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Actualizada: agosto/2005

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Por Fidel Díaz (Desde Caracas)

Las madrugadas de este 16 Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes tienen el especial encanto de la peña del Hotel Anauco, donde músicos latinoamericanos despliegan su energía sonora hasta el amanecer, en un abrazo solidario que incluye la más aguda y poética mirada al acontecimiento que estamos viviendo: la avalancha de revolución universal.

La guitarra ha sido el centro de gravedad en el que han convergido los pueblos del continente. No he podido apresar todos los nombres, pero gracias al canto de trovadores venezolanos, uruguayos, argentinos y muy especialmente Lizardo Carvajal, de Colombia y Jimena Herrera, de Chile, hemos podido disfrutar de un abanico de canciones de los más notables creadores de nuestra América como Alí Primera, Víctor Jara, Fito Páez, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, así como piezas de los propios intérpretes que nos permiten agudizar nuestra mirada a los seres y los pueblos, los dolores y sueños que giran en torno a nuestro tiempo.

Especial encanto ha tenido un momento de creación musical, que se ha reiterado en varias oportunidades en horas cercanas al amanecer; sólo se me ocurre definirlo como una especie de jazz sesion entre trovadores, raperos y roqueros cubanos.

Los músicos de las agrupaciones Hoyo Colorao, Doble Filo, Papo Record y el grupo Tendencia, han logrado un empaste perfecto con trovadores como Fernando Bécquer, Diego Gutiérrez, Ariel Barreiro, o Pavel Poveda, por solo mencionar algunos.

Imprevisible saber cómo y en qué momento exacto emerge este tipo de experiencia. Puede partir de que Chambe —trompetista de Hoyo Colorao— se anime a improvisar sobre un tema de algún trovador. De ahí en adelante suelen suceder cosas como que se integren Alexis Torrado —percusionista del grupo de Liuba María Hevia—con un cajón o que Irak (de Doble Filo), Papo Record, Kiko (líder de Tedencia) o William (cantante de Hoyo Colorao) comiencen a improvisar tras un estribillo. Las barreras que pudieran diferenciar a la trova del rap o el rock desaparecen entonces por arte magia; se suceden las canciones y algún motivo sonoro, una idea específica sobre el momento que se vive aquí, o un verso, van desatando una cadena creativa, en interacción con el público. Lo mismo un clásico de la trova tradicional, que una pieza de algún trovador, o de uno de los raperos, toman por caminos insospechados, de fuerte base sonera, hasta lograr un discurso plenamente repentista en el cuál hasta el público aporta lo suyo con una fraseo sugiriendo un tema, haciendo palmas o coros, que incentivan el acto creativo .

Si bien esto sucede cada noche, inolvidable resultó la sesión de este 13 de agosto. Con la energía de la gala por el cumpleaños de Fidel en el teatro del complejo cultural Teresa Carreño, sobre las 2 de la madrugada comenzó la descarga. El público, especialmente compuesto por venezolanos y cubanos, fue caldeando de solidaridad el ambiente con consignas de felicitación al comandante en jefe, a Chávez, a la unidad latinoamericana. Tras algunas canciones, con el calor de la efervescencia revolucionaria, se fue armando la banda en escena. El delirio llegó cuando Karoll —trovador que se ha adentrado en el rap a conformar Hoyo Colorao—desplegó uno de sus temas que lleva por estribillo “Aquí todo se sabe man, todo se sabe”, al llegar al puente del número, la trompeta de Chambe arrancó una prolongada ovación, fueron entrando a improvisar, Kiko, Papo Record, Irak, y William soneando, con una voz que me trajo a la mente, por su intensidad y el sentimiento que transmitía, a Carlos Embale. La reiteración del estribillo “Aquí todo se sabe” dio pie a al momento más intenso de repentismo, y en el soneado repear, se pasó de los versos sencillos a un discurso descriptivo sobre la experiencia del contacto con los caraqueños, hasta una efervescencia delirante, en un ejercicio de asumir dentro del tema, consignas antiimperialistas, vivas a Fidel y Chávez, a la unidad de la América nuestra, en un constante ir progresivamente por citas a canciones como “El necio” de Silvio, “Hasta siempre, Comandante” de Carlos Puebla, y otras más, regresando siempre al mismo motivo, ahora transformado en “Aquí todo se Chávez, man” , que a su vez deslizó las ideas por consignas como El pueblo unido jamás será vencido, las cuales aran transformadas en otras y esas dirigían el discurso textual hacia otros temas.En ese delirio colectivo nadie podría decir qué tiempo duró aquello, pero debió estar sobre los 50 minutos o una hora, en la que raperos, trovadores, y roqueros, entregaron un canto fusión de elevado nivel poético e interpretativo, en constante evolución creativa. El final, al borde del amanecer, fueron gritos de ¡Patria o muerte!, Vivas a la revoluciones sus líderes y sus pueblos, con una energía cual si estuviéramos en una concentración política en una plaza, tal vez en realidad lo fue. Vivimos, —gracias a la integralidad de esos músicos, y el espíritu de combate por un tiempo mejor que reina en esta Caracas—, un intenso acto de fe en esa revolución universal que ya emprendemos, desde la más absoluta cumbancha.

 

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© Alma Mater 2005

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