en la vida todo depende de una buena elección inicial...
HACIENDO UN CAMINO LARGO
Y ahora, ¿cómo son sus actuales relaciones de pareja? —increpamos a Yaliam F.
Mi pareja y yo somos dos adictos en recuperación luchando contra nuestros fantasmas. Él va a cumplir su primer año de «limpieza» y yo voy por el noveno mes. La cuestión no es dejar la relación a medio camino, sino reconocer, cada uno, los errores que comete. En algún momento quizás nos dañamos, pero igual nos ayudamos. Es bueno tenerse el uno al otro, es bueno que ambos estemos dispuestos a cambiar, aunque los adictos debemos de tener claro que a los efectos de la recuperación no hay nadie más importante que uno mismo.
Valía la pena ampliar, aunque fuese de pasada, la «apostilla» de Yaliam. Los especialistas no consideran conveniente el establecimiento de relaciones de pareja entre pacientes que aún no alcanzaron el primer año de recuperación. «Si todavía no puedo ser responsable por mí mismo, ¿cómo asumiré las exigencias de una pareja?» Las pérdidas por efecto de las drogas son cuantiosas, y el primer golpe lo reciben las personas más próximas...
Yo perdí mujer, trabajo —se apresuró Julio D. E.—, y no estoy preso porque Dios es grande, y porque amaba tanto mi profesión, y había tenido un desempeño tan bueno, que a mis jefes les dio pena expulsarme y me salvaron de lo peor. Desde que se hizo pública mi situación, ellos me aconsejaron atenderme con un especialista. Cuando uno está en la etapa del consumo activo, cree que nadie sabe nada, piensa que los otros ni siquiera sospechan en lo que uno anda. ¡Falso! La mayoría se da cuenta de que algo extraño ocurre, y no puede ser de otro modo: ¡uno comete cada locura! La gente, la familia, los compañeros, los vecinos, todos han sido muy buenos conmigo, no han perdido la confianza en mí, y han sabido soportar los sinsabores que les causé, sin echarme en cara los desastres que hice. Eso ha sido una suerte. Ahora llevo meses en vías de recuperación...
La franqueza de Julio resultó singular. Las personas aquejadas por este tipo de trastornos normalmente ubican los problemas en el exterior...
Esa es una de las peculiaridades de la enfermedad, marcada por el miedo egocéntrico, la negación, la obsesión y la compulsión —aclaró la joven música—. Todos pasamos por eso, y solo ahora, en recuperación, vemos claro.
Yo, por ejemplo, en la etapa del consumo activo, vivía en la desesperanza, siempre cuesta abajo, pensando que mi existencia era un fracaso, que nunca nadie me admitiría en su grupo. En lo físico estaba destruida, fea, flaca, demacrada, horrible. Y en espíritu, vacía; un vacío enorme, sin la más mínima fe, con unos miedos terribles.
Vivía en un estado de negación, pero no lo hacía consciente, creía que yo era lo mejor del mundo, que mis dificultades no eran a causa del consumo, sino por culpa de la gente, de mi mamá, que quería que fuera como ella quería y no como yo quería ser...
Entonces llegué a la consulta especializada, y empecé a comprender lo que me sucedía, a darme cuenta de que todo era producto de mi enfermedad. Nosotros no somos los culpables de nuestro mal, pero somos responsables por nuestra recuperación; nuestro rescate depende de que asimilemos esa gran verdad; por esa comprensión pasa nuestro único camino...
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