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MAX LESNIK
LAS ESTRELLAS INCLINAN, PERO NO OBLIGAN
Por Hilario Rosete Silva
Max Lesnik, el director de Radio Miami, es un hombre claro y manifiesto, que nació en San Antonio de las Vueltas (1930), en el hoy municipio villaclareño de Camajuaní.
En conversación con Alma Mater (El privilegio de decir lo que se piensa, abril 2005, no. 423) evocó su paso por la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana (UH), época en que presidió la Juventud Ortodoxa y la representó ante la FEU de Cuba.
Abandonó la Isla por razones políticas en 1961, la visitó por primera vez en 1978, y no volvió hasta los noventa. Con todo, aseveró que nunca se convirtió en traidor.
Al cumplir los 30 años pensaba que la Revolución no debía alinearse ni con Washington ni con Moscú, y ahora, con 76, es un paladín de la lucha contra el bloqueo y el terrorismo, un defensor de los Cinco cubanos presos en cárceles norteamericanas.
En Estados Unidos nunca militó en ninguna organización: la totalidad de los grupos opuestos al curso que tomaban los hechos en Cuba, ya desde aquí estaban controlados por la CIA.
En tal escenario era imposible crear una entidad independiente. El periodismo fue su puerta de escape. Fundó un pequeño diario, Réplica, en respuesta a los batistianos que usurpando la obra de Martí imprimieron una publicación llamada Patria; más tarde editó una revista, que también se llamó Réplica; y luego hizo un programa radial.
Ahora dirige Radio Miami (www.radiomiami.com), espacio alternativo en aquella ciudad, y viene a Cuba con frecuencia: su estatus de periodista le concede esa prerrogativa, amén de las leyes anticubanas aprobadas en aquel país.
Cuando da una opinión y enfrenta a los adversarios de la nación cubana, se siente apoyado por cientos de personas, unas en público, y otras en privado.
Cree que defender a Cuba en el exterior, a través de la radio, es un privilegio, porque, según dijo, «¡muchos habrá que quisieran hacerlo y no pueden!». Estas palabras nos dieron qué pensar, y por ahí mismo reanudamos el diálogo.
RETORNOS IMPORTANTES
Tampoco pueden viajar a Cuba todos los cubanos de Miami que quisieran hacerlo.
Esa es una prerrogativa que me concede mi status de periodista. Pero igual habría que ver si todo el que quisiera venir a la Isla como reportero estaría dispuesto a ejercer el periodismo que piden los tiempos. Según las leyes americanas, cualquier periodista cubano-americano entendido en Cultura, podría viajar a la Isla para reportar, por ejemplo, el Festival de Cine, más pienso que hablar solo de filmes y premios, no tendría gran mérito. Dicho redactor, puesto en contacto con la realidad de su país natal, debería explicarles a sus lectores, de regreso en Estados Unidos, por qué otros cubanos residentes en aquella nación no pueden venir al Festival, debería revelar cómo el embargo contra Cuba reprime ese derecho.
Sus relaciones con personalidades cubanas, ¿facilitan sus viajes a Cuba?
El Gobierno de Cuba facilita la entrada de todos los cubanos residentes en el extranjero que no asuman actitudes hostiles frente a su patria. La restricción viene de Estados Unidos, que redujo las visitas a la Isla de los cubanos residentes allí a un viaje cada tres años, antes era un viaje anual, y limitó su estadía a 14 días. Nadie, desde Cuba, podría ayudarme en esto. Si no fuese por mi condición de periodista tampoco yo podría viajar, aún cuando fuese amigo de Alfredo Guevara o del propio Fidel Castro.
¿Usted es amigo de Fidel?
Desde siempre: con independencia de que me fui de Cuba, siempre sentí respeto por el hombre que lideró un proceso generacional de tamaña envergadura.
¿En algún momento usted le dio refugio a Fidel Castro?
Sí, en una ocasión, hacia 1948, en la casa donde yo vivía, cerca del hotel Packard. Eso fue cuando (Rolando) Masferrer intentó matarlo, poco antes del viaje de Fidel y de Alfredo a Bogotá (donde participaron de El bogotazo).
¿Cree que ese episodio es harto conocido?
El propio Alfredo ha contado sobre esa grave pugna con Masferrer. Este venía del viejo Partido (Comunista) y luego del golpe de Estado del 52 se pasó a Batista y se convirtió en una fiera (Los tigres de Masferrer). Pero todo eso ya ha sido dicho. ¿Saben lo que para mí sí es una novedad? Los retornos importantes.
¿Los retornos importantes?
Sí, los de las personas que tuvieron una actitud digna durante el período republicano burgués, que por discrepancias políticas coyunturales se fueron del país, y que, en vida de Fidel, han decidido visitar la Isla.
¿Por qué hace la salvedad sobre Fidel?
Hay quienes se resisten a visitar Cuba mientras Fidel lidere el proceso, sufren ese prurito. Otros han tenido la humildad de viajar al margen de esa circunstancia, sin pretensiones, con discreción, sin tener ni buscar contactos oficiales. Han vuelto a recorrer las calles de La Habana, a contemplar el país donde nacieron, a visitar amistades, e inclusive, a iniciar nuevos tratamientos médicos.
VASOS COMUNICANTES
Ese es el viaje sentimental que añoraría hacer cualquier emigrado cubano.
Mas quien quisiera realizarlo tendría que armarse de valor, despojarse de las ambiciones políticas, de las diferencias, y romper el «pacto infame de hablar a media voz». Tal era la divisa de cierto noticiero de mi época, frase que acuñó el poeta, pensador, ideólogo, periodista y reformador radical peruano Manuel González Prada (1844-1918), la figura más discutida e influyente en las letras y la política de su país en el último tercio del siglo XIX.
En Miami, ¿subsiste algún acuerdo de este tipo?
Prevalece el acuerdo tácito de hablar en tono bajo. Las personas dicen, «bien que mal, Cuba avanza», «yo fui el equivocado, pero no voy allá por el qué dirán, o por lo que me pueda pasar». Algunos ingenuos sienten temor: «¿Y si voy preso?» Con todo, ha venido gente que en otro tiempo fue enemiga jurada del proceso, y que, al deponer las armas, vino acá y no le pasó ni le dijeron nada. Es importante el retorno de todo cubano digno que venga con humildad a reencontrarse ya no con la Revolución, sino con el pueblo y con Cuba, la patria de todos los cubanos, tierra que todos debíamos defender de lo que está ocurriendo.
¿Qué está ocurriendo?
Estados Unidos, la nación más poderosa de la Tierra, tiene la ruindad de querer aplastar a una pequeña Isla, y todo porque esta se le para bonito. Ese es el tema: no hay que estar al lado de Fidel porque él sea el jefe de la Revolución; hay que estar junto a la Revolución cubana que dirige Fidel porque entraña la defensa de la dignidad de Cuba.
¿Todos deberían comprender que «el tema» es ese?
No hay peor ciego que el que no quiere ver, que el mezquino que intenta retener las posiciones que ocupó en su día. Por eso hablé, en contraposición a esta actitud soberbia, de los retornos importantes, de la gente que viene de visita con modestia, sin ínfulas.
¿Cuál es la batalla más importante que usted libra en este momento?
Una de las más importantes es contra el embargo. Y fíjese que digo embargo. La opinión pública americana no entendería el uso del término bloqueo, el común de la gente, sobre todo de habla inglesa, al oír este vocablo pensaría en un asedio militar, en barcos que rodean la Isla e impiden el paso de mercancías. Así el subterfugio legalista apeló al eufemismo del embargo. Es una ley de embargo, no de bloqueo, y aunque para nosotros embargo y bloqueo son, para el caso, voces indistintas, preferimos usar la palabra empleada en la ley, y decimos que luchamos contra el embargo.
La lucha contra el embargo / bloqueo, ¿tiene vasos comunicantes?
Se empata con la denuncia de la posible agresión a Cuba. El embargo, como primera medida, podría derivar hacia un ataque.
LOS HIJOS DE PAPÁ
Muchos creen que eso de la «posible agresión» es un cuento.
Precisamente porque Cuba denuncia la invasión y toma medidas preventivas, es que esta no se produce. Todo lo que Cuba hace, movilizaciones y maniobras militares, construcción de túneles, fortalecimiento de las Milicias de Tropas Territoriales, les indica a sus enemigos el costo que tendrían que pagar por invadirla, y con eso frena las ansias imperiales. Si por el contrario la Isla aceptara el criterio simplista, «total, si los americanos no nos van a invadir», otro gallo cantaría. La construcción de los túneles a lo largo de la Isla hizo que el Pentágono sacara sus cuentas: una agresión a Cuba implicaría, solo por los túneles, signo de defensa y resistencia popular, unas 50 mil bajas yanquis: ellos no podrían pagar ese precio.
Entonces la frase, «los americanos no nos van a invadir», es hoy más cierta.
Pero encierra otras verdades: el deber de Cuba de denunciar y prepararse para repeler la agresión, y la inconveniencia, para los americanos, de agredir a la Isla.
La inconveniencia de ocupar Iraq, ¿también se hizo evidente?
Muy evidente, y ahora (los americanos) pagan por ella un alto costo. El pretexto esgrimido para iniciar la ocupación fue falso. Por cierto, ya antes de la invasión a Iraq quisieron rodar la bola de que Cuba fabricaba armas biológicas...
Bueno, «las estrellas inclinan, pero no obligan».
Cuba ni estaba ni está dispuesta a aceptar los embustes de la Administración. Como mismo las estrellas no obligan, «el sabio dominará a sus astros», así que a la actitud viril de Cuba se unió la visita del ex presidente norteamericano James Carter a la Isla (mayo de 2002): las declaraciones de Carter al interior de la Unión frenaron el rumor.
Hablando de Iraq, ¿qué lecciones deberían sacar los invasores?
Que se equivocaron al romper las hostilidades sobre la base del falso pretexto —la posesión, por parte de Iraq, de armas de exterminio masivo— y que fue una estupidez creer que porque ocuparon el territorio habían ganado la guerra. En mayo de 2003, el presidente Bush dijo que las principales operaciones de combate en Iraq habían concluido y que Estados Unidos y sus aliados reconstruirían el país. Bush hizo su declaración a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, frente a las costas de California, adonde arribó en un avión de combate en medio de la algarabía de los oficiales y de la tripulación que lo recibió con carteles y vítores de «misión cumplida». Pero el conflicto en Iraq está lejos de acabarse: «el trabajo no ha sido hecho» y el presidente le pide al pueblo paciencia...
¿Percibe, dentro de Estados Unidos, una oposición a la permanencia en Iraq?
Hay una actitud de rebeldía en ciertas zonas de la sociedad. Si de repente hubiese «draft», aumentaría el descontento y la ocupación terminaría más pronto. Un deber de los hombres entre 18 y 26 años de edad es registrarse en el Selective Service System (SSS), Sistema de Servicio Selectivo. Este garantizaría que cuando se ejecutara un reclutamiento (una quinta, un «draft»), las decisiones acerca de qué personas cumplirían el servicio militar serían por sorteo, y ni los hijos de papá se verían libres de la obligación. Mientras, la estructura de poder garantiza el uso de negros, hispanos y blancos pobres cual carne de cañón.
EN ÚLTIMA INSTANCIA
Estos van a la guerra porque están en el ejército, pero, ¿quién los obliga a ir al ejército?
La publicidad: «Inscríbete en el Army, para que estudies computación.» «Inscríbete en la Navy, para que conozcas el mundo.» A los aspirantes a recluta nunca se les habla de guerra, pudiera decirse que el soldado americano está medianamente entrenado para un conflicto bélico. En un país como aquel, donde pesan las diferencias económicas, o tienes suficiente dinero para costear los estudios, o eres tan inteligente como para obtener una beca, o ingresas en la marina o el ejército.
Hablando de Iraq, ¿se alista esa carne de cañón con convicciones patrióticas?
Aunque no estoy a favor de ninguna contienda, considero que hay conflictos justos y conflictos injustos, y en ese sentido la Guerra de Iraq y, por ejemplo, la Segunda Guerra Mundial, están en extremos opuestos. En la madrugada del 7 de diciembre de 1941, para asombro del mundo, aviones japoneses, sin previo aviso, bombardearon las posiciones navales norteamericanas en el océano Pacífico. El horror y la muerte se ciñeron sobre la base naval de Pearl Harbor, en la isla polinesia de Hawai, así que los soldados americanos fueron a pelear imbuidos de un sentido patriótico, habían sido agredidos con saña. Hasta para nosotros, que entonces éramos niños, el nazifascismo y sus aliados japoneses no tenían perdón. En la actual Guerra de Iraq, sin embargo, con la excusa que ya sabemos, los militares estadounidenses ¡son los agresores!,y esto póngalo en negritas y entre signos de admiración.
¿Hallaría diferencias entre el americanismo de entonces y el de nuestros días?
En los tiempos de la Segunda Guerra Mundial no había debate ni dudas acerca de la necesaria intervención norteamericana en el conflicto. Todos estábamos a favor de eso, repito, hasta los menores de edad. Por esa época fue fechada la carta que el niño Fidel Castro le envió al presidente de Estados Unidos (noviembre de 1940). El niño Fidel le propuso a Franklin D. Roosevelt mostrarle las minas de hierro más grandes de la Tierra, ubicadas, según el infante, en Mayarí (antigua provincia de Oriente). Del mensajede Fidel se desprende que con ese mineral Roosevelt hubiese podido mandar a fabricar los barcos norteamericanos que combatirían en la Guerra...
¿Y en la actualidad?
La presente Guerra de Iraq es una guerra de agresión. En última instancia fue Al Qaeda, fundación terrorista que apoya actividades de extremistas islámicos alrededor del mundo, quien atacó el 11 de septiembre de 2001 las torres del World Trade Center de Nueva York y el edificio del Pentágono en Washington. Hussein no tenía nada que ver con Bin Laden, millonario de origen saudí, fundador, líder y mayor contribuidor de Al Qaeda. Sadam Hussein podrá haber sido un dictador o como quiera llamársele, más entonces habría sido un dictador secular, no un extremista musulmán. Para decirlo con otras palabras, el hombre de los americanos en ese mundo era Sadam Hussein.
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