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CON TODOS LOS HIERROS

Por Hilario Rosete Silva

Hace un año, Ricardo Alarcón (1937), presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular desde 1993, nos recibió en la sede del Parlamento cubano, donde registramos un diálogo que recorrió 1959, abordó las elecciones de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) celebradas el 17 de octubre de ese año, en las que él resultó vicepresidente, se detuvo en 1961, cuando asumió la presidencia de la Federación, y reveló que nunca escribió para Alma Mater. Con motivo del cumpleaños 80 de la revista y bajo el título de No apoya el gobierno candidatos a la FEU (diciembre 2002 No.395), publicamos la primera parte de la entrevista, la atmósfera vivida por la Universidad en los primeros nueve meses de 1959, cuando Alarcón arribaba a los 22 años, militaba en el Movimiento Revolucionario 26 de julio (MR 26-7), era el responsable de su sección estudiantil en La Habana y en el mes de septiembre terminaba «expulsado» de la organización. Entonces la pugna principal giraba en torno al curso de la Revolución, y el problema de la unidad de las fuerzas revolucionarias según el hoy miembro del Buró Político del Partido «estaba imbuido de sectarismo veintiseísta». Aún así, separado de su condición de dirigente provincial, Alarcón, estudiante de Filosofía, se fue a preparar a «las bases» para el capítulo más importante en la lucha del movimiento estudiantil: las elecciones de la FEU. Los comicios fueron reñidos. Al final resultaron electos Rolando Cubela (en 1966 participó en el arreglo de un atentado contra Fidel), presidente; Ricardo Alarcón, vicepresidente; Ángel Quevedo, secretario; y Luis Soto, vicesecretario. La victoria de esta candidatura, con tres militantes del Directorio Revolucionario (DR) 13 de marzo, evidenció el respaldo de la mayoría de los estudiantes a la Historia, a las tradiciones universitarias y a la memoria de José Antonio. Por boca del ahora doctor en Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana, a quien las masas, desconocedoras de su «expulsión», seguían considerándolo miembro del MR 26-7, veamos qué sucedió en esa casa de altos estudios durante aquel gobierno estudiantil.

Lucha de púgiles

¿Cuándo y por qué Rolando Cubela dejó de ser el presidente de la FEU?
En algún momento del 61 Cubela terminó la carrera de Medicina. Supongo que fue en ese año porque dejó la FEU y yo asumí la presidencia por sustitución reglamentaria. Estas primeras elecciones del período revolucionario fueron en octubre del 59, pero los sufragios siguientes no se realizaron hasta junio del 62, aún cuando a nosotros no nos eligieron ni por dos ni por tres años. Debimos hacer unos comicios en octubre del 60 y otros en octubre del 61. En los 50 las elecciones eran anuales, así eligieron y reeligieron a José Antonio en 1954, 1955 y 1956. Es cierto que si el presidente se enfermaba o se graduaba, al vice le tocaba asumir. Pero todo tendría un límite. Yo había recibido el voto de miles de estudiantes, mas para la vicepresidencia; nadie me había elegido presidente. La ejecución de elecciones fue uno de los problemas que afrontamos al hacernos cargo de la FEU. Ningún desconocido ocuparía un puesto en las asociaciones de estudiantes. El bonchismo había quedado atrás [especie de gansterismo político que tuvo su origen en la lucha de los grupos de acción urbanos contra Machado y más tarde contra Batista; la mayoría degeneró en pandillas usurpadoras del botín gubernamental a través de «botellas» o extorsiones a personas adineradas]. El politiquero que intentara postularse sin contar con un historial participativo perdería la batalla, los electores no votarían por él. Tampoco nadie habría entendido que Cubela, acreedor del grado de doctor, siguiera de presidente. Lo mismo me sucedería a mí en 1962: me iba a graduar y debía alejarme de la FEU, ¿cómo iba a continuar dirigiéndola? Por supuesto, eso ha cambiado. Hoy hablamos de una FEU nacional, de una Universidad que se municipaliza... una situación completamente diferente.

¿Por qué dejan de realizarse las elecciones anuales?
Se combinaron varios factores: el nivel de confrontación política e ideológica en la Universidad y en el país, hablamos de un período convulso de nuestra historia reciente, el fenómeno del sectarismo, y la insensibilidad de algunos compañeros. Desde el 59 en el propio gobierno se desató una lucha entre los elementos de derecha y los revolucionarios. Las primeras medidas (en especial la Ley de Reforma Agraria del 17 de mayo) avivaron el «pugilato». Comenzaron los sabotajes. Estados Unidos se negó a refinar el petróleo soviético y a comprar el azúcar cubano. Cuba nacionalizó los bienes yanquis y las grandes empresas de los capitalistas criollos (agosto y octubre de 1960). Ante las amenazas de invasión, acentuadas por el cambio de presidente en Norteamérica (de Eisenhower a Kennedy), se produjo la histórica movilización de diciembre del 60 a enero del 61, con cientos de universitarios dislocados por todas partes. Estados Unidos pasó a la embestida abierta: en ese mes de enero rompió relaciones diplomáticas con la Isla, y en abril bombardeó La Habana, Santiago, y atacó Playa Girón. La guerra no terminó con su derrota. Siguieron apoyando las bandas y la infiltración de espías. En enero del 62 lograron expulsar a Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) y al mes siguiente decretaron el «embargo» total. No sé cómo sucedió en otras organizaciones, pero se comprende por qué en semejantescircunstancias las elecciones quedaron relegadas. Fueron días de explosiones de bombas en la Universidad, de carros detonados en la Plaza Cadenas (Ignacio Agramonte), de broncas físicas entre derechistas e izquierdistas. Entre los opositores no ubicamos a todos los partidarios de Pedro Luis Boitel, autoproclamado candidato por el MR 26-7. Muchos de los que entonces votaron por él son revolucionarios, hoy están aquí, y esto es prueba del caos reinante en la época.

Descabezando sueños

Usted mencionó el fenómeno del sectarismo...
Y quisiera enfocarlo con la luz de la perspectiva histórica. Padecimos el sectarismo de viejos militantes comunistas y cierto sectarismo «veintiseísta». No es casual que el primer registro público del fenómeno se hiciera el 13 de marzo del 62 en la escalinata de la Universidad. Ese día Fidel expresó su desacuerdo porque al leer el texto del testamento político de José Antonio, alguien omitió una cita religiosa. (Confiamos en que la pureza de nuestra intención nos traiga el favor de Dios para lograr el imperio de la justicia en nuestra patria.) La protesta de Fidel, principio del fin del sectarismo, abrió todo un proceso. [El llamado primer proceso a Aníbal Escalante se radicalizó 13 días más tarde, el 26 de marzo, con el discurso televisado del Comandante en Jefe a la nación. Fidel denunció el proceder de Escalante, líder del ya disuelto por decisión propia Partido Socialista Popular (PSP). Fungiendo como secretario de Organización de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) –primer esfuerzo por institucionalizar la unidad de las fuerzas revolucionarias después del 59–, Escalante comenzó a copar todos los puestos y a atribuirles todas las funciones de las ORI a «viejos militantes marxistas». «La Revolución está por encima de todo lo que habíamos hecho cada uno de nosotros», diría Fidel, «está por encima y es más importante que cada una de las organizaciones que había aquí, Veintiséis, Partido Socialista Popular, Directorio, todo.»] A pesar del sectarismo y del estado beligerante, dirigentes de la FEU de aquella época no dejamos de plantearnos la reorganización del movimiento estudiantil y la celebración de las elecciones. La crítica y rectificación del sectarismo fue un espaldarazo. En junio de ese año se realizaron los comicios pendientes.

A mediados del 62 cambió la dirección de la FEU; sin embargo, mientras usted estuvo allí se dieron saltos: inicio de la Reforma universitaria y del Plan de ayuda para la formación de técnicos, cursos nocturnos y de nivelación, construcción del comedor universitario, surgimiento de los Alumnos ayudantes y del Departamento de copia de libros... ¿Con cuál de estos se relacionó más directamente?
Ya como presidente me sumí en lo que llamamos línea de masas y trabajé por fortalecer la Federación. Mientras discutíamos sobre las necesarias elecciones generales, el ejecutivo de la FEU, a propuesta mía, se propuso renovar las asociaciones de estudiantes. Centenares de nuevos alumnos habían ingresado en estos años, y todos tenían derecho a elegir a sus delegados. Realizamos votaciones aula por aula, escuela por escuela. La empresa, una batalla política, robusteció la FEU, y nos ayudó a conocer cómo habían avanzado las ideas revolucionarias dentro de la Universidad. En general la mayoría de los propuestos y elegidos fueron defensores de la Revolución, y digo «en general» porque hubo excepciones. La contrarrevolución fue muy activa en la Colina hasta mediados del 61. La derrota de Girón la debilitó. Despertados del sueño de que los yanquis nos harían la guerra, buena parte de los hijos de las clases otrora pudientes abandonaron el país y su base social se resintió. Por otra parte, en octubre del 61 fueron creados los comités de base de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) en la Universidad (de ello da fe la declaración conjunta FEU-AJR del 21 de octubre de 1961). El seguimiento de la línea de masas, identificado con la renovación de las estructuras de las asociaciones de estudiantes, así como el destape y rectificación del sectarismo, desembocaron en las elecciones de junio del 62. No esperamos el inicio del próximo curso académico: era una causa pendiente.

¿Qué huellas dejó el sectarismo?
Introdujo métodos y modos impropios que encontraron reflejo en las estructuras juveniles. En época posterior subsistió el binomio FEU-UJC, en el que la organización gremial estudiantil pareció fundirse con la organización juvenil política del Partido. Siempre vimos la FEU como el Sindicato de los Estudiantes. Todos los estudiantes, por el solo hecho de serlo, son miembros de la Federación, deben ser representados por ella, y tienen el deber y el derecho de elegir a sus dirigentes. Entre tanto, para pertenecer a la UJC se requiere determinada calidad revolucionaria, ideología y conciencia política. Es incorrecto convertir la vanguardia juvenil en el órgano representativo del estudiantado.

Verdades como puños

Al frente de la FEU por sustitución reglamentaria usted se consagró a reestructurar la Federación. Y antes, cuando era vicepresidente, ¿cuál tarea lo «consumió»?
Sin dudas la Reforma Universitaria, cuya materialización incluiríamos entre los factores incidentes en el aplazamiento de las elecciones generales. En medio del terremoto político e ideológico, y a contrapelo del sectarismo, avanzamos en ella. Los universitarios habaneros perpetraron una variante moderna de «la toma de la Bastilla» (fortaleza parisina, prisión estatal en los siglos XVII y XVIII, símbolo del poder monárquico; el 14 de julio de 1789, al estallar la Revolución Francesa, fue tomada por una multitud), pues otra cosa no fue la toma del Rectorado por la Dirección de la FEU con el respaldo de los estudiantes, que colmaban la Plaza y la instalación, el 15 de julio de 1960. Una nueva Junta Superior de Gobierno ratificó al rector Clemente Inclán, disolvió el Consejo Universitario y fijó el cogobierno de profesores y estudiantes. La separación de los reacios a reconocer las estructuras y la entrada de nuevos profesores revolucionarios, fortalecieron los claustros y permitieron la realización de una reforma de verdadero alcance social (proclamada oficialmente en la escalinata el 10 de enero de 1962, aniversario 33 de la muerte de Julio Antonio Mella, iniciador aquí, en 1923, del movimiento reformista). Figurar en la Junta y en la Comisión de Reforma Universitaria, significó para mí tener reuniones todas las noches y estudiar ideas y planes de estudio sobre carreras presentes y futuras. Que la dirección de la FEU fuese, además, cogobierno universitario, era una circunstancia inédita y un gran reto. Con el tiempo la propia reforma le devolverá el protagonismo a la autoridad académica, pero a una autoridad académica ya digna de su responsabilidad.

Vimos que ante los amagos de invasión marcados por el cambio de Eisenhower a Kennedy, se produjo la movilización de diciembre del 60 a enero del 61, con cientos de universitarios en todas partes. ¿Acaso estuvo destacado en un lugar fijo o por el contrario se movió entre cuáles puntos geográficos?
En la temprana fecha del 26 de octubre del 59 fueron creadas las Brigadas Estudiantiles Universitarias José A. Echeverría (primera milicia estudiantil, antecedente de las Milicias Estudiantiles Universitarias que luego se integrarían a las Milicias Nacionales Revolucionarias y «parirían», en la Escuela de Milicias de La Chorrera, el Bon 154, hoy 154 Regimiento de las Milicias de Tropas Territoriales). Pero otros compañeros podrían describir con mayor ardor la atmósfera de la casa de Cortina en los días en que se alojó allí el Bon 154 (se refiere a la residencia de José M. Cortina García, primero representante y luego senador, delegado por el Partido Liberal a la Asamblea Constituyente de 1940, uno de los artífices del texto de dicha Constitución, en cuya casa, a un costado de la Universidad, se albergó el legendario batallón). Sucede que como yo había sido «destacado» para las «misiones» del cogobierno y la Reforma, permanecí en esa gigantesca trinchera que fue la Colina. La defensa de la Universidad era un elemento vital. Por los cambios ocurridos allí, ella era un foco de tensión. Esa fue mi «batalla». Así que no puedo relatar qué me impactó más, si las cuatro bocas chinas o los cañones sin retroceso checos que pronto estuvieron en manos universitarias.

¿Cuáles fueron los principales contenidos de la Reforma, qué juicio le merece?
En esencia estuvo dirigida a la creación de nuevas carreras, la abolición de la cátedra vitalicia, la eliminación del absurdo apartamiento de los extranjeros del ejercicio de la docencia, el concepto de departamento como base de la estructura funcional, la creación de las comisiones de docencia para la asesoría técnica, el impulso a la investigación científica, el amplísimo régimen de becas, el florecimiento de la extensión universitaria, el fomento de la enseñanza activa y la dignificación de los títulos... Como en el aniversario 40 de los cambios, quiero llamar la atención sobre una idea suscrita al final del documento emitido entonces por el Consejo Superior de Universidades: «La reforma ha de concebirse, pues, como un movimiento que no se detiene jamás, como una actitud perpetua de renovación y superación... Queda al futuro la responsabilidad de continuar la obra en perenne edificación...»

El saldo del período es impresionante. Así dije en el aniversario que al volver la mirada hacia él destaca una verdad absoluta: la victoria revolucionaria en la Universidad no fue resultado de su imposición desde fuera ni de la coacción o la violencia aplicada intramuros. Fue una victoria política, alcanzada en una intensa batalla de ideas que logró movilizar a las masas estudiantiles y sumar a la mayoría del profesorado. Solo a la distancia te das cuenta de que fue una «bronca» completísima, dificilísima, con todos los «hierros» a la vez.

 

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Actualizada: diciembre/2002