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Alma filius de René González Sehwerert
«EL MISMO DÍA, A LA MISMA HORA»
Por Hilario Rosete Silva
Fotos: Abel Ernesto Rubio Estrada
y cortesía de la entrevistada
Irma González, Irmita (1984), es la hija mayor del hogar formado por la ingeniera industrial Olga Salanueva (1959) y el instructor de vuelo y piloto de avión comercial René González Sehwerert (1956), Héroe de la República de Cuba, uno de los Cinco.
Pero a Irmita —la familia le reserva el «Irma» a la abuela paterna— ni le gusta el pilotaje ni las ingenierías, y está a punto de terminar (junio de 2006) el tercer año de Psicología en la facultad homónima de la Universidad de La Habana.
Nació bajo el signo de Géminis, constelación representada por unos hermanos mellizos, sin embargo, luego de hablar con ella durante dos horas, concluimos que no es, ni con mucho, lo que cualquiera esperaría: es más madura de lo que aparenta, o como decimos aquí para expresar la singularidad, «¡no se parece a nadie!»
Olga nos contó cuánto deseaba su esposo René que en aquel 1984 Irmita naciera el 17 de junio, Día de los Padres. La cuenta falló por un día: la niña nació el lunes 18.
Veintidós años después, cuando decidimos entrevistar a la joven, con ocasión del Día de los Padres de 2006, la propia Olga nos hizo ver que ahora ambas fechas coinciden —se cumplen las ansias del papá primerizo que fue René— y advertimos el sentido bidireccional que alcanzaría la entrevista: obsequiar al papá y héroe de Cuba René González, y felicitar a su hija, la universitaria Irma G. Salanueva.
Con todo, por encima de ambas metas, en el umbral del VII Congreso de la FEU, el trabajo lograría un par de superobjetivos: probar que la cosmovisión y actitud diaria ante la vida son claves para asegurar la invulnerabilidad de cualquier credo ideológico, y, al mismo tiempo, estimular las acciones de los miembros de la Federación por la libertad y el regreso a la Isla de nuestros Cinco compatriotas.
Es menester subrayar que las más de las preguntas que nos sirvieron de medio para ganar tales fines, apuntaron a la mismísima persona de Irmita, a la joven de carne y hueso, a la hija de vecino que al fin y al cabo es y se esfuerza por ser.
LIBRE Y HUMILDE
Nos gustaría descubrir algún recuerdo conservado por usted sobre su padre, o sobre la historia de la relación suya con él —fuimos de golpe a los afectos.
Yo tenía delirio con mi papá y contaba con seis años cuando él se fue; me dijeron que había ido a estudiar, y pasaba el tiempo, y mi papá se demoraba, y se demoraba, y se demoraba, no acababa de regresar; y yo sentía un dolor en el pecho, no sé si ustedes han pasado por eso, una especie de angustia que crecía y crecía con la evidencia de que él no estaba, hasta que ya se hizo normal que mi papá no estuviese. Fue un tiempo azaroso.
Seis años después (en 1996), usted se reunió con él en EE.UU.
Y encontré un papá igual de bueno, pero que de pronto se reúne con gente diferente, que está en contra de Cuba. Por las señas que él me daba comencé a comprender lo que sucedía; ni mi mamá ni él nunca me dijeron nada explícitamente; a veces él tenía que llevarnos a las reuniones de tipo familiar que sostenía con esas personas, pero de regreso a casa establecía conmigo charlas raras, con voces y palabras contrarias a las expresadas en aquellas veladas. Para ese entonces yo ya tenía nociones de la historia reciente de la Isla, tendría entre 12 y 14 años, y podía inferir y traducir lo que pasaba allí. Luego, cuando en septiembre de 1998 arrestaron a mi papá, confirmé mis sospechas.
Por ley de la vida, los hijos suelen ser egoístas con los padres. ¿Nunca le reprochó a su papá el que la hiciese vivir aquellos contratiempos?
También él, medio en broma medio en serio, y hasta con el temor de escuchar una respuesta fuerte, me ha hecho esa pregunta; no puedo fijar las palabras, pero la esencia es esa: «¿Te hice pasar mucho trabajo? ¿Estás brava conmigo? ¿Has tenido un mal padre?» Yo lo miro, frío un huevo, me río, y lo beso... No se lo reprocho: si no se lo reproché cuando era niña o adolescente, menos se lo reprocharía ahora que sé más de cuatro cosas...
Es una paradoja que por defender él una causa noble, usted y su familia hayan sido privadas de la cercanía del padre.
Y sería mi papá el que más sufriría esa injusticia: también él ha sido privado injustamente de la cercanía de su esposa y sus hijas, ¡y permanece encarcelado! La gran paradoja es que, relegándonos a esa condición por defender, más que a nosotras, a toda la familia cubana, vivamos convencidas de que tomó la mejor de las decisiones. No dejamos de extrañarlo y de soñar que ya regresa, pero ni lo culpamos ni le reprochamos nada.
¿Tampoco lo culpa por ninguno de los conflictos en los que usted pudo hallarse, como cualquier joven, durante la adolescencia y los primeros años de la madurez?
Esa es una fase crítica (salta la psicóloga), la etapa donde se estructura la personalidad y donde los jóvenes nos enrolamos en todo tipo de conflictos. En algún momento la vida pudo haber sido dura conmigo, pero también eso debería de agradecérselo a mi papá.
PAPÁ, QUERIDO PAPÁ
¿Fue un tiempo duro y sin embargo lo agradece?
No podría haber sido diferente; imagínense cuántas cosas sucedieron; mi papá se fue, y todos alrededor lo sabían menos yo; y debí estar de aquí para allá, sin poder verlo; y luego me reuní con él, pero en un sistema o en una sociedad que me era extraña; y allí lo arrestaron, y me vi sometida a presiones psicológicas... Fue duro, sí, pero aprendí que la percepción que uno se forma de las diferentes circunstancias, sobre cuya base concluye que son fáciles o difíciles, depende de su capacidad para enfrentarlas; yo debí pasar por todo eso, junto con mi mamá, ella también es extraordinaria, y tomé conciencia de que las consecuencias derivadas del hecho de que mi papá decidiera jugarse el todo por el todo, me han enseñado a enfrentar la vida, me han permitido madurar.
¿Prefiere tener un padre común cerca y no un padre héroe lejos, o un padre héroe lejos y no un padre común cerca?
(Impresiona su autenticidad.) Me siento orgullosa de mi papá, pero les mentiría si les dijera que no preferiría haber tenido un papá cerca, que estuviera conmigo, a quien le pudiese pedir un consejo cada vez que quisiera. El orgullo que siento y la comprensión de la misión que él ha estado cumpliendo, no están reñidos con ese deseo, cualquiera en mi lugar sentiría lo mismo. Me gustaría que estuviese aquí, con mi mamá, con mi hermana, conmigo, no hay duda, claro que sí, preferiría un padre cerca, pero comprendo que en la vida no todo es como uno quiere, hay que tomar la vida como viene, la aceptación es la base de la madurez.
Cuando habla de su padre, ¿en qué términos se expresa?
Me cuesta hablar de mi papá y referirme a ellos como a los Cinco héroes. Para mí él es eso, mi papá, y el papá de mi hermana Ivette, y ellos (los otros cuatro), los padres de Tonito y Gabriel (Tony Guerrero) y de Ailí, Laura y Lizbeth (Ramón Labañino), y los esposos de Rosa Aurora (Fernando González) y de Adriana (Gerardo Hernández); para mí son cinco hombres, padres o hijos de familia; esos son los términos en los que hablo. Lo que más deseo en el mundo es que mi papá esté aquí, juegue con mi hermana, se siente conmigo, acaricie a mi mamá... No puedo cruzarme de brazos: debo luchar porque los liberen, para que puedan regresar.
¿Cómo se relacionan las personas con usted?
Siento que se relacionan conmigo como con cualquiera. En mi Facultad soy simplemente Irmita: que estudia, que va a una fiesta, se sienta en el patio a conversar, habla por teléfono… Tengo amistades que sé que me quieren como soy.
¿Se relacionan de este o de aquel modo porque usted es hija de uno de los Cinco?
Hay espacios que son míos, que me los he ganado, como cualquier persona, por ser como soy, con mis defectos y virtudes; hay gente que me quiere, me aconseja, integra mi círculo de familiares o amistades, gente en la que puedo confiar.
EL PESO DE LA NOSTALGIA
¿Si no fuese la hija de un héroe, insistimos, la tratarían de la misma manera?
Tengo confianza en mí, autoestima, capacidad para autopercibirme; no ando anunciándome ni inflándome con eso de que mi papá es héroe; soy el fruto de una pareja de mortales, y de esa actitud nace mi certeza de que si no fuese un retoño de René, los otros se relacionan conmigo de la misma manera: lo hacen y lo harían por mí, por el ser humano que soy, no por ser la hija de un Héroe de Cuba o de uno de los Cinco.
No obstante, quiéralo o no, usted es la hija de uno de ellos. ¿Bajo esa condición, se siente obligada a actuar «así» o «asá»?
No podría describirles cómo actúo en la vida cotidiana; no me detengo a pensar si soy o no pertinente, si mi proceder guarda o no relación con el hecho de que soy hija de uno de ellos. Me comporto como siento que debo comportarme, según el modo que crea más adecuado para mí, satisfaga mis necesidades, y me haga sentir bien. Hay solo una zona de mi vida en la que actúo conforme a la circunstancia que viven mi papá y sus compañeros, la referida al nexo con la prensa: al dar entrevistas como la que hoy les dispenso a ustedes, aporto mi grano de arena en la liberación y regreso de los Cinco; mantenerme inactiva, pasiva, ante los medios de comunicación, sería una postura censurable.
Hay una frase hecha: «Estar a la altura.» ¿Comprende que deban convocarla a «estar a la altura de su padre»?
Mi papá nunca me ha exigido eso; él no se considera una persona de altura; él siempre me dice, «si en alguna ocasión me creyera mejor que cualquiera de los que alzan una banderita por mi libertad, entonces no valdría ni el palito de la banderita»... Pero no es menos cierto que mi yo de hoy día, está influenciado por mi padre, que igual es para mí una persona especial; y por mi madre, que también lo es; y por mis abuelas y abuelos; y por mi familia y amigos; y por mi sociedad y mi cultura... En fin, creo que no he salido tan mal, creo que alcancé una altura digna... (Se ríe con ganas.)
Exigirle que esté a la altura de su papá, ¿sería entonces una impertinencia?
Nadie podría exigirme algo así: mi papá es feliz conmigo tal como soy.
¿Qué significa, pues, para usted, el hecho de que su padre sea Héroe de la República?
Es otra prueba de la nobleza del pueblo cubano, una nueva evidencia de que nuestro pueblo entero es un gran héroe. Con todo, mi condición de hija de un Héroe de la República no es la primera, decisiva, circunstancia de mi vida.
¿Cuánto pesa ser la hija de semejante héroe?
Pues... (Por primera vez titubea.) Pesa por el mismo hecho de no tener a mi papá conmigo; a veces al llegar a la casa puedo lamentar no ver a mi mamá sonriente, o sentir pena porque está preparándose para una salida relacionada únicamente con la lucha por la liberación de los Cinco... Pesa en el momento en que hablo con mi papá y percibo su nostalgia... Es una coyuntura que se torna densa, pero en torno a ella gira la ingente actividad que desplegamos para que ellos regresen, y para que su ausencia parezca menos pesada de lo que es en verdad.
ALAS PARA EL FEELING
¿Se cansa usted de llevar ese peso?
Hay días en que está permitido llorar, y una puede entrar al cuarto, encerrarse, y darse ese lujo. Pero no sería bueno, ni justo, si a cada minuto nos dejásemos amedrentar y viviésemos lamentándonos. Al final mi papá vive, está luchando, ¿cuántos jóvenes no perdieron sus padres a causa de un sabotaje? Me duele que mi papá no esté junto a mí, pero albergo la esperanza de que regrese y esa convicción me mantiene en la lucha. Cuando asisto al Comité de Familiares de las Víctimas de Barbados y veo cómo sus hijos huérfanos batallan por el regreso de los Cinco, me digo, «¡qué enseñanza!», y entonces recuerdo que mi papá cayó preso por impedir que proliferara el terrorismo.
Su papá quería que en 1984 usted naciera el domingo 17 de junio, Día de los Padres. La cuenta falló por un día. No obstante, en este 2006 ambas fechas coinciden...
Es solo una coincidencia (vuelve a sonreír); la fecha del cumpleaños es cualquier día y no le presto gran atención a eso; comprendo que para mi papá la eventualidad sería un motivo de gozo, pero lo que de verdad lo hace feliz, es saber que el Día de los Padres mi hermana y yo lo recordaremos, porque lo queremos y estamos orgullosas de tener un padre como él.
¿Cómo se plantea usted, estudiante universitaria, la batalla por la liberación de los Cinco?
Los jóvenes somos más sentimentales de lo que cualquiera podría imaginar, y cuando digo sentimentales no me refiero a expresar sensibilidad de un modo ridículo, ni a quien tiende a obrar por impulsos afectivos, sino a quien expresa o provoca sentimientos tiernos, al valor sentimental: los jóvenes estamos abiertos a la recepción de los mensajes afectivos; en mi propia Facultad, aunque parezca que andamos así, rápidos, ligeros, volando, no es más que apariencia, en verdad somos gente con peso y profundidad, capaces de observar, captar, identificar, mover y compulsar. La batalla por la liberación de los Cinco entre las brigadas de la FEU debe de darse desde los propios estudiantes, implicándolos, sí, pero teniendo en cuenta sus particularidades, su modo de ser, y para esto se necesita de buena voluntad.
¿Qué es para usted la buena voluntad?
Hacer lo que se debe hacer, pero con mente positiva, con optimismo, y sobre todo, con la fe y la convicción de que el otro «también puede»: ahí está el secreto, la explicación, de que «un mundo mejor es posible».
De entre las condenas que recibieron los Cinco, la de él es la más corta: 15 años. Aún cuando Estados Unidos los mantuviese secuestrados, su papá sería el primero en cumplir la sanción y regresar a la patria: ya casi lleva 8 años de cárcel...
No me gusta hablar así; un regreso en esas condiciones no me haría sentir bien; sé que a su vez mi papá no sería feliz si él pudiese regresar y sus hermanos permanecieran prisioneros del imperio. Tengo buena, ¡muy buena voluntad y mucha fe!, en que los Cinco saldrán y llegarán juntos a Cuba: ¡el mismo día!, ¡a la misma hora!
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