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SEIS DRAMATURGOS EJEMPLARES
Por Waldo González López
Tal es el título escogido por el dramaturgo y director artístico Humberto Arenal (La Habana, 1923) para este volumen también ejemplar, ya que aparece (por Ediciones Unión) ahora, cuando el país necesita de textos de algún modo didácticos sobre grandes de las letras y las artes.
Sí, con la reciente creación de diversas escuelas de instructores de arte, se hacen necesarios estos volúmenes que, con amenidad y hondo conocimiento del tema, los informan y preparan para su futuro inmediato, cuando deban laborar en escuelas, casas de cultura y demás instituciones a lo largo del país.
Los dramaturgos escogidos por Arenal son, sin duda, como él bien apunta en su Proemio, «ilustres, consagrados por el talento y la tradición»: Molière, la Avellaneda, Chéjov, Valle-Inclán, O’Neill y Virgilio Piñera.
Se trata, pues, como se advierte con la sola mención de los autores seleccionados por el también narrador, guionista y periodista cultural, de toda una gama variopinta pero necesaria a la hora de entrar con paso firme en la escena universal y cubana de diversas épocas.
Y si bien Arenal lo hace así por ser algunos de sus escritores teatrales preferidos por su valía, de cualquier manera resultan, en conjunto, una indudable oferta para cualquier lector, toda vez que en sus artículos-ensayos está su experta visión personal con estos autores, como el rigor de abordajes amenos y sencillos, lo que los hace aún más asequibles para los estudiantes y profesores, como para los teatristas: autores y actores, asesores de los distintos grupos escénicos y otros colegas que necesitan de estos importantes volúmenes.
Ya en su Proemio, Arenal pone los puntos sobre las íes: de ahí la singularidad de esta suerte de introducción sirva como punto de partida al lector para que, cuando llegue a cada uno de los textos de los seis autores, entre armado del suficiente arsenal.
Allí, con su probada sencillez que le conozco desde los años ’70, el autor aclara enseguida:
…esto no es una antología ni un sesudo estudio exhaustivo de dramaturgia. Es una iniciación con la que pretendo estimular la curiosidad y el interés de los lectores para que sigan profundizando en otros libros lo que aquí apenas he esbozado. […] este libro pretende iniciarlos, motivarlos a que busquen lo más sustancial. Esa será su virtud máxima si he sabido hacerlo a satisfacción de ustedes. Y yo me conformo modestamente con eso porque creo que estos libros, de los que yo me he servido mucho durante mi vida, pueden ser esos nuevos amigos, esos guías que nos conducen a territorios más complejos y provechosos.
Echadas así las cartas sobre la mesa, el lector sabe en qué delicioso terreno entrará, cuánto placer disfrutará en estas páginas tan bien escritas porque lo hace un excelente narrador y periodista, cuya experiencia de tantos años en múltiples órganos de prensa, especializados y populares, le permite tal praxis.
Yo reflexionaba, mientras leía las agradables páginas de Seis dramaturgos ejemplares, cuánta falta hacía este volumen en nuestros centros estudiantiles, y recordaba mi etapa de profesor de Historia del Teatro, en la Escuela Nacional de Arte (años 70), cuando los profesores no disponíamos de textos así, solo uno de la Historia delTeatro Europeo en tres volúmenes, escrita por especialistas soviéticos (hoy diríamos rusos), muy cultos, cuyas traducciones que no eran las mejores.
Si me preguntaran cuáles ensayos escogería por su calidad, el gusto estético sería el que decidiría, ya que todos son valiosos, no solo por su escritura, sino por la documentación del máximo rigor que ha puesto en su empeño Humberto Arenal.
Así, me convencieron de inmediato los dedicados a Moliere, Chéjov, O’Neill y, por supuesto, Virgilio Piñera. Con ello no desdeño a mi amado Valle-Inclán. La Avellaneda es otra cosa: a mí, particularmente, no me gusta su teatro, sí, en cambio, sus cartas y novelas, en las que puso, a mi modo de ver, todo su talento, lo que no evidenció en sus piezas escénicas, marcadas por el tufo decimonónico hispano.
A pesar del encomiable trabajo que realizó en torno a la vida y obra para la escena de Virgilio Piñera nuestro recordado crítico e historiador del teatro cubano, Rine Leal, este ensayo de Humberto Arenal posee notables valores, ya que, a pesar de no haber sido amigo suyo, al autor le tocó en suerte estrenar Aire frío en noviembre de 1962. Por ello, además, lo definió con varios adjetivos precisos, contundentes: «humorístico, coloquial, delirante, grotesco, filosófico, absurdo, provocador, inteligente, polémico, evasivo, agresivo… Sí, y mucho más».
Por tanto, por todo, Seis dramaturgos ejemplares es uno de los más importantes volúmenes publicados en estos años por Ediciones Unión. Ahora solo falta que no falte en las bibliotecas de las escuelas de instructores de arte y en la del ISA.
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