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Con miras a provocarlo, el último 4 de septiembre le enviamos –por correo electrónico– a Néstor del Prado Arza (Santiago de Cuba, 1948), vicepresidente de Correos de Cuba, un grupo de efemérides ocurridas entre mayo de 1970 y enero de 1973.
La táctica, novedosa monición de entrada, surtió efecto. «Podemos encontrarnos el día 16, a las 10:00 horas, en mi oficina», contestó el licenciado en Matemáticas y Computación [Universidad de La Habana (UH), 1972], y añadió: «Les adjunto el mismo documento que ustedes me enviaron, donde teñí con color de fuente azul las fechas más provocativas.»
Diplomado en Gestión Empresarial (UH, 2000), Néstor aludía a los hechos que, incluidos en la lista que le remitiéramos, recordaba él con mayor nitidez, puesto que guardaban relación con dos períodos, ora independientes, ora superpuestos, de su vida: la época en que fuera presidente de la FEU de la UH (marzo, 1971 / septiembre, 1972), y el período en que presidiera la, por primera vez constituida, FEU de Cuba (mayo, 1971 / enero, 1973).
Mucho llovió de entonces acá, y muchos cursos y ejercicios de postgrado realizó Néstor sobre Lenguajes de Programación, Administración Escolar y Financiera, Didáctica, Gestión Tecnológica, Métodos de Capacitación, Marketing, Dirección Integrada de Proyectos, y Tecnología de la Información aplicada al Sistema Empresarial. Pero, basta con darle una voz, «feuhachefeu», raro y sui géneris anagrama de FEU y UH, dialectalismo de los redactores, para que, así como la puerta inexpugnable de Alí Babá y los cuarenta ladrones cedía ante el sonido del abracadabra, de igual modo abra Néstor sus esclusas y, con su memoria de elefante y su saber enciclopédico, arrastre las dudas e imprecisiones de quien pueda hallarse entre Pinto y Valdemoro.
De cara al VII Congreso, escogimos a Néstor para echar luz sobre un espacio, un tiempo en el que las Federaciones Estudiantiles Universitarias de los centros de Enseñanza Superior, rescataron su vida orgánica y crearon, alzando la parada, el Consejo Nacional. La presente entrega, dividida en dos, honra los aniversarios de Alma Mater y la FEU a los que arribarán dichas instituciones en noviembre y diciembre de 2006, respectivamente.
«¡UNA IDEA LARGAMENTE SOÑADA!»
Por Hilario Rosete Silva
Fotos: Abel Ernesto
y cortesía del entrevistado
CONTRA TODO INTENTO DE CARICATURA
¿Dónde le hicieron esta foto? —nos abrimos a la comunicación.
Frente al edificio de la ex embajada de Estados Unidos. —se abrió Néstor a su vez—, y fue publicada en mayo de 1970. Allí se dieron varios mítines. Cuba exigía la vuelta de los once pescadores que habían sido atacados por lanchas procedentes de Miami y secuestrados en un islote de las Bahamas. En la cosecha azucarera de ese año el país aspiraba alcanzar los diez millones de toneladas.
Entre febrero y abril yo había cumplido mi etapa de permanencia en la zafra y, siendo uno de los miembros del Buró de la Unión de Jóvenes Comunistas-Federación de Estudiantes Universitarios de la Universidad de la Habana que estaba de vuelta en la capital, me tocó encabezar la batalla de los universitarios por el retorno de los pescadores. La UJC-FEU de la UH había mermado; quedábamos Julio César Castro Palomino, su primer y único presidente (fallecido en un accidente automovilístico en octubre de 1982), Ana Mildred, Luis Fernández, y yo; los otros compañeros se graduaron y no hubo renovación. Fue una etapa de auge de las columnas y destacamentos juveniles (Seguidores de Camilo y Che, Juvenil del Mar, del Centenario), pero de raquitismo del movimiento estudiantil universitario; no debemos obviar ese período.
¿Entonces esto fue en mayo de 1970?
El 17 de mayo, en una tribuna montada frente a la entonces Embajada Suiza, hoy Sección de Intereses de Norteamérica (SINA), tuvo lugar uno de aquellos actos; hablaron más de 20 personalidades, y yo, que tendría 22 años, lo hice en nombre del estudiantado. Dos días después regresaron los pescadores, y en horas de la noche, en otro gran acto de masas, pero con la tribuna de espaldas al edificio de la Embajada, Fidel pronunció su discurso.
¡Fue una noche memorable! En varias ocasiones Fidel nombró a Camboya, agredida e invadida por las tropas imperialistas norteamericanas, y ya en la mitad del discurso, un constructor salió de la masa y le dijo: «¡Fidel, la victoria de los camboyanos va como los 10 millones!» Yo estaba cerca del podio desde donde hablaba el Comandante y, advertí cierto mohín en su rostro ante la confiada voz del constructor. Más adelante, Fidel pareció retomar las palabras del obrero, y comenzó a tratar las dificultades de la zafra. Minutos después, expuso con claridad las circunstancias: el país no podría hacer los 10 millones...
¡La noticia fue impactante para todos!
Fidel terminó pidiéndole al pueblo que levantara la frente en aquel instante amargo. Unos lloraron, y a otros se nos hizo un nudo en la garganta. A Castro Palomino, el presidente de la UJC-FEU, que estaba en la zafra, en Camagüey, lo habían mandado a buscar, por eso estuvo en el acto. Aquella noche no dormimos: nos fuimos para la Plaza Cadenas (Ignacio Agramonte), y sentados en un banco próximo a la tanqueta del Directorio Revolucionario, conversamos y reflexionamos hasta la salida del sol. ¡Cuánto aprendí esa madrugada con las valoraciones de Castro Palomino sobre la persona de Fidel! La lección que deduje de aquel hecho fue que el líder cubano no estaba diseñado para ocultarle la verdad al pueblo.
Paradójicamente, gracias a aquel revés se inició un proceso de democratización.
La revitalización de la FEU, y su separación orgánica de la UJC, fue la máxima expresión de ese proceso en el seno del movimiento estudiantil; pero subrayó que la voz cantante la tuvo la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), dirigida por Lázaro Peña, y que el proceso llegó al clímax con la clausura del XIII Congreso de la CTC. Lázaro Peña, hasta su último aliento, luchó contra todo ensayo de caricaturizar la CTC.
CLAUDICANTE EN POTENCIA
La UJC-FEU, aún sin intención, caricaturizaría el movimiento estudiantil universitario.
No obstante, yo señalaría que sigue siendo cómodo hablar de la historia anterior cuando sus protagonistas ya no están, y que resulta difícil hacerlo cuando las personas que tuvieron la parte principal en los hechos aún viven. En ocasiones es bueno postergar ciertos criterios: pueden ser fuente de desunión, y hoy (2006) debemos estar unidos, desde los más veteranos hasta los más jóvenes. Yo, además, fui, en su momento, dirigente de la Unión de Estudiantes Secundarios, la UES, pero también la UES «se borró», y su actual legataria, la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, la FEEM, solo vino a surgir en una reunión de Educación organizada a fines de 1970 por la UJC. ¿Qué organización funcionó en el ínterin? La Brigada Estudiantil José Antonio Echeverría (BEJAE)... En resumen, durante el proceso de democratización nació la FEEM (diciembre de 1970), resurgió la FEU (marzo de 1971), y se revitalizó o consolidó la CTC (noviembre de 1973).
¿Y esta otra foto, dónde se la hicieron?
En la Ciudad Deportiva. Fue publicada en la prensa en febrero de 1971, en vísperas de la tal resurrección de la Federación, para ilustrar una nota periodística —«Seleccionan estudiantes sus candidatos a la FEU»—, que hablaba de los dos pretendientes a su gobierno en la UH. Yo fui el candidato de la Facultad de Ciencias y los alumnos me llevaron en hombros desde la Colina, en medio de una conga guiada por Pello El Afrocán. Las elecciones fueron por voto directo y secreto. Fui electo y asumí el cargo el 12 de marzo en el Aula Magna. El otro candidato, Raúl Sarmientos, me llevaba más de 20 años, por eso los diseñadores de periódico Juventud Rebelde me dibujaron este biberón en la mano.
Usted tomó posesión de la FEU de la UH en marzo del 71, seis meses después que Allende y la Unidad Popular ganaran las elecciones para la presidencia de Chile.
Y el 26 de marzo del propio año 71 ya estábamos recibiendo en la UH a la Brigada José Martí que regresaba del país andino luego de construir un parque bautizado con el nombre del Apóstol. El acto estaba anunciado para las cinco de la tarde; la tribuna se montó delante de la Escuela de Matemáticas, «mi Escuela». José Miyar Barruecos, Chomy, que entonces era el rector, me dijo que Fidel iba a tardar, y que debíamos de mantener la efervescencia revolucionaria. Luego, hacia las siete de la noche, me comunicó que Fidel no podría llegar para hacer uso de la palabra, y me dio la tarea, ¡qué tarea!, de hablar en su lugar.
Por fin llegó Fidel, con Ramiro Valdés, cuando la masa estudiantil ya iba en retirada. Se corrió la voz y se concentraron más de 500 estudiantes y profesores de los que estaban en el acto. La multitud no me dejaba acercarme. «¿Dónde está el compañero de la FEU?», preguntó. Me abrí paso. «¿Tú piensas que te ha tocado una etapa fácil en la dirección de la FEU?» Y yo: «No, Comandante, yo sé que es difícil.»
Más que un discurso, Fidel sostendría con los presentes un intercambio de ideas.
Y el tema central sería el de la necesidad de reafirmar a la Universidad como cantera de revolucionarios. Acababa de ser arrestado el hipercrítico poeta Heberto Padilla, que días después enviaría su «Carta autocrítica al Gobierno Revolucionario». «No se trata de que no entren contrarrevolucionarios a la Universidad», sentenció el Comandante, «sino de que entren revolucionarios: el neutro es un claudicante en potencia.»
EL ESTILO ES EL HOMBRE
¿A qué hora se despidió Fidel?
A la una de la madrugada del siguiente día (27 de marzo de 1971). Y cuando fue a montar en su Alfa Romeo, llamó a Castro Palomino, que una vez suprimida la UJC-FEU se había quedado como primer secretario del comité de la UJC en la UH: «¡Vienes conmigo!», le dijo, y agregó: «¡Y el de la FEU, que venga también!» Íbamos Palomino y yo junto a Fidel y Ramiro Valdés. Al llegar al parqueo del Palacio de la Revolución, el Comandante le pidió a la escolta que nos llevaran a un salón donde pudiésemos esperarlos. Pronto se apareció: «¿Ustedes ya comieron?», nos preguntó...
De sobremesa, Fidel nos habló de la importancia de la transformación de la Universidad y la atención que debíamos prestarle a la lucha ideológica. Ramiro comentó que lidiábamos con adversarios de la Revolución, pero también con adversarios del socialismo. Si bien en aquellos años emergía otra Universidad, más cercana a la que conocemos hoy, distinta de la que acogió, por ejemplo, a Ricardo Alarcón o a José Rebellón, dirigentes de la FEU de la UH entre 1959 y 1965, si bien la sociedad comenzaba a formarse un juicio moral vinculado con la sentencia de Fidel —«No se trata de que no entren contrarrevolucionarios...»—, tampoco debíamos creer que manifestaciones ideológicas que podían afectar el curso del proyecto revolucionario dejarían de estar presentes en ninguna etapa.
Avancemos hacia los días en que usted presidirá no sólo la FEU de la UH, sino también el Consejo Nacional de la FEU. Esta revista Alma Mater, ¿acaso es de ese tiempo?
Es de una época inmediatamente anterior. Se trata de un número especial dedicado al Primer Pleno de la FEU de la UH, celebrado el 16 de abril de 1971. El número sería publicado en mayo. Están en la presidencia Sarah Pascual, compañera de luchas de Mella y fundadora de la Universidad Popular José Martí; Miguel Marcheco, presidente de la FEU de la Universidad de Oriente (UO), que un mes después sería electo vicepresidente nacional de la FEU; y Raimundo Espinosa, miembro del Buró Nacional de la UJC que atendía la Educación. Así aparecen Chomy; Oscar García, vicerrector docente y médico de profesión; Armando Méndez Vila, secretario organizador del Partido en la UH; Castro Palomino y yo. El número reportó el acto-homenaje a los mártires de Humboldt-7, reseñó las comisiones del Pleno, y, con el título de «La dirigencia ligada a las masas», reprodujo fragmentos del discurso de clausura pronunciado por Méndez Vila.
¿Este es el mismo Armando Méndez Vila que luego sería viceministro de Cultura?
Él y Castro Palomino marcaron mi paso por la dirección de la FEU, una etapa donde la Federación se separó de la UJC y volvió a parecerse no solo a sí misma, sino también a su época: «Que la división UJC-FEU sea una realidad estructural y de trabajo», diría MéndezVila en su discurso. «No vamos a crear dos estructuras para duplicar los cuadros de la Juventud, porque si de cuadros o de frentes se trata, con duplicar los cuadros de la Juventud se desarrollaría el trabajo de la base. Se trata de que haya una organización (la FEU) con un estilo, lo que interesa es desarrollar dirigentes de masas (estudiantiles, universitarios) que aún no están desarrollados. Debido a la naturaleza de los mecanismos de información, a causa de los métodos empleados, y por las propias actividades de los dirigentes —la mayoría de organización interna y las menos de índole masiva—, en los últimos tiempos, en nuestros centros de educación poco interesaba al estudiante simple los cambios de sus dirigentes...»
EL BICHITO DE LA UNIVERSALIZACIÓN
De modo que usted, que ya era presidente de la FEU de la UH, tomó posesión de la, por primera vez constituida, FEU Nacional o FEU de Cuba.
Sí, pero eso fue un mes después del Pleno, cuando en los días 21 y 22 de mayo de 1971, en el Aula Magna de la UH, se reunió el Primer Consejo de la FEU. El Consejo se compuso de los secretariados de la FEU de los centros de Educación Superior existentes en ese minuto: UH, UO, Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV), y Centro Universitario de Camagüey (CUC). También fueron invitados algunos miembros de los buroes de la UJC y los secretarios generales y de organización del Partido en dichos centros (los secretarios generales eran, por regla general, los propios rectores), y otros miembros del Buró Nacional de la UJC, encabezados por Jaime Crombet, su primer secretario. Aquí está el germen de lo que será el Consejo Ampliado de la FEU. Recuerdo que llegué tarde al Consejo, me quedé dormido: en la beca de 12 y Malecón, no pusieron el agua a las seis de la mañana, y la lata que yo dejaba debajo de la pila abierta para que cantara al son del primer chorro, no sonó.
A pesar de la tardanza, usted resultó electo presidente del Consejo Nacional de la FEU.
Por primera vez se instituyó la FEU de Cuba y se fijaron sus estatutos. Fui electo presidente del Consejo Nacional, pero seguí siendo, al mismo tiempo, presidente de la FEU de la UH; igual que Marcheco, que fue elegido vicepresidente de la FEU Nacional y siguió presidiendo la Federación en la UO. También integraron el Consejo, Omar Jiménez, que era el presidente en la UCLV; Carlos Díaz Barranco, su presidente en el CUC, hoy rector de la Universidad de Camagüey; los vicepresidentes de la FEU en los cuatro respectivos centros universitarios; y los secretarios de Relaciones Exteriores Ismael Ramaya y Aramís Fuentes.
¡De esta época datan las reuniones de los consejos nacionales de la FEU!
Recuerdo la fecha de varios de ellos. El segundo Consejo Nacional se reunió los días 24 y 25 de junio de 1972 en la UCLV y trató un tema de suma importancia: la Universalización. El tercero se celebró en enero de 1973, en la UO, en Santiago de Cuba, y eligió a Ismael González, (Manelo) como nuevo presidente de la FEU Nacional. La fecha del cuarto consejo tendríamos que precisarla. El quinto fue en Matanzas, entre el 13 y el 15 de diciembre de 1974; y el sexto, que se reunió en Pinar del Río, el 16 de noviembre de 1975, eligió a Carlos Lage como presidente de la Federación: al mandato de Lage le tocó guiar a la FEU hasta su primer Congreso, en enero de 1979.
¿Usted dijo que el segundo Consejo Nacional de la FEU, en el lejano junio de 1972, trató como aspecto de suma importancia la Universalización?
A la Universalización de la Universidad se refería Fidel cuando, después de recibir en la UH a la Brigada José Martí, nos invitó a Palomino y a mí al Palacio de la Revolución, aquel 27 de marzo, y nos habló de la transformación de la Universidad. Ocuparse de la Universalización de la Universidad, sinónimo de lo que hoy se conoce por Programa de la Universalización de la Enseñanza Superior, fue la misión número uno que le asignó Fidel a la FEU de mi época. En honor a la verdad debo decir, que su discurso programático sobre la Universalización de la Universidad data del 13 de marzo de 1969. Punto culminante de los actos organizados para honrar a los mártires del 13 de marzo de 1957, fue pronunciado por Fidel en la concentración efectuada en la escalinata: «No se concibe cómo puede llegar a hacerse realidad la sociedad comunista sin la universalización de los conocimientos», diría el Comandante. «Una vez que hayamos logrado hacer realidad la enseñanza universal hasta el preuniversitario, el paso a la Universalización de la Enseñanza Universitaria fluirá de una manera normal... En cierto sentido ya está ocurriendo así...» La Universalización es una idea ¡largamente soñada
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